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Editorial: Cada día es más claro.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

En un siglo, las fuerzas políticas que se identifican con la derecha (o la “centro derecha” como se acostumbra a decir actualmente para morigerar los términos) han conquistado democráticamente tres veces la Presidencia de la República. En ambos casos, ni Jorge Alessandri ni Sebastián Piñera 1 dejaron sucesores políticos.

Por supuesto, en ese largo lapso los sectores más conservadores de la sociedad mantuvieron el control real del poder tanto a través del dominio económico, financiero, comunicacional y religioso como por medio de artilugios que le permitían manejar la institucionalidad formalmente democrática. La calificación de las elecciones municipales por un “tribunal” integrado por “el mayor contribuyente de la provincia”, la distribución territorial de los cargos de representación popular (cuatro cupos para el popular “tercer distrito” de Santiago y nueve para la provincia de Cautín con un cuarto de la población del anterior), la vergonzosa entidad de los “senadores designados”, no solo constituyen anécdotas sino ejemplos relevantes de mecanismos ideados por las elites para mantener su preeminencia a pesar de perder las elecciones.

El presidente Piñera y su equipo, con plena conocimiento de esta realidad histórica, se han propuesto una meta ideal: dejar una sucesión de su misma orientación y tendencia.

Su propósito cuenta a su favor con una oposición inorgánica, desarticulada y en gran medida irresponsable.

Pero, al mismo tiempo, enfrenta dos problemas.

Uno, del cual al parecer no tiene adecuada conciencia, de que su abrumadora victoria electoral del 2017, no significó en manera alguna un apoyo político incondicional como lo demuestra el simple hecho de que la ciudadanía optó al mismo tiempo por una clara mayoría opositora para el Parlamento.

Otro, del que sí está consciente, de que en el seno de las fuerzas que conforman su coalición coexisten (sería pretencioso decir que conviven) dos fuertes tendencias que sobrepasan el marco estrecho de los partidos políticos: el liberalismo, claramente minoritario, con su propia ideología pro derechos y libertades individuales, con indisimulada condena a los abusos de la dictadura, por una parte, y el autoritarismo extremista, muy afín a tal régimen y muy justificante de los atropellos a los derechos humanos.

El Mandatario ha tratado, hasta ahora, de gobernar para las encuestas equilibrándose entre una y otra tendencia ya que considera que dejar en La Moneda a un heredero sería su gran victoria personal. La sola circunstancia de que en el encuentro de la alianza oficialista (ministros, dirigentes, parlamentarios) realizado hace diez días en Cerro Castillo, hayan participado personeros de la empresa encuestadora CADEM, constituye un fiel reflejo del terreno que se está pisando.

Para alcanzar tal propósito, Piñera 2 ha decidido definitivamente dejar de lado toda legítima aspiración a concretar “políticas de Estado”, que proyecten y concreten respuestas a los grandes problemas y requerimientos de una sociedad que hoy se empina a los 25.000 dólares per persona de ingreso pero que se debate en un complejo de insatisfacciones causadas por una escandalosa desigualdad.

Desde ahora en adelante, la opción será la de gobernar con las emociones, conectándose con los temores o miedos de las personas. Se trabajará en crear lo que los sociólogos llaman “climas de opinión” que se expresen en encuestas, control de la agenda comunicacional (con la complicidad de la gran prensa), en la esperanza de que todo ello se traduzca, en último término, en apoyo electoral.

La explotación del “miedo al delincuente”, del “odio al inmigrante” (especialmente por el color de su piel), de la tristeza por no acceder al colegio soñado, del temor a que se pueda perder el relativo bienestar económico alcanzado, serán las áreas preferentes a trabajar.

Está demostrado que las preocupaciones básicas de la gente son el orden y la seguridad, especialmente para una ciudadanía de clase media y de edad madura. Por esa razón, la opción oficialista, que ha carecido siempre de un relato ideológico explícito que ofrezca una visión de la sociedad que se quiere construir, será concretada a través de técnicas de psicología social sustentadas en las inseguridades y angustias individuales y familiares. La política dejará de lado la razón y se abrirán las puertas al racismo, a la xenofobia, al pobre, al distinto, plagas ante las cuales definitivamente Chile no está inmune.

Mientras tanto, la oposición hiberna entre el sinsentido y las niñerías políticas.

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1 Comentario en Editorial: Cada día es más claro.

  1. Un retrato a la sociedad, un espejo donde se pueden apreciar el nuevo estilo del gobernar por medio de las emociones y los miedos. Es el mismo trabajo permanente que las iglesias evangélicas lideradas por las » bancadas» en el congreso.

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