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DESPUÉS DE LA CÁRCEL

Belén Pulgar Neira

Periodismo U. de Concepción.

¿Qué nos hace hacer el “mal”? Entendiendo éste como todo lo socialmente aceptado que atente contra los valores humanos -lo que establecemos como bueno y malo-, y a su vez teniendo la flexibilidad de los principios de cada ser humano que extiende o recorta la lista de maldades.

Me pregunto si estamos considerando la raíz de esos comportamientos en aquellos que hacen daño. Me pregunto si pueden cambiar, si luego del castigo y un buen trabajo de reinserción social volverían a hacer lo mismo, si el mundo les daría otra oportunidad, si la condena pública no los asesinara por dentro, si entonces fuera verdaderamente necesario su exterminio o segregación del mundo real.

Mas no, es demasiado utópico pensarlo cuando existe tanto odio y resentimiento en el corazón de las personas. Y por solo pensarlo quizás intenten destruirme, no los culpo. Porque ¿cómo voy a perdonar a alguien que me ha hecho daño? ¿Cómo voy a dejar de creer que no todos son malos? Pues puedo perdonar y  a la vez entender que no tuve la culpa cuando alguien me dañó. Su entorno lo convirtió en eso, y aunque suene inocente, espero no lo repita con alguien más. Asimismo no creo que todos sean malos. Si creyera eso no podría creer -valga la redundancia- en el mundo y estaría rindiéndome sin ofrecer solución alguna al problema.

Es más sencillo ser realista- pesimista porque solo queda no confiar, no creer y echarle la culpa al otro. Pero ¿dónde queda la autocrítica cuando sin darnos cuenta ofendemos y disminuimos al otro ser por estar demasiado ocupados criticando y pensando mal, siempre esperando lo peor?

Podría ahondar más aún en el tema para llegar simplemente a la clásica conclusión de que “no se puede hacer nada porque siempre alguien se ofende”, o que “es un tema generacional” -cosa que no deja de ser cierta”. Mas,  prefiero centrarme en qué es lo que pasa después de la cárcel, después del castigo social. El rostro del criminal se olvida mientras su nombre queda manchado, jamás ha de abandonar su condición de condenado. Jamás se le va a confiar algo, no podrá relacionarse con naturalidad a pesar de todo el posible trabajo de reinserción social. Pareciera ser que lo importante en estos días se centra en el castigo, no importa cuál sea.

Cuando estaba en primer año de la universidad tuve que leer a Flora Davis en “El lenguaje de los gestos”, libro que tiendo a citar incansablemente. Recuerdo que ése fue el momento en el que entendí por qué las cárceles no funcionan, al menos en algunos lugares del mundo. Las cárceles chilenas se caracterizan al parecer por no dar abasto -sin contar el hotel Punta Peuco,  claro-, en lo que además se ven las precarias condiciones en que viven los reos. Flora Davis explica en su libro que en la prisión se pierde el espacio burbuja (espacio personal) y la soledad, por lo que el ser humano no puede desarrollarse como persona, ni meditar respecto a su existencia y crímenes, por lo que el ser humano tiende a convertirse en una persona más propensa -increíblemente- a la violencia física y/o emocional.

Entonces pienso en dos situaciones. Primero, en la sociedad actual en la que está presente la funa social mediante las redes sociales,  medios de comunicación y el daño que hacen. Y luego, pienso en una de las mejores películas que he visto, Shawshank Redemption,  en la que un reo escapa luego de 20 años cavando un túnel. En el film hay un hombre que cuenta haber pasado más de la mitad de su vida en prisión, por lo que cuando está por salir en libertad, se suicida el día anterior en su celda. Ya no conoce el mundo exterior, y además, ¿quién querría contratar a alguien que estuvo encarcelado?

He ahí un conflicto que me molestará quizás para siempre, la peligrosidad de la funa pública y las consecuencias del encarcelamiento pues el mundo exige que el criminal pague, solo pague. No importa cómo ni cuánto. Al mundo no le importa ni el precio ni lo que suceda después, solo quieren un “intercambio equivalente”, un “que sienta lo que yo sentí” sin importar cuál fue su delito.

Mas,  así también hay quienes “no lo merecen”, es impresionante la facilidad con la que establecemos parámetros de lo bueno y lo malo, y así como dicen en una de mis series favoritas, ¿es tan diferente matar a un hombre inocente o a uno culpable cuando el resultado es el mismo? El resultado siempre es, un hombre muerto, un hombre excluido, un hombre segregado. De todas formas, todo ser humano es capaz de cometer un acto de violencia,  dadas las correctas circunstancias, incluso el más gentil de ellos.

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2 Comentarios en DESPUÉS DE LA CÁRCEL

  1. Es el modelo social y económico Belén, nos coarta, nos limita nos influye hasta en nuestro modo de razonar…
    Sobre todo en individuos que no tienen otra experiencia de vida, ni vivida ni vivencial… Esos, son mas permeables.
    El modelo imperante requiere, necesita para permanecer vigente personas sin conciencia crítica, sin capacidad de cuestiona-miento.
    El “sálvate a ti mismo” quedó grabado y reina en las conductas de las mayorías, que no conocen ni ética ni moral ni normas de conductas solidarias… No tienen a quién hacerle el “Bien”, hay que triunfar a toda costa, la competencia nos obliga a doblegar a los que rondan nuestros espacios.

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