La opinión pública tiene el deber y el derecho a oponerse a la impunidad, debe movilizarse y denunciarla !!!
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Ahora sí que sí…..

Esteban Lobos, analista económico.

En el campo de la “economía”, si bien las cosas no se ven nada de  bonitas, por lo menos parecieran estar  claras. El país permanece atado a una muy modesta tasa de crecimiento, el llamado “sueldo de Chile” se muestra a la baja, los empresarios dicen que no invierten en razón del “clima de incertidumbre” reinante, el Estado no asume el papel que le corresponde ¿y la gente? La gente es golpeada donde más le duele: bajas remuneraciones, desempleo, precios al alza o coludidos. ¿Cómo romper el círculo del desánimo?

La semana anterior, dos de las colectividades gobernantes – el PS y el PPD- mostraron su preocupación por el tema del crecimiento, convocando a sus equipos técnicos para la elaboración de propuestas que dinamicen la economía y quiebren la inercia que se vive. Autoidentificadas como “de izquierda” (a estas alturas del partido no está claro qué es ser de izquierda), abandonaron  los eslóganes folklóricos e irresponsables, para definir un horizonte de corto (actual Gobierno) y mediano plazo (¿próximo Gobierno?) marcado por la construcción de “una alianza público-privada”.

Lo primero que llama la atención, es que los economistas convocados son, en general, los mismos de siempre. Nombres que ejercieron o ejercen funciones públicas (o privadas relevantes) y que mantienen cables de conexión con el Gobierno. Es decir, novedad ninguna. Ello en sí mismo no es criticable,  pero siembra un manto de duda sobre su capacidad para ver las cosas de una manera distinta.

Según entrevistas de prensa, las principales urgencias identificadas pasan por mantener la responsabilidad fiscal;  elevar la tasa de inversión; sustituir la matriz productiva impulsando la innovación tecnológica para incorporar valor agregado a los productos y diversificar las exportaciones; consolidar el régimen de concesiones; y mejorar la eficiencia en la ejecución de la inversión pública. Estas propuestas, salvo en la forma de realizarlas, bien podrían ser compartidas por economistas de Derecha lo que podría ser bueno en cuanto implica un consenso básico lo que facilitaría su implementación. Entonces…¡hay que ponerse en marcha de inmediato!

¿Problemas? Muchos y de variada índole.

Uno, que el empresariado nacional no tiene confianza alguna en la actual coalición gobernante. Ligado por siempre a grupos políticos conservadores en lo valórico y neoliberales en lo económico, su sueño es desarrollar sus actividades en un terreno despejado, libre de controles y obstáculos, aspiración suya que obviamente choca con las aspiraciones de la gente que ve en el Estado su única posibilidad de resguardo y protección. Además, no debe olvidarse que el capital no tiene patria y, por lo tanto emigrará a los lugares donde se le ofrezcan menos problemas.

Segundo, que la gran inversión se hará siempre en proyectos que sean intensivos en capital y tecnologías y no a aquéllos intensivos en trabajo humano. Se trata, por lo tanto,  de proyectos de largo plazo cuya concreción tardará casi siempre sobre los tres años salvo que se quemen etapas eludiendo barreras como las evaluaciones sanitarias y ambientales.

Tercero, que ese modelo de desarrollo, sin duda, intensificará (o, en el mejor de los casos,  mantendrá) la concentración económica y financiera acrecentando el poder de una docena de familias y manteniendo los altos niveles de desigualdad y de pauperización presente y futura de los trabajadores.

Las tres consideraciones anteriores bastan y sobran para demostrar que el manejo de la economía no es algo, como se pretende, que esté alejado del manejo político y social de una nación.  Si el país requiere construir estabilidad para el futuro, necesita avanzar fuertemente en la superación de los elevados niveles de inequidad y de fragmentación que al día de hoy están presentes en todos los ámbitos.

En consecuencia, es necesario preguntarse: ¿es posible darle otro enfoque a la economía? ¿Es posible una mirada diferente que ponga el acento en los aspectos más básicos y urgentes de las necesidades de la población? ¿Es posible un “modelo” que integre la sociedad y que no segregue permanentemente a sectores cadenciados? ¿Se puede avanzar en este terreno de manera eficaz y eficiente?

Si, como se ha señalado en oportunidades anteriores, el camino obvio para enfrentar la pobreza y la marginalidad radica en la capacidad de generar empleos ¿se podrá, con un Estado activo, levantar una “economía del trabajo?

Sin duda que el tema es complejo. Pero, si se quiere asumir el compromiso a largo plazo de una sociedad solidaria, es indispensable asumir los riesgos.

En un comentario futuro, será posible abordar alternativas, plantearse cuestionamientos, invitar a una reflexión colectiva. Ello requiere abandonar los dogmas y los prejuicios y cambiar la forma de ver las cosas.

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