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EL PRESIDENTE RECIBE PAGOS DESDE EL EXTRANJERO

Por: Guilmo Barrio Salazar, desde Georgia, E.U.A.

Hasta la fecha, el debate sobre  el rechazo a vender sus bienes, se ha enfocado en si Donald J. Trump utilizará su posición como presidente de esta nación, para aumentar sus riquezas, de la manera que la mayoría piensa, en forma corrupta, o se transformará en un fantoche de poderes extranjeros.

“Perfidia”, fue la palabra utilizada en la Convención Constitucional de 1787, para describir a un presidente que reciba algunos “pagos extranjeros”.  El entonces delegado de Pennsylvania, Gouverneur Morris, creía que la Constitución nacional necesitaba una cláusula de imputación, debido a que un futuro presidente “puede ser sobornado por algún interés mucho más grande que pueda traicionar su confianza; nadie podría decir que debemos exponernos al peligro de ver al Primer Magistrado recibiendo pagos desde el extranjero, sin estar capacitados para poder defendernos contra eso, sacándolo de su puesto”. Morris concedió que a pesar de que la mayoría de los líderes no caerían en la tentación de recibir dinero desde el extranjero, podía haber excepciones.

En el Siglo XVII, Charles II de Gran Bretaña, recibió una pensión del Rey de Francia Louis XIV y,  simultáneamente,  evitó el conflicto a tal grado que un contemporáneo suyo dijo que el rol de Inglaterra en el mundo era “engrandecer a Francia”.  Morris describió la acción de Charles II como un acto de soborno, diciendo: “El Ejecutivo debió ser sacado de su puesto por perfidia”.

Durante esta última campaña presidencial norteamericana, la palabra “traidora” fue utilizada por los candidatos oponentes a Hillary Rodham Clinton, debido a la relación que existía entre la candidata presidencial con la Fundación Clinton, lo que le estaba creando un gran conflicto de interés, debido a los fondos que recibe esa Fundación como  contribución de países extranjeros.

Desde el día en que Donald J. Trump  juró como presidente de los EE.UU., su familia está recibiendo un “pago extranjero”.  La Organización Trump está recibiendo cheques substanciales del gobierno chino, a través del Banco Industrial y Comercial de China, debido a que es el arrendatario más grande ubicado en el edificio Trump Tower.  Además, Trump está pagándole sus contribuciones e intereses a China:  él ha invertido en una sociedad que le pertenece, la cual ha solicitado un préstamo de $950 millones de dólares, a empresas financieras, incluyendo el banco gubernamental Banco de China.  Cada uno de estos roles, ya sea como un dueño o como un deudor, coloca a Trump y a los EE.UU. en una posición de vulnerabilidad con China.  Ahora, el gobierno chino tiene la capacidad de hacerlo más rico, o más pobre, y puede utilizar esa capacidad para influenciar en la ley del tratado comercial, como también en las decisiones militares.

El pasado día 11 de Enero, 2017, respondiendo a todas estas grandes preocupaciones sobre posibles sobornos extranjeros, Trump anunció que él no tenía ningún plan de hacer nada significativo al respecto.  También señaló que rehusaba vender sus negocios, y que sus hijos se encargarían de la administración de ellos.  Esto significa que estará violando la cláusula de emolumento constitucional, desde el primer día de su presidencia.

También Trump ha hecho declaraciones incoherentes, como por ejemplo: “No tengo nada con Rusia, podríamos hacer tratos muy fácilmente con Rusia si lo quisiéramos, pero no lo quiero hacer, porque eso podría traer un conflicto”.  Esta declaración nos hace preguntar, entonces, ¿Por qué sus tratos y sus negocios con otros países no constituyen un conflicto?.

Donald J. Trump, además ha dicho que no habrá nuevas ofertas con países extranjeros, lo cual será completamente imposible.  No hacer tratados de negocios significaría que no habrá renovación de contratos o términos comerciales adicionales, lo que es inherente a cualquiera relación comercial.  Tomemos solamente un ejemplo, la Trump Tower, que tiene un contrato de arriendo con el Banco Industrial y Comercial de China, el que se renovará en el 2017.  Esa negociación de contrato, será una oferta.  Así que se está contradiciendo solo.

Otra contradicción señalada por el presidente estadounidense, es que él será removido de la administración de sus negocios, pero ha declarado a la prensa, que acaba de no aceptar una gran oferta ofrecida por el gobierno de Dubay, de muchos millones de dólares.  Alguien que no esté envuelto en una administración de negocios, no tiene ningún poder de rechazar una oferta comercial.

En los últimos meses, varios medios de comunicación han reportado que líderes y diplomáticos extranjeros están planeando hospedarse en el nuevo hotel de Trump, construido en la ciudad de Washington, D.C., para buscar favores de él, y poder negociar intercambios comerciales, a lo que Trump ha respondido a la prensa, que cualquier ganancia obtenida en sus hoteles, irá al Departamento de Tesorería Federal.  Pero, debemos comprender que Donald J. Trump no tiene la autoridad para hacer esa decisión en forma unilateral.  De acuerdo con la Constitución del país, los pagos hechos por gobiernos extranjeros, incluyendo gastos de hotel, deben ser aprobados por el Congreso, y es esa institución la que puede aprobar cualquier donación hecha al Departamento de Tesorería Federal.  Esta ha sido la forma operativa regular a través de la historia de esta nación.

Lo más importante que debemos comprender sobre la corrupción gubernamental: no se trata de mostrar la fuerza de un poder implacable, sino la debilidad y la vulnerabilidad.  La decisión de Trump de mantener sus negocios abiertos, es una invitación para que otros países desarrollen esfuerzos estratégicos.  No todos ellos van a tener un éxito en lograr hacerlo, pero habrá algunos que sí lo harán, de eso no nos cabe la menor duda.

En la Convención Constitucional de 1787, los legisladores buscaban protegerse contra esta clase de corrupción y perfidia, insistiendo en una de las más rigurosas secciones escritas en la Constitución.  En el Artículo 1, Sección 9, Cláusula 8, claramente se puede leer: “Ningún título de Nobleza será otorgado por los Estados Unidos: Y ninguna persona que tenga cualquier Oficina de Ganancia o de Confianza bajo ellos podrá, sin el consentimiento del Congreso, aceptar ningún presente, Emolumento, Oficina o Título de ninguna clase, ya sea de un Rey, un Príncipe, o de un Estado extranjero”.

Donald J. Trump, en el poco tiempo que tiene como presidente de esta nación, tiene una intuición, sino una comprensión actual del peligro de su posición. Es una confrontación con el eslogan de su propia campaña presidencial: Está colocando a los Estados Divididos de Norteamérica en segundo lugar. Es una alevosía diaria a su país, y una que va directamente al corazón de su popularidad.

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