
EDITORIAL. La receta equivocada
En un grupo de amigos se recordaba que tras la primera elección de Sebastián Piñera como Presidente de la República sus adversarios señalaban que el eslógan del nuevo gobierno sería “Visite Chile. Un país atendido por sus propios dueños”.
La frase no necesitaba mayores explicaciones ya que apuntaba a resaltar la enorme concentración de riqueza existente con su natural secuela de desigualdad. Aunque la pobreza ha disminuido en gran medida gracias a los subsidios del Estado y el número de personas que se identifican como de clase media, lo cierto e indiscutible es que “el modelo” se ha traducido, en la práctica, en una creciente concentración de la riqueza en manos de familias o grupos económicos que, además, buscan incesantemente el control de la prensa y medios de comunicación, con el objetivo de ocultar una realidad que debiera golpear las conciencias e inducir a la realización de acciones políticas, sociales e incluso religiosas tendientes a torcer el rumbo buscando buscando mayores niveles de justicia y participación.
El gobierno futuro de José A. Kast comete un grave error si considera que el enorme caudal de sufragios obtenido el 14 de diciembre, implica una adhesión total a su programa de gobierno sin percatarse de que las fuertes campañas mediáticas, los reiterados mensajes de anticomunismo y, sobe todo la reiteración insistente en el enfrentamiento de problemas tales como la seguridad ciudadana, el narcotráfico, el crimen organizado y la masiva inmigración irregular .banderas que azuzaron el miedo y llevaron a una expresión electoral contundente.
Ahora vienen tiempos nuevos. Las promesas deberán cumplirse pero, en la medida en que exista la sensación colectiva de que la incertidumbre y el temor se han ido desvaneciendo, es un hecho que emergerán los desafíos económicos y sociales que no pueden ser evadidos u ocultados por la demagogia de la “emergencia” y deberán ser abordados.
La sola designación del gabinete ministerial constituye un hito indiciario de lo que se avecina. La exclusión significativa de los partidos tradicionales y la predilección por personeros de los grandes conglomerados económicos debiera significar un llamado de alerta que no puede ser desoído. La obsoleta tesis liberal de que el crecimiento de la economía permitirá el chorreo de los ingresos hacia los sectores más vulnerables, no constituye sino una falacia de tecnócratas que se niegan a darse cuenta de que el gran empresariado nacional difícilmente elevará salarios voluntariamente.
Confiar el manejo de las políticas públicas a quienes controlan el poder y particularmente dominan la economía, constituye una aberración y el precio a pagar por toda la sociedad será excesivamente caro y en algún momento se cobrará.







Por lo que estamos viendo creo que seguiremos por el mismo camino hacia el Acantilado de Séneca, pero ahora tomando un atajo.