El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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Editorial: Los héroes están cansados

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El próximo 2 de junio se cumplirán tres meses a partir del día en que se detectó el primer caso de contagio de corona virus en nuestro país. Se trataba de una persona que retornó tras una permanencia relativamente prolongada en Singapur y que fue internada en el Hospital de Talca. Once semanas más tarde, la cifra de contagiados supera los 63.000 casos y la cantidad de víctimas fatales ya gira en torno a 700 defunciones.

Analizar críticamente la forma en que el Gobierno y las autoridades del sector Salud han manejado el problema, sería simplemente una irresponsabilidad ya que se carece de los conocimientos técnicos y de la experticia indispensable para evaluar con rigurosidad la forma en que se ha actuado.

Sin embargo, aun a riesgo de recibir reproches, nos parece indispensable formular algunas observaciones generales que no pueden ser silenciadas.

Ante todo, llama la atención el hecho de que tras declararse el “estado de catástrofe” como régimen de excepción constitucional, no se haya actuado usando imperativamente las amplias facultades que la Carta Fundamental y la ley respectiva otorgan al Poder Ejecutivo y que están destinadas a ser aplicadas por los respectivos Jefes de la Defensa Nacional.  Ante una situación que exigía el involucramiento de todos los sectores de la comunidad, se actuó con parsimonia y condescendencia como lo revela la celebración de onerosos contratos de arrendamiento de recintos que pudieron haber sido ocupados directa e inmediatamente.

Pero, sin duda lo más grave ha sido el hecho que desde las más altas esferas se haya procurado sistemáticamente restarle las características evidentes de gravedad y urgencia al problema sanitario que se estaba extendiendo a lo largo de todo el territorio nacional. Cuando el Presidente de la República anuncia ufanamente que Chile desde Enero estaba preparado para hacer frente a la catástrofe y que en ese mes se habían comprado los indispensables ventiladores mecánicos y luego se descubre la falsedad de la aseveración, estamos mal. Cuando el Ministro del sector proclama su esperanza de que el virus pueda mutar y transformarse en una buena persona, la población simplemente se desconcierta. Cuando se anuncia que la pandemia ha alcanzado en el país una fase de meseta y luego la realidad nos muestra que esa es una apreciación liviana y errónea ya que cada día se alcanzan nuevos puntos peak, tenemos que entrar a preocuparnos muy en serio. Cuando usando una expresión importada se vaticina la llegada de una nueva normalidad, se anuncia acto seguido un retorno seguro, se dispone el pronto regreso a la normalidad educacional, para desdecirse a los pocos días, la gente tiene el legítimo derecho a preguntarse cuál es la verdad de lo que está pasando.

Pretender hacer con la pandemia un problema simplemente comunicacional que permitirá subir puntos en las encuestas, es simplemente inaceptable. Si el Gobierno hubiese tenido desde la hora cero una actitud más convocante, integrando a todos los estamentos de la comunidad a una tarea comprometida y participativa, probablemente habría logrado una respuesta más contundente en materia de la indispensable disciplina social. Un porcentaje importante de la población no ha tomado en serio lo que está sucediendo e insiste hasta el día de hoy en quebrantar normas sanitarias elementales, simplemente porque no ha logrado una convicción profunda al respecto.

Lamentablemente, a esta altura del partido puede preverse otro aspecto del desafío nacional que debe ser atendido sin tardanza. El personal de salud (médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, matronas, laboratoristas, aseadores, choferes, trabajadores sociales… entre otros), está prácticamente reventado.

A las extensas jornadas consecutivas que agotan al más voluntarioso, se suma una increíble y vergonzosa actitud social. En numerosas comunidades vecinales se ha generado una ola de rechazo y condena a los trabajadores de la salud y a sus familias porque se les ha considerado como los vectores que arrastrarán la pandemia al edificio y al barrio.

Para los héroes de esta batalla que puede extenderse por mucho tiempo más, no bastan los aplausos concertados de las 8 P.M. sin un compromiso público de apoyo en todos los aspectos que sean necesarios, asumido desde ya.

A nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, nos corresponde también ser consecuentes con el mensaje de solidaridad que proclamamos. A lo menos, cada vez que nos encontremos con alguna o alguno de estos abnegados servidores que arriesgan su vida y la de sus familias, digámosle ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Es lo menos que podemos hacer.

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