
Pensamientos de Hannah Arendt
Hannah Arendt, socióloga y filósofa alemana de origen judío, nació en Linden el 14 de octubre de 1906. Estudió en las universidades de Marburgo, Friburgo y Heidelberg, contándose Martin Heidegger y Karl Jaspers entre sus maestros. En 1933, con el acceso de Hitler al poder, se exilió a París y en 1940 a Nueva York, nacionalizándose posteriormente en EE.UU. Su obra trabaja temas como la democracia, el poder, la violencia, el dominio, el antisemitismo, el imperialismo y el totalitarismo. Fue autora de “Los orígenes del totalitarismo”, “Eichmann en Jerusalén”, “La condición humana”, “Sobre la revolución”, “Sobre la violencia”, “Hombres en tiempos de oscuridad”. Falleció en Nueva York el 4 de diciembre de 1975.
“Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública; nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político”.
“El revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución”.
“No hay pensamientos peligrosos; pensar es peligroso”.
“El mal no es nunca radical, solo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie”.
“El perdón es la llave a la acción y a la libertad”.
“Bajo las condiciones de la tiranía es más fácil actuar que pensar”.
“El ‘tercer mundo’ no es una realidad sino una ideología”.
“El desarrollo económico bajo ninguna condición puede conducir a la libertad o constituir una prueba para su existencia”.
“El poder y la violencia son opuestos: donde uno norma absolutamente el otro está ausente”.







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