La humanidad continúa, lamentablemente, ligada a los antivalores humanos y apartada de los valores, ética, normas y procedimientos que engrandezcan la bondad, solidaridad y la búsqueda real de una nueva vida.

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Descentralización y La Ciudad Justa

Susana Herrera Quezada

Arquitecta, University of Florida, Gainesville, EE.UU. Cand. PHD Universidad Politécnica Cataluña. Candidata a Constituyente D 20.

Ad portas de la elección de constituyentes, autoridades comunales y gobernadores regionales llama la atención lo poco que se mencionan conceptos como Desarrollo Territorial, Construcción de ciudad y hábitat. Todos conceptos a mi parecer, fundamentales para la construcción de tejido social, algo fundamental para el desarrollo social y la sana convivencia entre los habitantes de un país.

Al contrario de la tendencia internacional, nuestro país mantiene altos niveles de centralismo, prueba de ello es la inédita elección de autoridades regionales, con limitado traspaso de competencias y casi nulo acceso a recursos, que siguen dependiendo de la decisión central. Otro indicador que demuestra nuestra marcada concentración del presupuesto nacional, es el bajo gasto del Estado en los gobiernos locales, no superando este el 24% del gasto total del gobierno.

La idea del Estado unitario, consagrada tanto en la Constitución de 1925 como en la de 1980, no ha logrado generar un camino a la Descentralización efectiva, quizás por la desconfianza del mundo político y las élites, concentradas en la capital, con las regiones y la importancia que estas pueden alcanzar luego de un traspaso real de competencias y recursos.

Es significativo que cuando se habla del rol del Estado, la dicotomía parece ser siempre el tamaño de éste, pero no su grado de eficiencia, y es la Descentralización la mejor forma de administración según todos los estudios sobre el tema, pues incentiva las economías a escala y la competencia entre las regiones.

La Descentralización es importante en una democracia sana, para que finalmente la ciudadanía tenga la participación en las decisiones sobre el crecimiento de la ciudad, acompañada por la administración pública. Como en tantas economías desarrolladas, el privado genera iniciativas,  pero siempre dentro de un marco claro y regulado para generar estabilidad pero también es el estado quien toma la posta con equipos altamente eficientes y capacitados con una visión de mediano y largo plazo para planificar un ordenamiento inclusivo, socialmente equilibrado y ambientalmente justo, garantizando el cuidado de los sistemas de soporte biofísicos, la equidad en la distribución de las cargas y beneficios tanto en territorio terrestre como marino.

En el siglo XXI será crucial contar con mecanismos democráticos y de gobernanza participativa para garantizar la inclusión y que las iniciativas ciudadanas cuenten con la participación directa en las decisiones.  Unas que estén basadas en los principios de justicia y solidaridad, con un desarrollo territorial armónico, donde no se producen cambios de escala, con una gran industria en medio de una zona urbana, (caso Coronel, por ejemplo, o en tantas focos industriales en las ciudades costeras del Distrito 20. Esto genera un deterioro al tejido y la cultura local. En ese sentido el estado no solo debe tener el rol de la planificación del suelo, sino que debe velar por la ecología y actividades que definen la cultura local.

Por otro lado, esto permite que el estado delinee una proyección de futuro, de cómo podemos construir un territorio que proporcione un trabajo, pero no cualquier tipo de trabajo, sino uno inserto en un contexto social y cultural con el cual al mismo tiempo la gente se identifique.  También el desarrollo de los barrios debe ser parte de una planificación comunal, que permita un desarrollo equitativo e inclusivo, evitando sectores que se instalen sin áreas verdes, equipamiento ni servicios de manera equitativa y de calidad.

Finalmente es necesario señalar que la adecuada gestión del desarrollo territorial de las ciudades debe considerar necesariamente el cuidado y respeto por su patrimonio medioambiental, poniendo especial cuidado en humedales y cuerpos de agua, como también el ecosistema marino, que son parte fundamental de nuestro ecosistema. Lo anterior tiene también un componente de justicia medioambiental intergeneracional, pues el cuidado que hoy ponemos en el medio ambiente permitirá heredar ciudades sanas, ciudades interiores y costeras a las futuras generaciones de chilenos y chilenas donde podamos realizar nuestros planes de vida con justicia pero también con solidaridad.

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