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De perfiles constituyentes y otros rasgos

En abril de 2021, deberá procederse a la elección de los convencionales constituyentes. De acuerdo a las normas aprobadas por todos los sectores que tienen representación parlamentaria, esta elección se hará conforme a los distritos que considera la normativa vigente para elegir a los diputados a través de todo el territorio nacional.

La discusión previa se ha centrado, por ahora, en dos temas relevantes: el aseguramiento de un número predeterminado de cupos para la representación de los pueblos originarios en la Convención, y la forma de posibilitar el acceso de quienes ambiguamente son definidos como “independientes”.

Está fuera de toda discusión la necesidad de reconocer los derechos de los pueblos originarios históricamente marginados de niveles mínimos de participación. Sin embargo, el debate se ha complicado tanto por la variedad de los grupos que pueden ser incluidos en esta categoría (de los cuales el pueblo mapuche es el más significativo en número y presencia social y comunicacional) como por la queja de algunos sectores principalmente ligados al oficialismo actualmente gobernante, que ven en la inclusión de estos constituyentes supernumerarios un mecanismo creado para alterar una adecuada y justa representatividad. Al parecer, este problema estaría relativamente resuelto salvo problemas inesperados de última hora.

Si bien el punto señalado es bastante complejo, el tema relativo a la participación de los “independientes” es más complejo todavía. En primer lugar, debe resaltarse lo equívoco del lenguaje que se utiliza, ya que existe una fuerte tendencia a confundir el concepto de “independiente” y con el de “no militante” como si fueran una sola cosa lo que, por supue4sto, es ajeno a la realidad. Si bien todas las encuestas coinciden en determinar que una abrumadora mayoría de ciudadanos se autodefine como “independiente”, en los hechos gran parte de ellos procede a situarse, acto seguido, como afín a la extrema derecha, a la derecha, a la centro derecha, a la centro izquierda, a la izquierda o a la extrema izquierda, constatándose así que sus niveles de autonomía son bastante relativos.

El 7 de noviembre pasado, se dio a conocer la última encuesta realizada por IPSO en conjunto con Espacio Público, trabajo que alcanza importantes niveles de reconocimiento por su calidad técnica y que fue realizado en el período post plebiscito.

Al ser invitados los encuestados a definir los rasgos principales que debieran definir a los convencionales, las principales menciones se concentraron en tres aspectos: Expertos en temas constitucionales; Profesionales destacados; y Dirigentes de movimientos ciudadanos tales como organizaciones de base (sindicatos, juntas de vecinos…). Es decir, en el querer ciudadano hay un claro reconocimiento en cuanto a que la participación prioritaria “del Chile real” en el proceso, requiere conjuntamente la integración con equipos técnicos que le den la adecuada formalidad y racionalidad a las conclusiones.

A partir de ese punto, la encuesta requirió a los ciudadanos consultados la determinación de cuáles deberían ser los requisitos conforme a los cuales debieran seleccionarse a los convencionales con los siguientes resultados: a) Buen nivel educacional: 77%; b) Independencia de partidos políticos: 59%; c) Tendencia o inclinación política: 56%; d) Edad: 46%; y e) Lugar de residencia: 38%. Lo señalado, permite constatar la preponderancia que se asigna a un adecuado nivel de preparación de los convencionales; la fuerte crítica a los partidos como organizaciones lo que no altera la adhesión a determinadas tendencias; la necesidad de renovar generacionalmente a los actores de la vida política; y, finalmente, el juicio crítico al desarraigo de los representantes desvinculados de los territorios que los eligieron.     

 No deja de ser preocupante, el constatar que los dirigentes de la actual casta política siguen perseverando en su incapacidad de leer las lecciones que la comunidad insiste en dictarles. Su deliberado desconocimiento del mensaje dado en todos los tonos, contribuye al creciente distanciamiento entre las autoridades y la base social. En el momento en que empiezan a definirse las eventuales postulaciones a la Convención, la gama de interesados en servir a la patria aparece integrada por los políticos que ya no pueden repostular a sus cargos, por las hijas del presidente o de sus ministros, por subsecretarios y funcionarios públicos, por estrellas de la televisión, entre otros., en una incitación al gatopardismo como tantas veces ha ocurrido en nuestra historia.

 Las determinaciones hasta ahora adoptadas por los legisladores, constituyen un claro menosprecio al valioso capital humano existente en cada región. Ya es hora de que el país real marque presencia y exija el establecimiento de mecanismos para asentar el funcionamiento de la Convención en los territorios.

A nuestro juicio, a esta altura de los tiempos, el único camino viable hacia un trabajo constitucional que integre realmente a la ciudadanía se podría encontrar en que las universidades chilenas con vocación pública asumieran la tarea de desempeñarse como Secretarías Técnicas temáticas para ordenar la correspondiente discusión y recoger todos los insumos que los ciudadanos y los entes de la sociedad civil les hagan llegar, de tal forma que los convencionales recibieran las diversas alternativas y opciones con una adecuada evaluación de sus consecuencias.    

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