Derechos de aguas: Flagrante violación a los derechos humanos.
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Envejecer en Chile

Patricio Schwaner Saldías

Profesor de filosofía

Que una pareja de ancianos decida acabar con su vida parece ser la respuesta a una sociedad que los ha olvidado y traicionado. En el ultimo tiempo la cifra de adultos mayores “cansados de vivir” ha ido en aumento, lo cual merece a lo menos una pequeña reflexión de nuestra parte, pues a fin de cuentas todos llegaremos a ser ancianos algún día.

Las bajas pensiones, junto con la nula preocupación por su inclusión social son las causas más deleznables de este mal actual. Esta problemática contrasta de forma brutal con la visión que poseen otras culturas, a saber, la japonesa. En la que los ancianos son considerados como seres dignos de respeto y admiración por la entrega generosa en favor de la construcción social. De hecho, Japón cuenta con un día festivo, denominado día del respeto a los adultos mayores (Keirō No Hi). Ahora bien, ¿Qué visión tenemos en nuestro país? ¿Por qué existe una barrera infranqueable entre la juventud y la ancianidad? ¿En que momento dejamos de ser esenciales?

Todo este cuestionamiento surge de la lógica utilitarista, relativista y cosificante de la cual somos victimas. Todo es medido en la proporción de un aspecto económico, y poco o nada nos importa la dimensión humana y espiritual. Esta crisis es el peor mensaje para las futuras generaciones, pues difícilmente tendrán la capacidad de observar su entorno y valorar a quienes les rodean.

La lógica de descartarlo todo resulta una transgresión en nuestros días, nuestra sociedad vive en el instante, consumiendo todo a su paso, abandonando cualquier visión de proyección que podamos llegar a desarrollar. Y en este mismo afán vertiginoso olvidamos quienes somos, de donde venimos y cuales son nuestras aspiraciones. Las pulsiones del individuo se imponen de manera magistral y el modelo de protección a quienes nos antecedieron desaparece sin dejar marca alguna. En definitiva, naturalizamos estas problemáticas y no demostramos preocupación alguna.

Por su parte las políticas públicas no avanzan en esta materia, con mucha sorpresa leía hace unos días que liberarían las entradas a los parques nacionales para la tercera edad, cuestión que si bien puede parecer grandiosa no deja de preocuparme, pues ¿Por qué no podemos liberar además el transporte público y las atenciones de salud? Ciertamente existe una lógica bajo la cual nos movemos y nos resulta complejo el terreno de la empatía, la invitación es a mirar a nuestros ancianos de una forma más activa y menos reduccionista, procurando que sigan involucrándose en nuestro modelo de sociedad.

Sin lugar a dudas la posibilidad de que sigan siendo activos es tremendamente valiosa, pues cuentan con mucha experiencia por entregar y con una amplitud distinta a quienes somos más jóvenes.

El novelista y ensayista francés André Maurois afirma: El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza”. Sin embargo ¿De que esperanza podemos hablar en nuestra sociedad occidental?

Toda esta cuestión me hace recordar la letra de una canción de Fernando Ubiergo que reza:

Los viejos son la vida que se escapa apoyada en un bastón, los viejos son manada en retirada del espejo y del reloj y sienten en la boca un sabor que les provoca decir que el tiempo de antes fue mejor y guardan la tristeza en el corazón…. Ellos guardan en papeles amarillos, compromisos que el tiempo jubiló y hacen fila, para recibir migajas que la patria les devuelve por favor”.

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1 Comentario en Envejecer en Chile

  1. Claro que nos falta respeto, consideración y validar la historia de nuestros viejos, claro que sí.
    Muy Buena crónica, digna de difundir

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