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El Pretendido Dominio Blanco Estadounidense

Por: Guilmo Barrio Salazar.

El plan de acción del presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald J. Trump, con relación a los trabajadores inmigrantes indocumentados, es lo que están llenando las primeras planas de los medios de comunicación escritos.  Por supuesto, también ahí se encuentra el muro divisorio que desea construir en la frontera con México. Agreguemos, además, que Trump ha prometido desmantelar los programas de asistencia contra las deportaciones de jóvenes estudiantes inmigrantes, especialmente el grupo llamado “Los Soñadores” (Dreamers), que han estado protestando por varios años y reclamando por  sus derechos civiles.

Esas son sus propuestas para detener, arrestar y deportar a millones de personas para que no sean ciudadanas de esta nación.  Pero, detrás de estas promesas atemorizantes para mucha gente que vive en este país sin la debida documentación, hay algo mucho más grande, que tratará de disminuir el cambio demográfico masivo a nivel nacional, y que tiene que ver con el sistema legal de inmigración actual.

Trump dijo durante una presentación relacionada con la inmigración en la ciudad de Phoenix, del Estado de Arizona: “Dentro de unos pocos años, la inmigración que comparte la población nacional, va a romper todos los récords históricos de nuestro país.  La meta de mi presidencia es mantener los niveles de la inmigración con la medida de la población compartida, dentro de las normas históricas”, y luego agregó: “Debemos elegir a los inmigrantes que entren al país, en base a los méritos, sus destrezas, sus habilidades y sus capacidades.  ¿No les parece que suena bonito esto?”.

La referencia que Trump hizo con relación a esas “normas históricas”, fue una decisión inusual de palabras circunspectas hechas por el presidente electo, debido a que esa frase debe preocupar a muchos.  Porque lo que él trató de decir fue que debemos regresar a un sistema explícito de una inmigración racista, la que fue establecida  en los años de 1920’s en esta nación.

David Fitz Gerald, un profesor de sociología en la Universidad de California, ubicada en la ciudad de San Diego, describió esa manera de pensar, como lo hicieron los legisladores a comienzo del Siglo XX, cuando se alarmaron por la ola sin precedentes de inmigrantes pobres y morenos, que llegaban  a este país en aquella época.  Este profesor dijo: “Hubo un consenso dentro de los legisladores de aquel tiempo, que mientras más inmigrantes de la parte Nor Oeste de Europa llegaran, mejorarían más a la población estadounidense.  Y, si la mayoría de los inmigrantes fueran del Sur y el Este de Europa, degradarían nuestra sociedad y contribuirían al aumento del crimen”.

Así que el Congreso estadounidense creó un sistema destinado a desviar la inmigración del Sur y del Este europeo.  A través de una serie de leyes que fueron aceptadas en los años de 1920’s, fijaron cuotas anuales para los inmigrantes provenientes de naciones europeas.  Utilizando el Censo nacional de 1890 como punto de partida, ellos limitaron el número de futuros inmigrantes que llegaran de cualquier país, a sólo un 2% de la población nacida en países extranjeros que vivieran en esta nación.  Hasta que el sistema fue reformado en los años de 1960’s.  A los inmigrantes del Reino Unido, Alemania, y de Irlanda, se les concedió un total del 70% de las visas bajo esta cuota asignada, de acuerdo con el Centro de Investigaciones PEW.  Aún más, la Ley de Exclusión de Asia de 1924, barrió por completo la inmigración del Este y del Sur de Asia.

Estas leyes tenían un efecto claro:  una baja acelerada en la población de personas nacidas en el extranjero que vivieran en los Estados Unidos de Norteamérica, desde un 14.8% en los años de 1890’s, hasta el nivel más bajo que se tenga archivado, menos de un 5% en 1970.  Estos datos, anteriores al año 1890 y posteriores a los años de 1920’s, son los que se hacen mención con eso de “las normas históricas”, citadas por Donald J. Trump.  En el año 2013, de acuerdo con el Censo Nacional conducido en el año 2010, el 13% de la población de este país había nacido en territorios extranjeros, y las proyecciones actuales señalan que para el año 2065, 1 de cada 5 personas radicadas en esta nación habrán nacido fuera de los Estados Unidos de Norteamérica.

Así que para que este proceso sea más lento, va a requerir que Trump haga mucho más que una simple deportación de las personas que radican aquí sin la debida autorización, lo que puede significar un enorme corte de las personas que viajen a este país en forma completamente legal.

En la actualidad, solamente hay dos formas principales para obtener la Residencia Permanente en esta nación.  La primera, es por medio de la familia: reunificándose con miembros familiares que ya son ciudadanos estadounidenses y que viven acá.  La segunda, es a través del “mérito”:  ya sea que posean la educación y las destrezas que sean atractivas para los empleadores norteamericanos. Ahora, dependerá de cuál de los dos grupos preferirá Trump, como el sistema legal de inmigración que servirá mejor ante sus ojos.  Aunque los números no engañan, porque en el año 2014 las cifras indican que el 41% de los inmigrantes en posesión de una Residencia Permanente, era gracias a los familiares ciudadanos de este país, y sólo un 15% era basado a las preferencias de los empleadores norteamericanos.

Toda la retórica de Donald J. Trump, y el Gabinete que él ha seleccionado para su administración presidencial, sugiere que está empujando hacia una reforma total del sistema de inmigración, y lo colocará en las manos del Congreso, que tiene la mayoría republicana de un 52%, para que la extrema derecha controle la Ley de Derechos al Voto.  La Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1965 ha sido un gran ejemplo positivo en este país, porque reemplazó la discriminadora ley de cuotas sobre la nacionalidad de origen en los inmigrantes durante los años de 1920’s.  Pero la “reforma” que desea Trump, nos llevará a un increíble atraso nuevamente, en vez de colocarnos en una actualidad de la ley que tanto se necesita hoy en día.

Cuando el presidente Lyndon Johnson firmó la Ley de Inmigración y Nacionalidad, en Octubre del año 1965, a los pies de la Estatua de la Libertad, señaló claramente la misión de justicia racial, al decir: “Esta ley repara una profunda y dolorosa experiencia dentro de la justicia norteamericana, porque corregirá una equivocada y cruel conducta  vivida en nuestra nación”.  Con esta seria corrección en este país, la gente blanca anglosajona cesaría la arrogancia de sentirse como la sobresaliente mayoría.

Lamentablemente, la atemorización hecha por Trump es mucho más que una simple retórica:  ya existe un plano específico para regresar la ley de 1965, mucho más atrás.  Con razón colocó al senador Jeff Sessions como su Abogado General en la Casa Blanca, quien tiene un tremendo historial contra los inmigrantes.  En las últimas dos décadas, de acuerdo con el periódico The Washington Post, se ha opuesto a cada reforma inmigratoria propuesta en el Congreso.  En el 2015 declaró: “Los inmigrantes en los Estados Unidos, son el problema que causa la razón de tener los salarios más bajos en el país”.

Constantemente, Trump consulta con Kris Kobach, que es el Secretario de Estado de Kansas, y es la razón de que el Estado de Arizona pasara una ley anti-inmigratoria, como lo es la Ley SB-1070.  Kobach también sirvió como un consejero para el grupo racista y xenofóbico de extrema derecha en oposición a la inmigración, llamado Federación Americana por una Reforma de Inmigración, la que tendrá un rol muy prominente en Washington durante la administración del nuevo presidente, basado en la implementación de un sistema que analice “los méritos” que ofrezcan los inmigrantes, además de oponerse a otorgarles la ciudadanía estadounidense a los hijos nacidos en este país, de inmigrantes indocumentados, lo que viola abiertamente la Enmienda # 14 de la Constitución de esta nación, que corresponde a los Derechos Civiles, y en la Sección # 1, dice: “Toda persona nacida o naturalizada en los Estados Unidos, y sujeta a la jurisdicción, son ciudadanos de los Estados Unidos y del Estado donde reside”.

Disminuir el cambio demográfico de la inmigración legal es una cosa, pero detenerla es otra cosa muy seria.  En la actualidad existe un nacimiento de niños y niñas de familias inmigrantes, mucho más alto que los nacimientos en familias blancas anglosajonas.  Para demostrar lo que digo, puedo indicar que de acuerdo con las estadísticas nacionales, entre los años 2012 y el 2016, 3 millones 200 mil latinos nacidos en esta nación estadounidense, cumplieron sus 18 años de edad, que fueron los votante jóvenes, y que pueden hacer una gran diferencia en la elecciones de este país.  Esto, sin contar con las poblaciones asiática-americana, y afro-americana, que también aportan una cantidad muy considerable a esta sociedad.  Por lo que se ve, que las promesas de Donald J. Trump, una vez más no se podrán cumplir, y como resultado no se cerrará la Ley de Inmigración, ni tampoco se permitirán los desastrosos cambios que se pretenden bajo esta nueva administración presidencial, que no es lo más popular aquí, ni alrededor del mundo.

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