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45 AÑOS DEL GOLPE

Un martes 11 de septiembre hace 45 años, era derrocado mediante un sangriento y cruel golpe de estado, el gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende.

La derecha coludida con el gobierno de los EEUU, truncaba violentamente el anhelo de amplios sectores del pueblo chileno de ser protagonistas de su propio destino y avanzar en profundas reformas de justicia social, independencia nacional y democratización de la sociedad.

Los trabajadores, los campesinos, los pobladores, los sectores más pobres estaban viviendo un momento histórico, que había cambiado la calidad de sus vidas y la de sus familias. Por primera vez, apreciaban que las autoridades se preocupaban realmente de ellos, pero no como en otras oportunidades que habían recibido ayuda o asistencia social, ahora junto a sus partidos populares de toda la vida, eran gobierno y se sentían identificados y comprometidos con su obra.

Un indiscutible mejoramiento

La elevación del salario mínimo, las asignaciones familiares, las pensiones y los reajustes de las remuneraciones considerando los índices de la inflación, habían permitido a los sectores populares satisfacer necesidades largamente postergadas, con mejoras sustanciales en la alimentación, el vestuario y los equipamientos para el hogar.

A los trabajadores se les garantizan los derechos sindicales y mediante un inédito mecanismo de negociación colectiva tripartita en varias ramas de la producción ven aumentados sus ingresos. Mediante la construcción de balnearios y viviendas vacacionales acceden a vacaciones junto a sus familias. Se promueve la organización sindical y se da reconocimiento legal a la Central Única de Trabajadores (CUT), que llega a tener un millón de afiliados. Un convenio de la CUT con la Universidad Técnica del Estado (UTE) permite el ingreso de los trabajadores a la Universidad, mediante becas, cursos de nivelación y docencia en los lugares de trabajo.

Se aumenta considerablemente la construcción de viviendas, campos deportivos, lugares de recreación y el programa para superar la desnutrición infantil, garantiza la entrega gratuita en todas las escuelas y consultorios de salud, del “Medio litro de leche diaria”, para todos los niños.

Se promueve y apoya la organización sindical campesina, que crece fuerte y poderosa llegando a tener al año 1973, más de 300 mil campesinos organizados a lo largo de todo el territorio nacional.  Otros 86 mil pequeños productores se encuentran afiliados a Cooperativas Campesinas.

Se profundiza el proceso de Reforma Agraria, que llega a abarcar cerca de 10 millones de hectáreas, incorporando al proceso de cambios a más de 76 mil familias campesinas. Se dicta una primera Ley Indígena y se entregan más de 70 mil hectáreas a las comunidades del pueblo mapuche.

Los sectores populares reciben directamente los beneficios de la creación de la primera red pública y gratuita de jardines infantiles y salas cunas, que al año 1973 atendían a más de 80 mil preescolares. Y también del fuerte aumento de la matrícula en la educación básica y la campaña masiva de alfabetización de adultos, que se realiza a nivel nacional.

La matrícula en la educación superior experimenta un aumento espectacular de más de un 80% y se consolida el proceso de Reforma Universitaria con la elección de Rectores y otras autoridades, con la activa participación de académicos, estudiantes y funcionarios.

El pueblo y los jóvenes participan en el desarrollo de un gran y amplio crecimiento cultural en todas las áreas del  campo científico y de la creación artística, cultural y popular. La editorial del Estado, Quimantú, publica a bajos precios y altos tirajes, libros de la literatura nacional y universal, que se venden en los quioscos de diarios, permitiendo el acceso a la lectura de todos los chilenos.

La construcción de una Patria diferente

Junto a todos los beneficios que reciben directamente los trabajadores, campesinos y sectores populares, éstos se sienten también muy comprometidos con las otras  grandes tareas de su gobierno. Están alegres y conmovidos con la nacionalización de la gran minería del cobre, el salitre y el hierro, y cómo sus propios trabajadores junto al Estado, asumen en forma eficiente la explotación de nuestras riquezas básicas. Comparten y son solidarios con las intervenciones de un grupo de unas 200 empresas monopólicas o de importancia estratégicas para el desarrollo del país, que han constituido el Área Social de la Economía, donde  unos 100 mil trabajadores junto a interventores del gobierno, asumen la gestión de dichas empresas.

Los trabajadores, los campesinos, los profesionales, los estudiantes y los sectores populares están orgullosos de lo que se está construyendo en el país, apoyan al gobierno del Presidente Allende y denuncian los intentos de la derecha de parar el proceso de profundos cambios que se está viviendo.

Durante los dos primeros años del gobierno, todo el aparato productivo nacional opera a plena capacidad, con elevados volúmenes de producción y un alto nivel de consumo, al tener los trabajadores mayor poder adquisitivo e incorporarse masivamente otros sectores populares que antes no llegaba al mercado. En el año 1971 la economía crece a la cifra record de un 7,7 %. El desempleo tiene una tasa de sólo un 3 %, la más baja conocida hasta la fecha. En el último año, la economía se complica por los efectos de todas las operaciones de boicot que provoca la derecha y el gobierno norteamericano.

La Derecha no descansa y prepara el Golpe

Todos los avances del gobierno popular eran combatidos por los grupos de la derecha que veían afectados sus intereses. Para el imperialismo norteamericano la expropiación de sus compañías mineras, era considerada una afrenta inaceptable.

Primero, fue tratar que el Presidente Allende no asumiera el gobierno, creando pánico financiero, rumores de caos y ejecutando el asesinato del comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider.  No pudiendo finalmente impedir que el Presidente Allende llegara a la Moneda, se inicia todo un camino programado y financiado para desestabilizarlo y “hacer reventar la economía” del país.

Las compañías norteamericanas inician demandas judiciales, que provocan embargos de los barcos que llevan las exportaciones del cobre chileno. El gobierno de los EEUU ordena la venta de reservas federales del cobre para bajar los precios del metal de los mercados mundiales, dispone el veto a los créditos a Chile en todos los organismos multinacionales y financia descaradamente a la oposición interna de la derecha para sabotear la economía.

Se entrega ayuda económica a El Mercurio y otros medios de comunicación, para que ataquen y desprestigien al gobierno. Se dan importantes aportes financieros y de apoyo logístico a las acciones de acaparamiento, mercado negro y ocultamiento de artículos de consumo de primera necesidad.

Se proporciona ayuda económica a un paro indefinido de los dueños de camiones y comerciantes que convocan en octubre de 1972. Apoyo a la organización de otros paros de transportistas, comerciantes, un grupo de mineros del cobre y de colegios profesionales.  Colaboración financiera y logística a grupos paramilitares para que realicen atentados terroristas e incluso  el asesinato del edecán naval del Presidente, Comandante Araya.

Luego de todos los problemas creados a la economía y las serias dificultades en el abastecimiento, en marzo de 1973, la derecha intenta derrotar electoralmente al gobierno, apostando a una mayoría en el Congreso que pueda destituirlo.  Pero el Presidente Allende muestra que mantiene el apoyo del pueblo y los candidatos de los partidos de la Unidad Popular obtienen el 43,4 % de la votación.  La derecha y el gobierno norteamericano afinan entonces una salida militar. En su primera operación logran reemplazar al Comandante en Jefe del ejército al General Carlos Prat, luego en agosto convocan a un gran paro patronal a nivel nacional y el 11 de septiembre dan finalmente el golpe mortal al proceso que encabeza el Presidente Salvador Allende, con un ataque y bombardeo a la Moneda.

En el recuerdo del pueblo, quedarán marcados a fuego los días luminosos y plenos de esperanza de lo vivido durante el gobierno popular, esa lucha histórica donde habían compartido dolores y alegrías construyendo codo a codo junto a muchos compañeros y compañeras una Patria diferente. Ese serio intento por realizar por la vía electoral y pacífica la construcción del socialismo. Un tiempo plagado de sueños e ideales donde se había trabajado intensamente para iniciar el camino de un futuro distinto donde pudiesen vivir sus hijos en plenitud.  Por ello, a pesar de los años transcurridos, para el pueblo esos momentos serán imborrables y  la figura del Presidente mártir nunca podrá ser olvidada.

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