
Los Años No Pasan En Vano
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente yo no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan, ya que los años no pasan en vano, y de mis tiempos juveniles ya vamos quedando pocos, desde aquel tiempo que disfrutábamos de los malones en el barrio Chillancito, y hoy la nueva generación no tiene ni idea sobre qué eran esos malones.
Viendo que tenemos que disfrutar los años que nos quedan en este planeta, dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos 60 segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan y ¡Cómo disfrutaría un buen helado de vainilla!
Como soy un exalumno del Colegio Salesiano de Concepción pienso que, si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino que también mi alma.
Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el congelado hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Pablo Neruda, y una canción de Joan Manuel Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos.
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida … no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero y que siempre los recuerdo, que los quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y continuaría viviendo enamorado del amor.
¡A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los ancianos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. He aprendido tantas cosas de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subirla. El secreto de la felicidad no está en hacer todo lo que se les antoja, sino en amar lo que hacen. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por el resto de la vida.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando debe ayudarlo a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de todos ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré yendo a la Vida Eterna.
Siempre da lo que sientes, y haz lo que piensas. Si yo supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y le rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un enorme abrazo, un besote y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez, indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, diría te quiero y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirles cuánto los quiero, que nunca los olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o anciano. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que, si el mañana nunca llega, seguramente lamentarse el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado u ocupada para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles en el oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos muy bien, toma tiempo para decirles: lo siento, perdóname, por favor, gracias, y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos y a tus familiares cuánto te importan en tu vida. De esa forma, el día que te vayas de este mundo, también te irás muy tranquilo o tranquila, tal como yo me iré el día que me corresponda.
Los abrazo, desde la distancia, a través de La Ventana Ciudadana.







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