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CONVERSOS, TIMADORES Y NEGACIONISMO

El nombramiento de Mauricio el Breve como Ministro de las Culturas por Sebastián Piñera desató una tempestad que solo le permitió permanecer en el cargo durante un weekend. Duro para el gobierno y también para él. La historia del hombre circuló ampliamente por las redes sociales quedando al descubierto el personaje real. El mismo que, junto a su socio el canciller Roberto Ampuero, se autodefinió como  converso. En el libro Diálogo de Conversos el tándem de escritores se explaya sobre lo humano y lo divino. Se caen en muchas cosas pero donde hunden la pata en el fango de su propia historia es cuando golpean al respetado Museo  de la Memoria al que Ampuero cataloga como el “museo de la mala memoria”. Antes en CNN el ex Ministro de las Culturas había manifestado que  ese museo contaba “una versión falsa de la historia de Chile”.

Estos dos personajes ¿son conversos o simples timadores? Me lo pregunto honestamente porque de conversos algo sabemos. El primero que se recuerda es aquel Saulo, soldado romano  que en el camino de Damasco recibió el mensaje de Cristo, aquel de “Saulo…Saulo ¿por qué me persigues?” Vino  la conversión inmediata de aquel rudo soldado. El converso es San Pablo uno de los padres  de  Iglesia. Hubo otros y muy famosos convertidos al catolicismo como Graham Green, Tony Blair, Santa Teresa de Benedicta de la Cruz (Edith Stein) muerta en Auschwitz, Gary Cooper. También convertidos al islam como el filósofo francés Roger Garaudy y Cassius Clay. Desde luego  también hay conversos políticos célebres como Enrico Werlinguer uno de los padres del Eurocomunismo como respuesta al comunismo estaliniano y desde luego que en nuestra propia renovación socialista también hay mucho de eso. Sin embargo en el caso de los dos personajes mencionados no encuentro nada de conversión principalmente por sus respectivas historias y porque en estos procesos de conversión hay muchísimo de evolución intelectual y una cierta humanidad y visión de los procesos sociales. De eso nada en esta pareja. En ellos solamente se percibe  una traición ramplona a un ideal que, alguna vez habrían tenido. Como buenos buscas supieron arrimarse  a intelectuales de derecha liberal como el escritor Vargas Llosa, converso de verdad pues fue comunista y admirador de la Revolución Cubana en sus comienzos. Con este apoyo se acercaron a un Piñera y a una derecha chilena que, sin problemas y necesitada de este tipo de personajes para proyectar una imagen más “liberal”, los acogió. Estos dos no son conversos, son timadores profesionales, es decir, personajes que van montando una historia que al final los aúpa a las cercanías del poder. Piñera, quien no se caracteriza por ser prolijo y menos cuenta con un bagaje cultural e intelectual que le habría permitido detectar a estos timadores que posan de escritores, los acogió. Además le eran necesarios en su nuevo relato para enfrentar un segundo gobierno.

Dicho esto, cito a Genaro Arriagada que señala en un artículo para El Mercurio, a propósito de los dichos del ahora ex Ministro de las Culturas, “la amnistía como recurso judicial y la amnesia cultural, son nefastos para una sociedad”. Nada más cierto y en el caso de los dos escritores de marras se ha ido más lejos que la sola amnesia pues han caído en el negacionismo. Es decir, han catalogado al museo como el de la “mala memoria” y que da “una versión falsa de la historia de Chile”. He ahí el negacionismo puro. Mutatis mutandis, Le Pen negando la existencia del holocausto. La reacción de la gente a través de las redes sociales ha sido notable y ha obligado a Sebastián Piñera a dar marcha atrás. Pero lo ha hecho en su estilo: aparente claro y fuerte rechazo a las expresiones del ex ministro pero con la letra chica de que también es necesario hablar del “contexto” en que ocurrieron los crímenes. Esto equivale a sostener que los responsables de aquellos crímenes son finalmente las víctimas debido a  sus presuntas actividades contrarias a las de  sus victimarios. Este enfoque es tan despreciable y condenable como el negacionismo por cuanto al final relativiza la gravedad de los crímenes cometidos y cuyo recuerdo para los chilenos está contenido en el Museo de la Memoria.

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