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Villa Grimaldi

Andrés Cruz Carrasco

Abogado. Magister en Filosofía moral. Magister en Ciencias Políticas.

El 26 de Marzo de 2018, la Corte Suprema dejó asentado algo que hace tiempo constituye no sólo una verdad judicial, sino que también histórica, y que consiste en que el centro de detención llamdo “Cuartel Terranova” o “Villa Grimaldi”, era uno de los tantos recintos que operaba la DINA, con el beneplácito de las autoridades de la época o mientras éstas hacían la vista gorda de lo que allí ocurría. Su misión era capturar a militantes o afines a partidos o movimientos de izquierda, a quienes encerraban al margen de la legalidad y los doblegaban mediante tormentos, en los que se permitía que brotara sin márgenes la imaginación más maligna, con el objeto de obligarlos a entregar información sobre otras personas para aprehenderlas y someterlas al mismo “tratamiento”. También se recluía allí a los prisioneros a quienes ya se les había interrogado y torturado por largos períodos, a la espera de la decisión sobre su “suerte”. Estaban siempre vendados, con deficientes condiciones higiénicas y escaso alimento. En otra resolución judicial de este año, el máximo tribunal chileno establece que en dicho período se implementó una política estatal que consultaba la represión de posiciones ideológicas contrarias al régimen, la seguridad al margen de toda consideración por la persona humana, el amedrentamiento a los civiles y, sobretodo, la garantía de impunidad que el mismo régimen generó ante las responsabilidades penales. Se asesinaba a otros con total desprecio por la vida humana, prevaleciendo “la inacción deliberada, la tolerancia o aquiescencia de las autoridades”. Mientras, nosotros olvidamos. Mientras, otros niegan o avalan estas acciones, parapetados detrás de la ingenuidad de los que se dicen “tolerantes”, ya que todo tiene que ser “en la medida de lo posible”, dándoles un espacio cada vez mayor a los intransigentes, a quienes sostienen con una siniestra sonrisa que “debieron haber sido más”, justificando que se alcen como una legítima alternativa ante quienes buscan desesperadamente un referente, optando por algo que parezca nuevo, aún cuando defiendan estas atrocidades, ante la corrupción e ineficiencia demostradas por la tradicional “clase política”, aceptándose los paréntesis de toda ética cuando de crecimiento económico se trata, en lugar de luchar por erradicar toda clase de violencia ideológica, para que en el futuro no tengamos que lamentar la existencia de otras “Villa Grimaldi”, en las que se internen a derechistas, izquierdistas o personas de cualquier signo político que se consideren peligrosos por pensar distinto o ser diferentes.

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