La dignificación de la ciudadanía,construyendo su constitución es un buen camino a la libertad y justicia que necesitamos.
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Ayn Rand

Andrés Cruz Carrasco

Abogado Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca) Magister en Filosofía moral Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa

El objetivismo de Ayn Rand promueve la superación de la moral impuesta que se basa en principios falsos que han transformado los vicios en virtudes, negando la lógica de los hechos, permitiendo que el sistema aplaste al individuo para que se sacrifique por los otros, maquillando dicha autodestrucción con conceptos grandilocuentes como heroísmo, consecuencia y compromiso, cuando detrás no existe más que fanatismo, ignorancia y el aprovechamiento de acotados círculos de poder que se muestran como la única salida a la desesperanza, no siendo más que carroñeros actuando a la espera de cosechar lo que ha sido sembrado con segregación y exclusión.

Alisa Zinovieva Rosenbaum, quien luego tomaría el nombre de Ayn Rand, nació en San Petersburgo en 1905 y murió en Nueva York en 1982. Esta mujer construyó lo que denominó “el egoísmo racional”. Su filosofía se fundó en la pretendida naturaleza racional del ser humano, sosteniendo que el egoísmo es un derecho, por cuanto cada uno puede vivir para sí mismo sin tener que inmolarse por otros, rechazando toda manifestación de misticismo religioso, atacando toda idea colectivista, pero también todas aquellas reaccionarias y conservadores, generando antipatías en todos los sectores. Se opuso a los Estados de bienestar, al intervencionismo estatal y a todo órgano de regulación, incluyendo todo modelo que igualara la condición entre los malos y los buenos estudiantes, además de un sistema penal que facilitara a los condenados la obtención de beneficios y su libertad antes del cumplimiento de su condena, en desmedro o sin tomar en consideración a las víctimas. Defendió el ateísmo, la homosexualidad, el uso de las drogas y la absoluta libertad de expresión, así como se manifestó contraria al uso de la fuerza, salvo la legítima defensa. Podemos estar en desacuerdo con sus planteamientos, pero su perspectiva no ha sido lo suficientemente considerada en los libros de historia de la filosofía, seguramente por su liberalismo ortodoxo y por ser mujer. Sostenía: “No soy primariamente una defensora del capitalismo, sino del egoísmo; y no soy primariamente una defensora del egoísmo, sino de la razón. Si uno reconoce la primacía de la razón y la aplica consistentemente, todo lo demás viene por descontado. Esto, la supremacía de la razón, era, es y será el principal interés de mi trabajo y la esencia del Objetivismo”. Los derechos fundamentales se basan en la vida del ser humano. Si bien es cierto éste se desenvuelve en sociedad, no hace del individuo un esclavo de la masa, cada uno debe ser diferenciado por su honradez, capacidad, esfuerzo e inteligencia. Defendió el derecho a la vida y, lo que según ella, era su manifestación principal: el derecho de propiedad. Sin embargo, pese a ser considerada como una anarco capitalista, señalaba que el dominio sobre la obra creada por un ser humana distinguía a una persona de un esclavo. No se consideraba de izquierda ni de derecha, aborrecía las religiones, el reclutamiento obligatorio en el ejército y toda forma de censura. En “La Rebelión de Atlas”, describió una sociedad ultra colectivizada que impedía todo desarrollo del individuo, distinguiendo entre los “saqueadores”, casta conformada por los místicos del espíritu (cultos religiosos) y los místicos del músculo (la clase política) y los “no saqueadores”, quienes eran todos aquellos que individualmente forjaban las obras que nos conducían hacia el progreso social, contra todos aquellos parásitos que manipulando expresiones como “altruismo” o “igualdad de oportunidades” lograban aprovecharse de la “empatía” de los otros, explotando las necesidades ajenas, aunque finalmente no solucionaran nada.

En “El Manantial”, obra escrita en 1943, habla en boca del personaje que corresponde al arquitecto Howard Roark diciendo: “Los grandes creadores, los pensadores, los artistas, los científicos, los inventores lucharon contra sus contemporáneos… El creador se mantiene firme en sus convicciones, el parásito sigue las opiniones de los demás. El creador piensa, el parásito copia. El creador produce, el parásito saquea. El interés del creador es la conquista de la naturaleza, el interés del parásito es la conquista del hombre. El creador requiere independencia, ni sirve ni gobierna, trata a los hombres con intercambio libre y elección voluntaria; el parásito busca poder, desea atar a todos los hombres para que actúen juntos y se esclavicen. El parásito afirma que el hombre es sólo una herramienta para ser utilizada, que ha de pensar como sus semejantes y actuar como ellos y vivir la servidumbre de la necesidad colectiva prescindiendo de la suya.”

Hannah Arendt ya planteaba esta paradoja del ser humano, de ser único pero a la vez igual dentro del contexto social y siendo el respeto de este individualismo dentro de la colectividad en el que debemos buscar los principios de convivencia para que cada uno descubra su propio camino hacia la felicidad.  

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