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DISCURSOS QUE MATAN

Opinión

Valentina Medel Ziebrecht

Directora Regional SERNAM

Como Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, nos vemos en la obligación ética de responder a una columna publicada en este espacio el pasado lunes, bajo el título de El matriarcado encubierto.

Es lamentable leer este tipo de reflexiones, sin fundamentos ni datos serios, porque ponen en entredicho el trabajo de organizaciones, instituciones y movimientos que durante décadas han luchado para promover la igualdad en el ejercicio de los derechos humanos y ciudadanos de las mujeres; una igualdad que en la Historia hemos tenido que conquistar derribando las ideas más conservadoras, rígidas y agresivas.

En 2015 en Chile, 112 mujeres sobrevivieron a un ataque femicida; 45 fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas, siendo las víctimas silenciosas de una realidad que viven a diario miles de mujeres en sus hogares, en las calles y en el espacio público en general. Las mujeres somos víctimas del 86,3% de las agresiones sexuales en la Región; el resto son en su gran mayoría niños y niñas ¿Cómo explicarles a todas ellas o a sus familias, que hay personas que aún piensan que se debe a fenómenos naturales, a la ubicación de los genitales o a la forma de vestir? ¿Es decir que esas más de mil mujeres en la Región decidieron provocar una agresión sexual?

Nos gustaría que la realidad fuese de otra forma, pero si no bastara con la violencia física y sexual, todas las estadísticas de participación política, de participación laboral, de brecha salarial, hablan objetivamente de una realidad que se nos muestra como una serie de consecuencias de una concepción machista, discriminatoria y violenta, que precisamente se reproducen en la publicación aludida.

Por cierto, una concepción que debemos erradicar desde la niñez, eliminando los estereotipos rígidos de género que nos dicen cómo debemos ser hombres y cómo ser mujeres, con un dispositivo de roles y formas que justifican aquellas brechas, discriminaciones y barreras de género, que no son producidas por las mujeres, sino por una cultura que se reproduce y se refuerza a través de las familias, la educación, los medios de comunicación, entre otros, imponiendo expectativas de belleza, de éxito y conductas esperables.

Mientras más mujeres sigan sufriendo o muriendo a diario por culpa de estas concepciones, todas las medidas y todos los cambios siguen siendo urgentes; y todas las expresiones violentas y discriminatorias siguen siendo repudiables.

Discursos que matan, porque justifican la violencia contra las mujeres, nos culpa de las agresiones de las que hemos sido víctimas en la historia; pero un discurso que además invisibiliza a aquellas que se sobrepusieron a estas inequidades y han construido una vida autónoma, convirtiéndose en referentes de otras mujeres, ocupando sus voces para poner en el debate público una situación que requiere urgencia, seriedad y convicción para trabajar como estamos haciendo en sintonía desde las organizaciones sociales, desde el Gobierno y desde todos los espacios comprometidos con la consolidación de nuestros derechos humanos.

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