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O’HIGGINS Y SUS VÍNCULOS CON LOS MAPUCHES

Fernando Arriagada Cortés

Investigador y escritor.

En la vida siempre interesante de don Bernardo, sus vínculos con el mundo nativo ocupa un lugar de importancia al constatar como este estuvo casi siempre presente en su azarosa vida que se extendió por 64 años entre 1778 y 1842. Sin lugar a dudas que su primer contacto fue su propia sangre, debido a que doña Isabel descendía de una princesa inca y tenía sangre aborigen que heredó a su progenitor, como tambien, sus nodrizas eran de esa raza, por lo que aprendió de estos el amor a la naturaleza, a la libertad y a su tierra. Además los trabajadores y sirvientes de esos tiempos eran indígenas, negros o mulatos, como llama al propio Bernardo, el escritor Fernando Santiván en su novela ambientada en su infancia llamada El Mulato Riquelme.

Siendo alumno de los franciscanos en el Seminario de Nobles Araucanos, tuvo compañeros indígenas y de ellos aprendió muchas de sus costumbres, hasta el dominio de ese idioma. El libertador estaba consciente de la importancia y valor de nuestros aborígenes ancestrales de los cuales casi toda la población chilena llevamos su sangre.

Cuando volvió a Chile y empezó su etapa de agricultor, tuvo con seguridad muchos trabajadores pehuenches con los cuales era su vecino cuando estos pasaban a los conchabos desde la cordillera a Chillán, en su hacienda Las Canteras, en la pre cordillera del río Laja. En tiempos de la revolución de la independencia, O’Higgins se presentó ante el general Carrera con un grupo de trabajadores para servir a la causa independentista, entre los cuales iban varios aborígenes y mestizos. Carrera agradecido, le nombra coronel de milicias, iniciando su vida militar que se extenderá hasta su abdicación en 1823. Siendo Director Supremo entre 1817 y 1823, siempre tuvo empleadas y mozos mapuches como lo constata la viajera inglesa María Graham en su notable obra Diario de mi Residencia en Chile.

Tal vez el hecho más importante que tuvo para con los mapuches, fue reconocerlos como nación, libre e  integrados a Chile a quienes llamó sus hermanos e hizo parlamentos de paz y amistad como consta en un valioso documento fechado y firmado por él en Concepción el 3 de agosto de 1817 en donde en un párrafo señala: “habrá una paz eterna y duradera entre este Gobierno y sus súbditos con todas las naciones que habitan desde la otra banda del Bío bio hasta los confines de la tierra”.

Así su gobierno pretendía mantener las mejores relaciones con los descendientes de Lautaro y Caupolicán, lo que continuó haciendo hasta cuando se fue al exilio, se llevó sus trabajadores mapuches y desde allá insistía en cartas a los gobernantes, en su plena integración como chilenos de ambas bandas, separadas por el río Bío Bío.

Con el paso del tiempo esto se desconoció y la nación mapuche fue conquistada por las armas, los patrones foráneos y la tecnología, creando una situación difícil de resolver y la cual se mantiene hasta la actualidad, muy alejada de las buenas intenciones de don Bernardo que los estimaba, valoraba y admiraba, máxime si estaba consciente que por sus venas también corría la sangre de los dueños ancestrales por derecho natural de un territorio rico y hermoso que se extendía desde el río Maule al sur.

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