La Filosofía y las Ciencias, deben estar presentes en nuestras vidas, sin perder su rigurosidad…hay que usarlas de modo cotidiano.
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Pablo Ardouin

Músico Cantautor y Escritor.

Flautista, pianista, clavecinista y profesor de Historia de la Música

(Concepción, Chile 1953 – Lieja, Bélgica 2018)

En 1974, ya se comenzaba a gestar la idea de formar el GEI, (Grupo de Experimentación Instrumental) con miembros de nuestro grupo “Pueblo Libre”. El GEI necesitaba partituras de algunas piezas que interpretábamos y alguien nos recomendó a Helmut Obrist. Así fue como junto a Guillermo Morales (Memo), Daniel Estrada y Juan Carlos Leal, integrantes de Pueblo Libre -antecesor del GEI- nos hicimos amigos de Helmut. Muchas veces ensayábamos en su casa y al final nos invitaba a tomar té con galletas hechas en casa por su madre, con quien vivía. Helmut era un ser especial, diferente, delicado, extrovertido, de cambios bruscos de humor, simpático, ingenuo y solidario. En ese tiempo a nosotros nos impresionaba su manera de vestir, simplemente distinta y original. La prenda que más lo caracterizaba era un abrigo negro, largo, de tela muy fina, el que le llegaba a los tobillos y un sombrero de ala ancha, también negro que lo hacía parecer un personaje de otra época, quizás señorial y renacentista. Ese año yo entraba a la carrera de Música de la Universidad de Concepción y necesitaba con urgencia comprar una flauta dulce-tenor, requisito indispensable del primer año de estudios. Recuerdo muy bien que Helmut fue quien me ofreció a la venta un set completo de flautas dulces (barrocas), en su cofre original, (bajo, tenor, alto, soprano y sopranino) a un precio que yo, con la ayuda de mis padres, podía comprar. Necesitaba sólo la flauta tenor, mas Helmut, me vendió el set completo por el precio de una. Fue un precio “a lo amigo”, un gesto de solidaridad que nunca he olvidado.

Fuimos amigos hasta 1976, año en que, luego de triunfar en el Festival de la Patagonia, me fui a vivir a Santiago con Tito Fernández “El Temucano”, en su pequeño departamento ubicado en calle Ochagavía, que compartía con su primera esposa, Carmen, dos de sus hijos, un hermano y ocasionalmente su guitarrista, “El Guatón” Roberto Parra (Q.E.P.D.). A fines de ese mismo año abandoné la Carrera de Música para dedicarme de lleno a mi actividad como cantautor, recorriendo Chile, actuando en las peñas de Santiago y participando en festivales a lo largo del territorio. Ese cambio radical, fue también culpable de haber perdido el contacto y la amistad con Helmut, y contribuyó a ello el hecho que Helmut también comenzaba a cambiar la suya, casándose con una hija del director de orquesta Víctor Tevah Tellias, su trabajo como miembro-flautista de la orquesta sinfónica de la Universidad de Concepción y, años después, su exilio voluntario en Bélgica, país en el que ha fallecido recientemente.

Hace algunos años había regresado a Chile, a su ciudad natal Concepción, con la finalidad e idea de formar nuevos músicos y elaborar un par de avanzados proyectos musicales. Algunos vieron la luz en sofisticados, ambiciosos y delicados conciertos barrocos y renacentistas, pequeñas óperas montadas en el Aula Magna de la Pontificia Universidad Católica; sin embargo, sus sueños y ambiciones se vieron truncados al no contar con apoyo financiero ni mayor eco en nuestra ciudad. Frustrado y apenado, regresó a Bélgica a continuar su misión como instrumentista y profesor.

Nuestro Helmut, ha fallecido en Lieja, Bélgica. Según la información que logré recopilar, sus funerales se efectuarán este 30 de noviembre en el Centre Funéraire de Robermont, su cuerpo será cremado y su cenizas esparcidas por la ciudad del país europeo que le dio trabajo, reconocimiento y cobijo…

Si, se ha ido Helmut Obrist, ese ser especial y único. Y sin pena ni gloria en su ciudad natal, Concepción y en su “pago de Chile”.

Helmut estaba radicado en Bélgica desde 1984. Estudió en la Universidad de Concepción, en la Universidad Católica de Chile en Santiago y en el Conservatorio Laurencia Contreras, obteniendo títulos y premios en flauta, piano y pedagogía musical. Formó también parte de la pequeña escuela clavecinista en el Concepción de la década de 1970. En Bélgica fue profesor de la Academia de Música de Malmédy, en flauta, historia de la música, música de cámara (música antigua) y flauta dulce. A comienzos de la década de 2010, regresó por algunos años a Concepción, donde formó Il Festino Musicale, un talentoso grupo de jóvenes músicos que realizó un trabajo esforzado e inédito de difusión de la música barroca, con recitales, conciertos escénicos y óperas.

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