Se están violando los derechos de la ciudadanía, se "carcome" la institucionalidad del país , los ciudadanos deben salir al rescate de la justicia y la verdad.
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Editorial: El “show” de la “education”

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

La llegada de cualquier turista angloparlante a nuestro país, lo enfrenta a una realidad difícil de comprender. Más allá del desagradable primer impacto causado por la basura que abunda abandonada en cualquier parte, hecho tan propio de la mayor parte de las naciones “sudacas”,  le produce satisfacción  constatar que ha llegado a una nación bilingüe.  Todos los apelativos que se observan en vitrinas y puertas de los establecimientos comerciales,  así lo demuestran.

La sorpresa  mayúscula se le  produce cuando el visitante pretende dialogar con meseras, garzones, vendedores de tiendas o librerías, encargados de agencias de turismo o del buró oficial de informaciones sobre esta materia, de empleados de bancos o casas de cambio, y descubre que todos no conocen más que algunos sustantivos o adjetivos de uso frecuente y son incapaces de comprender una frase interrogante o de elaborar una respuesta coherente en el idioma más internacionalizado del planeta.

La verdad era otra: el turista no había llegado a un país bilingüe sino a un país categóricamente enfermo de siutiquería.

Esa simple realidad, que pudiera extenderse sin mayores dificultades a otras áreas del conocimiento, es una muestra incuestionable del fracaso de nuestro proceso educativo.

Desde la década de los años 60 en el siglo pasado, en que se expandió la cobertura educacional básica  logrando que ésta llegara virtualmente al total de la población infantil incluyendo a los niños del vasto sector rural, ningún Gobierno ha sido capaz de dar el paso siguiente y entrar de lleno a abordar el problema de la educación al interior del aula. Muchas iniciativas se han puesto en marcha – municipalización, jornada escolar completa, tecnificación, liceos bicentenarios, gratuidad, provisión de textos, procesos de “admisión justa”, entre otras- acompañadas de la destinación de ingentes recursos materiales y financieros, pero  todas han sido tentativas laterales que se han difuminado sin haber llegado a resultados concretos observables.

Resulta un verdadero lugar común la constante afirmación de “expertos” y de la prensa tradicional, en cuanto a que los modelos educativos ejemplares se encuentran en los países nórdicos o en Singapur. Tal aseveración ha llevado a que periódicamente visiten esos lugares,  burócratas del Ministerio del ramo, diputados, senadores, alcaldes, concejales y asesores, para darse un rápido baño de modernidad que, a los pocos meses, se traduce en que se siga “donde mismo”.

Todo el mundo interesado lo sabe: la reforma educativa sustantiva, esencial, implica un esfuerzo superior constante  de casi tres décadas, a tal extremo que empezar mañana es simplemente empezar tarde. Pero, en algún momento se debe partir.

Se trata de un proceso extenso y complejo pues en ese mismo lapso, paralelamente,  debe apoyarse a las generaciones que ya se encuentran insertas en el proceso,  buscando superar de la mejor manera posible sus deficiencias más gruesas y notorias, tal como sucede en la actualidad en que, por ejemplo, las universidades deben desperdiciar gran cantidad de recursos en nivelar conocimientos ya que un elevado porcentaje de ingresados, pese a haber sido distinguidos como alumnos de excelencia en sus establecimientos,  carecen de hecho de las competencias básicas en redacción, argumentación, razonamiento matemático, abstracción, etc.

El tema del inglés sirve de ilustración. Según estudios de la Agencia de Calidad de la Educación, tras casi 2000 horas lectivas, el 70% de los alumnos no comprende ni es capaz de desarrollar textos simples en este idioma. Asimismo, cuatro de cada diez profesores del ramo no habla el idioma y no puede desarrollar su clase en inglés.

Mala formación de docentes, malas remuneraciones, agotadoras jornadas laborales, sistemas obsoletos de evaluación, constituyen algunas de las piezas de este intrincado puzzle. Mientras ayer un ministro con una superficialidad abismante llamaba a quitarle “los patines” a un sector para pasárselos a otro, la ministra actual se entretiene en montar también shows ideológico- comunicacionales sobre el “aula segura” o “la admisión justa” que no tienen otro propósito que dar satisfacción a los prejuicios de una sociedad tradicionalista, excluyente y conservadora. 

El Presidente de la República, en el ápice del paroxismo, al inaugurar en la capital la línea 6 del Metro, ha anunciado el inicio de las líneas 7, 8, 9 y 10, e incluso sus asesores fueron más allá hablando de alcanzar a ser  la red más extensa de Latinoamérica. Ello, y no creemos  necesario recordarlo, implica miles y miles y miles  de millones dólares.

Si Chile lograse ser gobernado por estadistas que no piensen en la próxima elección sino en los desafíos de la próxima generación, con tales recursos  bien podríamos emprender ahora, hoy,  una Política de Estado en Educación que supere el acotado marco temporal de los gobiernos, que supere barreras ideológicas, que supere los deslindes  de los prejuicios sociales y de los egoísmos gremiales y que nos ayude a pensar, a razonar, a dialogar y a construir una sociedad integrada y solidaria.

Si no, todo cuanto hablemos sobre la materia, no será más que un show.

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