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De complejos y síndromes (Parte II)

Ana María Pandolfi Burzio

Docente Inglés, Alemán. Traductora Inglés-Español. Magister en Arte c/ Mención en Lingüística.

El diccionario citado ilustra con otros ejemplos atingentes a aspectos médicos o genéticos que no hemos incluido en el presente comentario. Eso sí alude al “síndrome de Estocolmo” que se refiere al caso del secuestrado/a que termina comprendiendo los motivos del secuestrador/a para delinquir e incluso, en ocasiones, se enamoran.

Otro claro ejemplo del diccionario citado es “el síndrome de Pánico”, denominado también “crisis de pánico”; fenómeno psicológico que se define como “cuadro clínico de miedo compulsivo relacionado con la depresión”. Este síndrome se expresa como un temor a los espacios cerrados -tipo similar a la claustrofobia-, es decir, un miedo a desplazarse por sí mismo en lugares públicos llenos de gente; en general, se trata de un temor inexplicable a todo espacio cerrado, como ascensores, bodegas, subterráneos, metros, entre otros, y el sujeto afectado por este síndrome siente pánico irracional, dificultad para respirar, sudoración y sensación de perder la noción en cualquier momento. Hacemos referencia a continuación, “al síndrome de Münchhausen” como sinónimo de aquel que cree sus propias mentiras; tal vez podría homologarse con el término que se conoce como “mitómano”, el que inventa historias hasta auto convencerse de que son verdaderas. El nombre de este síndrome deriva de Karl Hieronymus, Barón von Münchhausen, aventurero alemán del siglo XVIII, famoso por sus aventuras y viajes, durante los cuales experimentaba múltiples situaciones inverosímiles.

“El síndrome de Peter Pan” se conoce ampliamente por designar al “niño que no quería crecer”; es el eterno niño –que realmente no lo es– y que se comporta como tal, a pesar de que este comportamiento no condice con su edad cronológica. Podría tratarse quizás de una conducta infantil, no por desarrollo físico deficiente, sino por un desarrollo psíquico inadecuado, a fin de sentirse protegido por sus padres y pares.

¿Quién no ha oído hablar del “síndrome del Nido Vacío”? Ocurre generalmente con las madres cuando los hijos –ya sean adultos o no– abandonan el hogar para tomar sus propios rumbos, sean éstos profesionales, sentimentales o personales y dejan a la madre y su hogar de crianza. La madre, cual “gallina que ha protegido a sus pollitos bajo sus alitas”, se siente sola, triste, abandonada, su vida está vacía porque ya no tiene de quien ocuparse ni a quien atender; en algunos casos, este síndrome termina en situaciones que requieren de terapias adecuadas.

El síndrome que se llama “síndrome del Cuidador” se refiere a la persona que cuida a un paciente por largo tiempo; esta persona desarrolla una empatía tal, que siente tristeza, preocupación, soledad, irritabilidad provocada por el cansancio de hacerse cargo del enfermo y no poder ayudarlo adecuadamente con su atención a diario. Se siente culpable por posibles errores que podría cometer en la administración de medicamentos o curaciones que le practica y, sin saber qué hacer, cae en un estado depresivo.

Con la gran cantidad de femicidios ocurridos en los últimos tiempos, se ha originado la expresión “síndrome de la Mujer Abusada”. Se trata de la mujer golpeada, abusada física y psíquicamente que justifica los hechos de violencia, aduciendo que es su propia culpa y se niega a presentar cargos por violencia intrafamiliar ante la policía. Es el tipo de mujer sumisa o sometida por temor al macho violento o al qué dirán en el vecindario. Son hechos lamentables porque en muchos casos terminan con la muerte de la mujer.

Dado a que hablamos de la mujer, conocido es ciertamente “el síndrome de Medea”, figura de la mitología griega que dio origen a dos tragedias de Sófocles. Medea era esposa de Jasón, quien se enamoró de Creusa; Medea, movida por los celos y la traición de su marido, dio muerte a sus hijos y a su rival. Este síndrome es propio de la mujer que descarga en sus hijos el odio, la rabia, el repudio y los celos que siente por su marido que la ha dejado por otra mujer. Estos sentimientos negativos de la mujer se manifiestan en castigos corporales o presión psicológica sobre los hijos, negarles su amor de madre, su cariño, cuidados y ellos sólo reciben el menosprecio de su progenitora.

Recientemente, leyendo la revista Muy Interesante (junio 2018, pág.44), encontramos un síndrome muy raro que se llama “Síndrome del Acento Extranjero” por su sigla en inglés FAS (“Foreign Accent Syndrome”). Es un trastorno poco común que se presenta cuando una persona habla su lengua materna con un acento de otro idioma, a causa de un efecto colateral que surge por una lesión o daño cerebral graves. Fue descrito por vez primera en 1907 por el neurólogo francés Pierre Marie (1853 – 1940). Es un fenómeno del habla escasísimo y el último caso que se conoce ocurrió a principios del año en curso en Arizona, EE.UU. Un estudio publicado en el año 2011 registra únicamente 60 casos a nivel mundial que presentan esta anomalía fonética.

Hace poco leímos sobre un síndrome –conocido en la actualidad cosmetológica – y denominado “Síndrome de Dorian Gray” que alude al excesivo uso de maquillaje o a la permanente aplicación de bótox o ácido hialurónico, entre otras técnicas de rejuvenecimiento, que también pueden ser quirúrgicas, con el propósito de lograr una apariencia siempre joven, en especial para el rostro. La alusión es literaria, refiriéndose al personaje de la famosa obra de Oscar Wilde “El retrato de Dorian Gray”, quien no envejecía jamás, pero un retrato suyo al óleo reflejaba todos sus vicios, crueldades y maldades, guardando el personaje su aspecto de eterno adonis.

Sería propio que siguieran tildándose de “complejos” o “síndromes” algunos estados psicológicos que esta vida vertiginosa y competitiva nos depara en nuestro vivir cotidiano. No sería raro, en consecuencia, y en un futuro no muy lejano, que tuviéramos que hablar del “complejo digital”, “robótico”, “domótico”, etc. o de “síndromes del entorno poluído, estrecho, falto de espacio vital, la vida sin amor, sin familia , de amoralidad, de la mortalidad humana y de todo ser vivo, o de la avanzada edad a la que estamos llegando”, para servir de estorbo a la sociedad de los más jóvenes –los “milennials” o “la generación Z”, de la que ya se habla. Busquen y encontrarán.

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