El Neoliberalismo, ante tragedias medio ambientales, prefiere cerrar colegios y no las empresas que contaminan, en definitiva, el Neoliberalismo valora más al empresariado que los niños, los colegios y la ciudadanía… Y, nosotros qué hacemos?
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Chile contra el mundo. (*)

En general, los países de menor extensión territorial, de menor población, de menor importancia política y estratégica, tienden a ser empujados por las ideas, tendencias e intereses de las grandes naciones. Salvo en el caso de circunstancias extraordinarias, es difícil sustraerse de estas grandes corrientes aunque de repente se los invite a las pomposas reuniones del grupo G – 20.

En Junio pasado, se realizó en Osaka, Japón, uno de estos encuentros con la participación de representantes de las grandes economías mundiales. Chile estuvo presente a través del presidente Sebastián Piñera. Aparte de algunas fotos protocolares, no dejó de llamar la atención el hecho de que, simultáneamente, el Primer Ministro del país anfitrión anunciara públicamente que reiniciaba la caza de las ballenas en el Océano Pacífico poniendo fin a una convenida moratoria que, por lo demás, la nación asiática jamás respetó escudándose cínicamente en el argumento de que estaba cazando “con fines de investigación científica”. Unas palabritas de protesta respetuosa habrían sido útiles para dejar en claro nuestros puntos de vista. Lamentablemente, eso no pasó.

Otro punto. Un variado número de países ha ido coincidiendo crecientemente en la necesidad de “descarbonizar” la matriz energética, fuente principal del “efecto invernadero” que, a su vez, es el factor eficiente del “cambio climático”. Mientras en el gran Brasil, en menos de un año ha aumentado en un 88% la deforestación de la cuenca del Amazonas, indiscutido pulmón del planeta, en Chile se formulan rimbombantes declaraciones comprometiendo plazos exactos en esta materia, lo que sucede al mismo tiempo en que dos de los grandes grupos económicos del país – Angelini y von Appen – inician las tronaduras para la explotación de la Mina Invierno amenazando fauna, flora, agricultura y ganadería del lugar y degradando una naturaleza privilegiada. También en este terreno, la afonía de las elites gobernantes es significativa.

Tercer punto. Los economistas y cientistas sociales han coincidido en destacar el hecho de que el mayor progreso trae consigo el fenómeno de la creciente urbanización de la población, fenómeno que con variables niveles de intensidad puede observarse en todo país que crece económicamente. La vida urbana conlleva beneficios importantes en calidad de vida, acceso a servicios básicos, oportunidades sanitarias y educativas, cultura, deporte, esparcimiento, oportunidades laborales, etc. lo que hace que las nuevas generaciones emigren desde el campo a la ciudad.

Contrariamente a lo que debiera preverse, en nuestro país tal proceso se está dando en el sentido contrario. Son numerosos los casos de habitantes citadinos que han tomado, con coraje, la decisión de trasladarse al sector rural, cambio de tendencia social que tiene preocupadas a las autoridades.

Un primer ejemplo lo ha dado el sociólogo de la Universidad de Chile y Magister en Ciencias Políticas de la Universidad de Austin, Texas, EE.UU., Rodrigo Ubilla Mackenney, quien, sin pensar siquiera en que el Presidente Piñera lo designaría Subsecretario de Interior y de Seguridad Pública, adquirió entre los años  2009 y 2012, cuatro parcelas en el sector de Quetroleufú, comuna de Pucón. Dos de ellas quedaron a nombre de la Sociedad de Inversiones Quetroleufú que integra el mismo Ubilla más su cónyuge e hijos, en tanto que en las otras dos construyó una “casa de veraneo”.

Habiendo tomado conocimiento de esta operación, Juan Pablo Longueira Brickmannn,  jefe de Gabinete del Ministerio de Desarrollo Social y Familia e hijo del ex senador y ex ministro homónimo, también optó por la vida rural y adquirió dos parcelas en el sector de Chucauco, comuna de Villarrica, de 7,4 y 6,6 hectáreas. Longueira Junior, nuevamente copió a Ubilla y procedió a constituir, con su padre, su madre y sus hermanos, la Sociedad de Inversiones Las Azaleas. Esta sociedad tiene el 99% de los derechos en sociedad “Agrícola Las Azaleas spa” la que, a su vez,   adquirió dos predios en el mismo sector. La “Agrícola” mencionada realizó recientemente una Junta General   para designar su administrador con la asistencia del 100% de sus accionistas: Longueira padre representando el 1% y Longueira hijo representando el 99%,

Lo curioso de estos dos casos de emprendedores agrícolas es que ambas situaciones son asimilables. La ley 19.253 de 1993 prohíbe que las tierras definidas como propiedad indígena,   sean enajenadas, embargadas, gravadas o adquiridas por prescripción, salvo entre comunidades indígenas o personas pertenecientes a la misma etnia.  Entonces, ¿cómo lograron adquirirlas estos noveles agricultores? Muy simple. Buscaron matrimonios formados  por un “cónyuge chileno” y un “cónyuge indígena” (algunos mal pensados afirman que utilizando información proporcionada por funcionarios públicos), los asesoraron para que cambiaran su régimen de “sociedad conyugal”  por un régimen de “separación  de bienes”  y en esta operación adjudicaron las tierras al cónyuge chileno. Luego procedieron a comprar las propiedades a éste alegando que ya  no se trataba de propiedad indígena.

Pese a que la operación es bastante inteligente, lo claro es que es violatoria de la ley tanto en su letra como en su espíritu. Ubilla y Longueira Jr.  alegan ahora que ninguno de los predios que compraron aparece en la lista de propiedades indígenas que lleva la CONADI. Así es. El problema es que la ley, que ellos o sus asesores habrán leído oportunamente,  contempla una variedad amplia de casos de tal manera que puede aseverarse que el “registro CONADI” no es exhaustivo sino meramente informativo.

Ubilla y Longueira Jr. tienen derecho a alegar en defensa de su actuar que “en Chile, no se puede ser agricultor con tanta dificultad”. El tiempo dirá que resuelven los jefes en estos casos o si optan por guardar discreto silencio.

* Los antecedentes consignados han sido obtenidos de un trabajo realizado por las estudiantes de Periodismo  de la P. Universidad Católica de Chile Ignacia Montoya y María José Delaporte, dirigido por el profesor Boris Bezama, bajo el patrocinio de CIPER, Centro de Investigaciones Periodísticas. El análisis y los eventuales errores del texto anterior, son de nuestra propia responsabilidad.   

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