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Amenazas para la historia

Danny Gonzalo Monsálvez Araneda

Doctor en Historia. Universidad de Concepción.

Constantemente la disciplina histórica se ve amenazada, no sólo por quienes bajos criterios “técnicos”, que no es otra cosa que el brazo o dispositivo ideológico del neoliberalismo, buscan concebirla como un área que se remita a reproducir aquella vieja idea republicana decimonónica de formar “ciudadanos virtuosos” y dóciles, pero acríticos del modelo y por otra, un historia que se centra de preferencia en la capacidad de enumerar fechas, datos, erudición y narración de acontecimientos; una historia alejada y hasta atemorizada del presente, que no plantea problemas sino que describe temas, donde los grandes personajes y las gestas sigan teniendo un papel central, con lo cual, como señala el historiador Josep Fontana, se termina cultivando una historia que legitima las construcciones estatales del presente, así como la estructura del poder social, el orden establecido, todo en aras de fomentar una cierta identidad basada, por ejemplo en el amor por la patria, leyes y lo institucional, es decir “crean las glorias según las necesidades y no según los méritos”.

Por otra parte, está la amenaza de aquellas voces (cada día menos, pero aun con bastante peso y poder) que se reúsan a que la historia analice el presente, más bien la historia debe tomar distancia, ser imparcial, objetiva y aquello lo da solo la distancia cronológica. En otras palabras, son los adversarios de una historia (de historiadores/as) comprometida y crítica con su tiempo, la cual pretenden mantener una historia que solo describe, pero que no es capaz de interrogar, de establecer el por qué y cómo de los hechos y procesos históricos.

Pero no es todo, también está la amenaza de ciertos gobiernos que conscientes del uso público de la historia, buscan de una u otra manera ejercer algún tipo de control o injerencia sobre ella. Ya sea designando cronistas oficiales, difundiendo ciertos relatos oficiales y oficiosos y vigilar/supervisar los contenidos que se transmiten en la enseñanza; por lo tanto, ninguna medida, determinación, proyecto o ley es neutra, todas esconden alguna intencionalidad, de ahí que, siguiendo a Hill, cuando los políticos o autoridades deciden impulsar algún proyecto en materia histórica, corresponde agradecer el interés por aquello, sin embargo hay que preocuparse por las intenciones que existen detrás.

Por eso y siguiendo al citado Fontana, la historia como método e instrumento nos ayuda a comprender críticamente nuestro entorno, contribuye a que nuestros alumnos/as desarrollen una conciencia colectiva y crítica que ayude a cambiar las cosas y aquello no se da simplemente acumulando conocimientos, menos distribuyendo la historia como productos o reemplazarla por otras disciplinas carente de todo contenido histórico, sino más bien enseñando a preguntarse, pensar, dudar y no aceptar lo establecido o dado, menos aun cuando viene de autoridades neófitas en el asunto y que solo están ahí por cuoteo/color político.

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