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Algunos puntos de aproximación al texto “Lineamientos éticos en la atención de pacientes en una situación de pandemia”

Rodrigo Pulgar Castro

Doctor en Filosofía. Académico U. De Concepción.

(Texto construido en base a una exposición en mesa redonda realizada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile el día 8 de junio 2020)

Se es consciente que el desafío de leer un texto implica una tarea escritural: quien lee escribe. Eso sucede con cualquier texto el cual, por esta circunstancia, por este ejercicio, se despliega a otros sentidos que dependen de la intención de lectura. En otros términos: un texto construido desde un cúmulo de prejuicios (lo digo en sentido positivo) se enfrenta a un intérprete que también ofrece, desde sus propios prejuicios, otra dirección. Y lo hace al entender que en ningún caso el texto que tiene frente a sus ojos lo determina todo, es decir, lo dice todo. La ventaja de proceder así, es que quien se enfrenta al texto pone en juego su libertad, su autonomía y logra que el texto, por la relatividad que alcanza, adquiera mayor vuelo. Eso equivale a decir que todo texto al leerse, al interpretarse expone espacios que en la intención inicial como en el texto mismo no son tan claros. Es el riesgo de escribir. Pensar que el texto que comentamos no corre el riesgo de ser resignificado es una ilusión. Agréguense las características propias que se delimitan desde su título en adelante y que traducen urgencias éticas, pero también temáticas políticas, pues responde a una solicitud hecha por una instancia de poder a fin de que quienes laboran en los centros hospitalarios, clínicas, vean en ello pistas para comportarse ante una demanda de salud que pide respuesta ética, vale decir; una acción de justicia desde lo que se estima el bien común. 

Al ser el texto del Rector de la PUC uno que intenta ser operativo en base a proponer criterios desde los cuales discernir frente a un dilema mayor como es la vida de una persona por la vida de otra persona (por mucho que se diga lo contrario), necesariamente el documento queda  expuesto al escrutinio no solamente del personal de salud que vería en sus líneas orientaciones mas  no imperativos categóricos frente a la urgencia  de actuar ante la demanda de dos o más personas que requieren atención, pues en ello le va la vida, sino también de la comunidad humana que vigila que el protocolo de igual trato se respete. Sumémosle a la interpretación la relación dialéctica entre personal de salud y paciente. Es un tipo de relación construida por intenciones compartidas, pero no necesariamente similares: uno, el paciente solicita atención a su necesidad de bien que es salud, de una que se ha perdido. Pero quizá aquí  lo que más importa en la relación es el concepto de justicia, ya que él, el enfermo, el que padece dolor, pide actos en muchos casos reparatorios, actos que no en pocas ocasiones resultan difíciles de conseguir satisfactoriamente por circunstancias socio-políticas, pues en la respuesta al dilema que agobia tanto a médica o médico o como a paciente se solicita del Estado vías adecuadas que faciliten la relación, y que en caso especialmente del paciente, hay que entender que su movimiento a  procurarse atención de salud es en busca de respuesta a su necesidad de bien personal; es decir: vida; vida  asociada a dignidad en cuanto y en muchos casos  intuitivamente, se reconoce él como un fin.

Es probable que la dificultad en el caso nuestro en donde las trabas de acceso justa a la salud son muchas: coberturas desiguales, atención desigual, etc, participen de la imposibilidad de que el bien común sea comprendido igual para todas y todos, por tanto, alegar que el texto apunta a que el bien común prevalezca como criterio de respuesta ante el dilema de la última cama es retórica.  

La paradoja que el texto anuncia como dilema ético no se resuelve de forma definitiva. Pide interpretación, a diferencia, por ejemplo, del “Marco ético pandemia Covid-19 de la Sociedad española de anestesiología, reanimación y terapéutica del dolor”.

Mas no se sí el no dar más elementos para ayudar al juicio en ese momento que se elige dejar de preferir a uno en beneficio del bien común es tan necesario. Quizá la redacción del texto sencillamente opta por vías más abiertas de respuesta ética. Empero, puede suceder que termina por cargar en la conciencia particular decisiones que afectan el bien individual para que prevalezca el bien común que, sabemos es dúctil y controlable en una sociedad neoliberal que intenta en sus enclaves salvar los muebles.

Temo que hay demasiados espacios vacíos que acentúan la incertidumbre lo cual anticipa dilemas éticos. Quizá se deba a la siguiente interpretación:  el texto procura en principio: a) Salvar la responsabilidad institucional. Queda la sensación que lo que se resguarda es la institución política, pues si bien plantea que todo se rige por la evidencia científica posible, para lo cual el rol de los expertos cobra un rol crucial, debe procurarse un liderazgo único y confiable. Pero ¿Qué pasa si la decisión es equivocada? Simple: el rol de los expertos falló. El error no está en la autoridad sino en el rol de los expertos. Esto parece riesgoso; b) El texto abunda en gestión que va desde la instalación del resguardo a los datos, la privacidad de los datos, mostrar empatía con los requerimientos psicosociales (en ese movimiento late –puedo errar- cierto paternalismo más allá de la intención de apoyar la participación social), rol vigilante de la autoridad, gestión hospitalaria, equipo de salud. Todos son temas que parecen constituir la columna del texto. La idea de persona que el texto reconoce, por cierto, clásica, es un oasis casi literario. Ante este panorama queda la pregunta: ¿se reconoce, más allá que en los inicios del texto se mencionen instituciones, se reconoce, repito, a la comunidad la capacidad deliberativa, o simplemente su rol es ser receptora de las medidas, por tanto, su participación se traduce en aquello? En fin, hay más preguntas que certezas, más incertidumbre que afirmaciones… pero aún es tiempo…

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