Deporte nacional...Robarle al estado y sacar premio!!! (Penta, Soquimich, otros...)
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DE LA EUFORIA A LA REALIDAD

Maroto

Desde Canadá.

La euforia que acompañó a la “Tercera Ola” de transiciones a la democracia mencionada por Huntington, ha dado paso a difíciles realidades en muchos países en Latinoamérica. Mientras que los problemas económicos han estado en la mayoría de los encabezados de los medios de comunicación social, los desafíos políticos no lo han hecho mal, ocupando primeras planas casi a diario. En estos últimos decenios la mayoría de las nuevas democracias han realizado esfuerzos no menores para liberalizar la política y las economías, con la expectativa de que esto conllevaría una sinergia que promovería el desarrollo y por añadidura profundizaría cambios sociales importantes y necesarios. Sin embargo, estas nuevas oportunidades políticas y económicas no se han traducido en la esperada cura para algunos de los problemas endémicos que han sido una característica de Latinoamérica.

En ausencia de esta sinergia, las nuevas democracias, especialmente en los países más pobres, no tuvieron más alternativa que recurrir a los países ricos para obtener el apoyo económico que les permitiera sobrevivir. Esta ayuda desesperadamente necesaria fue concedida, después de largos procesos de negociación, por instituciones como el FMI y el Banco Mundial, acarreando consigo un costo y compromisos altamente gravosos para las nuevas democracias que ya se encontraban en problemas. Como resultado de estos acuerdos, en muchos casos abusivos, la democracia es hoy percibida por muchos ciudadanos como la causante de un aumento de la pobreza, la inseguridad en el ámbito personal y la existencia de un liderazgo ineficaz en el ámbito público.

Como ya hemos mencionado en un artículo anterior, Linz y Stepan afirman que para que un estado funcione eficientemente y una democracia pueda consolidarse, cinco dimensiones constitutivas tienen que interactuar con éxito: un estado de derecho; un conjunto funcional de burocracias institucionales; una sociedad económica que no es sólo un mero mercado capitalista; una animada y activa sociedad civil; y una sociedad política relativamente autónoma.

En el territorio de un estado, los actores políticos principales, especialmente el gobierno y el aparato estatal, deben someterse eficazmente a la letra de la ley, que protege las libertades individuales y la vida asociativa; debe también existir una burocracia de estado que manifestada en el gobierno democrático, es capaz de proteger los derechos de sus ciudadanos y proporcionar los servicios básicos requeridos en respuesta a las demandas de la población; debe haber una institucionalizada sociedad económica que media entre el estado y el mercado, garantizando la existencia de una red seguridad social para sus ciudadanos y la mitigación de las desigualdades económicas resultantes de un sistema económico esencialmente competitivo; debe existir una sociedad civil que incluya la auto-organización de grupos, movimientos e individuos, relativamente autónomos del estado, que intentan articular valores y promover solidaridades. Por último, una sociedad política autónoma implica la existencia de una esfera en la que los ciudadanos se organizan políticamente, para a través de la participación, ejercer el derecho legítimo a monitorear y controlar el poder público y el aparato del estado. Estas cinco dimensiones son distintivas y complementarias y, según Linz y Stepan, la supervivencia de un estado fuerte y una democracia sólida depende de ellas.

A lo largo de las décadas de 1980 y 1990 Estados Unidos fue una fuerza principal en la imposición de programas de ajuste estructural en la mayoría de los países del sur. Formulados como condiciones por el gobierno del norte y las instituciones financieras internacionales, estos ajustes estructurales exigieron cambios de política macroeconómica obligando a las naciones beneficiarias a liberalizar sus políticas comerciales y de inversión a través de reducciones en el gasto gubernamental y el empleo; el establecimiento de tasas de interés pre-acordadas; la devaluación de la moneda; el establecimiento de salarios reales más bajos; la venta de empresas estatales en condiciones perjudiciales para los intereses del estado; y la liberalización de los reglamentos de inversión extranjera. Prácticamente todos los países en desarrollo, particularmente en América Latina y África y cada vez más en los países en transición de la Europa del este y central, tuvieron que implementar o debieron consentir en la realización de acuerdos internos para conformar sus políticas de gobierno a los mencionados programas de ajuste estructural.

Sin embargo, mientras que las hojas de balance mejoraron temporalmente, estos programas no lograron establecer una base sólida para un desarrollo económico sustentable y equilibrado. Por el contrario, llevaron a la bancarrota a muchas de las industrias locales y crearon un efecto devastador en los servicios sociales básicos, generando una mayor dependencia de las importaciones de alimentos y fomentando una creciente brecha entre ricos y pobres. En Resumen, los programas de ajuste estructural, impulsados más por un principio ideológico neoliberal que por una verdadera preocupación por el bienestar de los países en desarrollo, han ignorado abiertamente las necesidades individuales y el potencial de cada país, generando una serie de problemas económicos, sociales, políticos y ambientales nuevos y profundizando los ya existentes.

Es en este contexto que resulta valido preguntarse cómo programas de ajuste estructural implementados hace ya un par de decenios pueden haberse transformado en un factor importante en el debilitamiento que hoy observamos en el estado y la involución de nuestras democracias.

Preguntas interesantes por explorar son, ¿Cuál es la relación entre la ayuda económica brindada a nuevas democracias débiles (impuesta en la mayoría de los casos) por los países ricos y el debilitamiento de la capacidad del estado para funcionar con eficacia en las cinco dimensiones descritas por Linz y Stepan? ¿Fracasaron quizás estos ajustes estructurales en el teórico esfuerzo por fomentar un desarrollo económico sostenible en la región?  ¿Tuvieron acaso el efecto perverso de profundizar en la desigualdad de la distribución del ingreso? ¿Contribuyeron tal vez en el paulatino desmantelamiento de las instituciones que estas nuevas democracias requerían para consolidarse? ¿Favorecieron estas políticas neoliberales la promoción de una cultura de competencia salvaje en desmedro de valores culturales y sociales, dando por resultado la desintegración acelerada de la sociedad civil y política?

Es claro que la euforia que acompañó la recuperación de la democracia hace ya un par de decenios ha dado paso, en importantes sectores de la ciudadanía, a una sensación de decepción y escepticismo. Frente a esta realidad, es nuestra responsabilidad entender las causas de este paulatino desencantamiento para así poder introducir los cambios necesarios para enmendar el rumbo. Responder a las preguntas antes planteadas, puede contribuir en parte a este desafío.

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1 Comentario en DE LA EUFORIA A LA REALIDAD

  1. Muy buen artículo, abordaje y cuestionamientos. Especialmente llamó mi atención este supuesto: si los programas de ajuste estructural también propiciaron desigualdad….

    Otra cuestión que me inquieta mucho en este momento, a raíz de las recientes denuncias a Oxfam GB; Save the Children, Cruz Roja, Médicos sin Fronteraa, etc. es la fiscalización, rendición de cuentas y monitoreo de la sociedad civil. El artículo dice: “una animada y activa sociedad civil;” añadiría: honesta, ética y fiscalizada para ejercer.

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