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La Democracia Negada.

Por: Guilmo Barrio Salazar, desde Georgia, EE.UU.

Algunas veces, por supuesto, el  resultado de una elección presidencial, es verdaderamente una cosa que solo ocurre en los Estados Unidos de Norteamérica: Un Franklin Délano Roosevelt, un Dwight Eisenhower, o un John Fitzgerald Kennedy gana tan decisívamente que el Presidente puede afirmar un mandato genuino.  Pero, la frustración que recibimos muchos de nosotros cuando Ronald Reagan ganó la presidencia en 1984, todavía la estamos recordando.

Pero,  ¿Qué sucede cuando el “ganador” no es realmente el ganador de la contienda política?  ¿Qué pasa durante esos años, cuando finaliza una larga campaña presidencial, habiéndose invertido muchos millones de dólares, y está en conflicto con ella misma?

Comenzaremos este año 2017 muy preocupados, porque siempre hay una tendencia en los medios de comunicación, y los políticos alrededor de ellos, sugiriendo que los Estados Unidos de Norteamérica se definen por los hombres y mujeres prominentes que toman una oficina después de las elecciones.  Muy frecuentemente, aún nosotros mismos, quienes no estamos de acuerdo con la sabiduría convencional de la política estadounidense, caemos en la trampa de imaginarnos que los titulares periodísticos declarando la persona ganadora, realmente definen nuestro tiempo y espacio.  Pero,  cuando ese no es el caso, hay la responsabilidad de hablar con la verdad: “Esto No Es Los Estados Unidos”.

Tal es la circunstancia de hoy.  El periódico The Washington Post puso en su primera plana: “Triunfa Trump”.  El periódico The New York Post hizo lo mismo, trompeteando: “El Presidente Trump. Ellos Dijeron Que No Podía Suceder”.

En realidad, no sucedió en la forma que muchos medios de comunicación se lo  imaginadron.   En orden de imaginarse que la presidencia de Trump tiene un mandato triunfante, o la medida más al descubierto de la legitimidad democrática, los estadounidenses deben rendirse al engaño infame de los medios de comunicación y pensar que es una verdad.

Conozcamos la realidad de las cosas, tal como lo expresó el director cinematográfico Michael Moore, en letras mayúsculas “HILLARY CLINTON GANO EL VOTO POPULAR”, al día siguiente de la elección, señalando que los titulares de la prensa no hablaban con la verdad, y enfatizó: “El pueblo votante eligió a Hillary, no a Trump”.

Esta nación de más de 300 millones de habitantes, tiene un sistema arcaico para depositar y contar los sufragios, lo que significa que el proceso de tabulación se demora semanas, incluso meses, después que los comicios electorales cierran los sufragios.  En el año 2000,  el candidato demócrata Al Gore, le ganó al republicano George W. Bush, por 543.895 votos populares, pero perdió en cuanto a los “Votos Electorales”.  Hillary Rodham Clinton obtuvo más de dos millones de sufragios populares, por encima de lo logrado por Trump, y también perdió en los “Votos Electorales”., lo que significa que 538 “Votos Electorales” a nivel nacional, son más importantes que los 120 millones de sufragios obtenidos en la elección presidencial del 8 de Noviembre del 2016.

Paul Finkelman, un profesor de Leyes, quien ha estudiado al Colegio Electoral, el cual controla la votación presidencial de este país, a través de los Votos Electorales, ha dicho muy claramente: “Es vergonzoso, porque es una institución que nos recuerda la esclavitud en esta nación, ya que fue creada para ayudar a proteger la institución, y que los Estados del Norte no controlaran a los Estados del Sur.  Yo pienso, que si la mayoría de la gente supiera el origen del Colegio Electoral, ellos estarían muy disgustados de seguir contando con estos Votos Electorales”.

El Colegio Electoral deforma y disminuye la democracia estadounidense a todo nivel. Tal como lo ha dicho George C. Edwards, un profesor de Ciencias Políticas en la Universidad A & M del Estado de Texas: “El Colegio Electoral tiene el potencial de deshacer los deseos del pueblo a través de muchos puntos, en el largo viaje desde la selección de los electores, hasta la contabilidad de sus votos en el Congreso”.  En realidad, lo que se debe reconocer es que esas malfunciones mayores, están siendo cada vez más comunes.

Para ser justos, este es un problema que ha estado ahí, en forma permanente desde 1787.  Aunque hasta Donald J. Trump ha reconocido que “el Colegio Electoral es un desastre para una democracia”, pero eso lo dijo en 2012, y no en el 2016.

Aunque el Congreso norteamericano actual está muy poco inclinado hacia una reforma, hay grupos progresistas de avanzada, que están ganando una fuerza  muy considerable.  Estos activistas están luchando para que se vote en el Congreso a favor de un Voto Popular Nacional, lo que requiere una decisión que los Votos Electorales sean colocados para el candidato o la candidata que gane la mayoría de los sufragios populares en los 50 Estados del país, y en el Distrito de Columbia, porque un sistema que permite que un candidato perdedor gane una elección presidencial, no es suficiente para una nación que se dice ser De, Por, y Para el pueblo.  Además, esta fue la primera elección nacional que en los últimos cincuenta  años, no fue conducida bajo la total protección de la Ley de Derechos al Voto, aceptada en 1965.

Comprendo que hacer esta clase de modificaciones no será algo fácil de realizar, pero la elección del 2016 nos ha enseñado lo necesaria que es una reforma radical, para mantener viva una democracia en los Estados Unidos de Norteamérica.  Mientras tanto, por los próximos cuatro años, nos veremos obligados a amarrarnos muy fuertemente los pantalones.

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