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Desolación

Ana María Pandolfi Burzio

Docente Inglés, Alemán. Traductora Inglés-Español. Magister en Arte c/ Mención en Lingüística.

¿Qué es estar desolado? Significa estar solo, desanimado, triste, abatido y sin alicientes. Ante los hechos ocurridos y que siguen ocurriendo en nuestro pobre país, creemos que así sentimos muchos. Sobre todo aquéllos inocentes que se dejan  llevar por el “yo colectivo” que es más fuerte, tenaz y persistente que el “yo individual”. El primero no razona, no distingue el bien del mal, el consciente del inconsciente, el poder y el súper poder que les otorga la bandera que veneran, sin pensar en las consecuencias de sus actos. No existe perdón para los que dañan, maltratan, denigran y pisotean el espíritu humano con sus fechorías, crímenes, saqueos y abusos, no importando el pendón ni el motivo  que los impulsa. Las consecuencias de este colectivismo es tan dañino y malintencionado que pagan justos por pecadores. Recientemente escuchábamos al alcalde de nuestra ciudad, indignado también por la impotencia de todos para poner fin a los actos de destrucción – casi bélicos – que hemos tenido en las últimas tres semanas, aunque no estemos en guerra con otra nación, sino con nosotros mismos. Es loable que los jóvenes se den cuenta de las carencias y falencias imperantes en nuestra sociedad y que afectan a numerosos compatriotas; sin embargo, no notamos mejoría en sus comportamientos violentos, agresivos y destructivos. No son todos; pero esos “todos” debieran desenmascarar- quitarles la máscara tras la cual se esconden – a esos “pocos” que maltratan, agreden y destruyen la propiedad de todos. Jamás se ha logrado en la historia del mundo construir a través de la destrucción. Se fomentan odios y represalias injustas para la sociedad: así no se alcanza ni la equidad ni la justicia. La reconstrucción de lo destruido será mil veces peor, si se continúa con este estandarte de violencia. No tenemos los medios en regiones – ya lo dijo nuestro alcalde – porque debemos pedirlos en la capital. No hay fondos autónomos para estos casos aquí, sin la intervención ni el beneplácito de allá. ¿Por qué mejor no luchan por la descentralización que tanto desfavorece a las regiones? Es por esta poderosa razón que rogamos a los comprometidos en esta “batalla” sin parangón en la historia de Chile: depongan sus “armas”, cesen de destruir o impidan a quienes lo hacen que sigan haciéndolo. Son siempre los mismos, los que pagan las consecuencias: los más deprivados de nuestra sociedad; los mismos por los que ustedes creen luchar para obtener “justicia social”, sembrando el caos, contribuyendo con él, quizás siguiendo otros modelos de protesta, emulando a otras ideologías foráneas  que nunca han prosperado en sus procesos históricos. Están colaborando para incrementar la terrible situación en la que se encuentran la mayoría de los chilenos en estos momentos: lucha por el desplazamiento urbano, el que dura horas para los que deben acercarse a sus lugares de trabajo, al lugar donde estudian – colegios o universidades, academias o institutos, y luego al lugar donde vivan. Ya no tienen tiempo para conversar ni convivir con los suyos por estas horas perdidas. ¿Y cuánto le cuesta al gobierno regional y comunal reemplazar los medios de transporte quemados, o a los autobuseros volver a la normalidad – sin destrozos ni atropellos a sus derechos? Probablemente han olvidado a todos los que queremos  nuestra ciudad: sus parques, lugares de esparcimiento – que en la actualidad sólo pierden dinero y no pueden pagar a sus colaboradores por falta de fondos. Su comercio, lugares de abastecimiento de víveres y vestimenta parecen fantasmas dejados atrás por bombardeos. No sigan por este camino. Es una súplica de los que hemos vivido en gobiernos de izquierda, de derecha, de centro, de anarquía como la actual, en la que no se respeta ni a la autoridad ni menos a las personas. Vuelvan a estudiar para poder ayudar al país en su reconstrucción y a los menos favorecidos. Terminemos con este odio visceral que nada positivo acarrea; no compone nada, sino todo lo contrario, descompone todo. Hagamos un esfuerzo por Chile y los chilenos que sufren las consecuencias de actos premeditados y concertados, no cabe duda.

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8 Comentarios en Desolación

  1. Me encanta leerla .
    Gracias por guiar nuestros razonamientos.
    Que lástima todo lo que sucede, es culpa de todas las instituciones, de todos los gobiernos, pero éste en particular, en donde los ministros, además de pisotearnos, se rieron de todos nosotros

    • Luz, todo es verdad lo que Ud. aduce. La mofa toca el alma humana; la risa nos mueve a reaccionar. Gracias, Luz, por leerme.

    • Javier, todos aportamos cuando intentamos ser sensatos, algo difícil, pero no imposible. Se logra más que con armas y violencia. Agradecida.

  2. siempre sus comentarios y análisis tiene una lógica implacable, en este, me parece que le faltó la visión contemplativa y misericordiosa con los que siempre sufren el peso de los poderosos.
    Amor, justicia y Misericordia es lo que le falta a esta sociedad.
    Gracias Ana María.

    • Pablo, siempre he estado al lado de los que sufren; de hecho, me gusta más servir que ser servida. En esta sociedad se han perdido los valores que nuestros padres nos dejaron. No hay justicia, menos amor y qué hablar de misericordia, palabra hermosa, de etimología latina que dice «apiadarse del corazón» de los demás. Gracias por el alcance.

  3. Siempre sus razonamientos son claros y muy sensatos, esta vez, extraño una mirada sobre los responsables de todos los abusos cometidos hace ya mas de treinta años y una palabra sobre los poderosos abusadores.
    Como siempre mi admiración para usted Ana Marìa.

    • Gracias, Mario, pero lo que estamos sufriendo es más injusto que la injusticia misma. Siento los destrozos de lo público que todos disfrutamos, desde el empresario hasta el lustra botas que ahora no puede ni ganarse el pan diario. Lamentablemente hemos llegado a este punto por promesas no cumplidas, sino sólo lanzadas al aire con fines electores y no me abanderizo con nadie. Gracias de nuevo.

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