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Animales (ir)racionales

Sofía Valenzuela Aguila

Doctora en Bio-química. Investigadora Centro de Biotecnología. Universidad de Concepción.

Hemos sido testigos de los grandes avances tecnológicos ocurridos en las últimas décadas, internet, Smart TVs, celulares con capacidad de computadores, autos inteligentes, o robótica y la inteligencia artificial (IA), que algunos visualizan como la gran amenaza laboral para los próximos años. Lo que hace poco parecía ciencia ficción es hoy una realidad, y es posible que en unos pocos años la realidad virtual sea parte integral de nuestra realidad. En paralelo, surge la necesidad de una parte de la sociedad de “volver a lo natural”, buscando un vínculo aparentemente perdido en la vorágine tecnocientífica, parece sensato y necesario si observamos las consecuencias que el desarrollo tecnológico ha traído consigo. Exceso de información, poco tiempo para reflexionar críticamente, redes sociales sin control y círculos sociales cada vez más estrechos, amplifican miedos, transformándolos en decisiones irracionales, con consecuencias que van más allá de sus propios ámbitos de influencia. Decisiones que van desde la homeopatía, hasta quizás la más preocupante: un movimiento antivacunas que ha sido inmune a la evidencia científica de su propia causa.

Las vacunas se definen según la OMS como “cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos”. A su vez nos dan certeza que podemos convivir en sociedad sin temor a morir de enfermedades que devastaron a nuestros bisabuelos y antepasados sin posibilidad de frenar su expansión. A fines de siglo XIX y principios del anterior, hubo mucho temor, se decía que no eran natural y que traerían más problemas que beneficios, incluso que las personas inmunizadas podrían adquirir la propia enfermedad. Hoy los datos no mienten, se erradicó la viruela que sólo en el siglo XX mató a 300 millones de personas. Se realizaron enormes esfuerzos en el mundo, logrando erradicar la polio, sarampión, rubeola, y paperas. Con el tiempo, se han ido desarrollando nuevas vacunas, que han permitido que la población tenga una mayor expectativa de vida, y de mejor calidad.

En Chile, tenemos un programa de vacunas en infantes, implementado a fines de 1970s, cuya cobertura va bajando año a año. Lamentablemente, por desinformación en la población se cree que el vacunar a los niños se asocia al autismo, mito que surge de un estudio publicado en 1998 con graves errores e interpretaciones (usó una pequeña muestra de 12 niños y con claros fines comerciales), realizado en Inglaterra por el médico Andrew Wakefield, a quien le retiraron su licencia para ejercer la medicina luego de comprobarse con hechos sus intenciones. Sin embargo, este pánico sin fundamento gatilló que algunos padres dejasen de inmunizar a sus hijos contra varias enfermedades, entre ellas el sarampión, razón por la cual esta enfermedad ha aparecido nuevamente en países del hemisferio norte, e incluso ya hay casos reportados en Sudamérica.

Entonces vale la pregunta, ¿hasta dónde vacunar es una decisión sólo de los padres? Si deciden no vacunar, ¿es válido que arriesguen la vida no solo de sus hijos, sino que la de otros niños y como consecuencia de ello vuelvan a aparecer enfermedades que creíamos erradicadas? En pleno sXXI ¿podemos aceptar que estas decisiones se basen en mitos? Hasta cierto punto coincido en la necesidad de reconectarnos con la naturaleza que hemos dejado de lado como animales racionales, pero de ninguna manera tendremos un futuro como especie si también nos desentendemos de los hechos, la cultura y la ciencia, lo mejor que hemos logrado por ahora como humanidad.

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2 Comentarios en Animales (ir)racionales

  1. Que buena labor, acercar a los científicos a la gente y divulgar sus aportes y conocimientos.
    Gracias Sofía, gran artículo

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