Las personas y la ciudadanía deben estar conscientes de los pasos que se dan, para orientar el desarrollo o para estancarse y retroceder... El próximo plebiscito, es una oportunidad de desarrollo para la ciudadanía y para dignificar al ser humano y transformarlo en soberano.
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José Aldunate Lyon

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El pasado sábado 28 de septiembre, falleció en la Residencia San Ignacio (Santiago), el sacerdote jesuita José Aldunate Lyon, a los 102 años de edad.

Nacido el 5 de junio de 1917 en el seno de una familia  tradicional y aristocrática,  ingresó muy joven a la Compañía de Jesús, ordenándose sacerdote en 1947. Fue profesor de Teología Moral en la Universidad Católica, provincial de la Orden, director de la Revista Mensaje, director del Centro de Formación Belarmino, compartiendo en diversas actividades con el Padre Alberto Hurtado.

En tiempos como los nuestros, muy, muy difíciles para la Iglesia Católica, la vida del “cura Aldunate” constituye, sin duda, un testimonio de integridad y de consecuencia con los valores evangélicos.

“Pepe Aldunate” en un momento dio un giro a su vida personal y sacerdotal, asumiendo premonitoriamente una “opción por los pobres”, real, concreta y efectiva. “No podía vivir en las nubes, sin contacto con la realidad social”. Eligió el camino de vivir la vida de pobladores y obreros, de su pobreza, angustias y esperanzas, en Concepción, Maipú y obras lugares.

Inmerso en ese mundo que sufrió al por mayor las consecuencias de la represión, de los tormentos ilegítimos, de las detenciones ilegales, de la desaparición de personas durante la dictadura, tomó el camino gandhiano de “la no violencia activa”. Fundador del Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, se le vio tranquilo y fuerte en medio de las “acciones relámpagos” que, semana a semana, enfrentaban a tropas y servicios de inteligencia que descontroladamente trataban de acallar una realidad vergonzante.

En 2016, el Instituto Nacional de Derechos Humanos le distinguió con el Premio Nacional de Derechos Humanos que le fue entregado por la entonces presidenta Michelle Bachelet.

El “cura Aldunate” escogió el camino difícil y procuró, hasta el fin, ser testigo de su fe ante su pueblo. Los valores evangélicos de reconocimiento y respeto a la dignidad de las personas, y de solidaridad, constituyeron la razón de su vida.

En su autobiografía “Un peregrino cuenta su historia”, el cura concluye: “Alguien me hizo una pregunta tonta: Qué epitafio desearía que pusieran sobre mi tumba. Con todo, le di una respuesta. Podrían poner:

                                       “Hizo lo que pudo.

                                       “Le fue más o menos.

                                       “Que descanse en paz”.

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