La tan "mentada" Carretera Hídrica, desde un punto de vista estructural, ingenieril... como proyecto, claro que es viable. ¿Se puede construir? Sí claro, lo que no se puede es: predecir, con claridad, sus consecuencias y daños colaterales, desde el punto de vista Medio Ambiental y sus alteraciones naturales, con la sola intervención de los espacios...
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América, América… ¿Por qué tiemblas?

Rodrigo Pulgar Castro

Doctor en Filosofía. Académico U. De Concepción.

No hay caso. No solo la tierra tiembla en el cono sur, también la sociedad con idas y vueltas a causa de comportamientos políticos que traen consigo incertidumbre. Perú es el más reciente ejemplo.

La pugna por el poder, por controlar la voluntad, el presente y el futuro de pueblos enteros es una constante ya asumida como normalidad. El problema que, al ser considerada así, la nomenclatura del conflicto se posiciona como una variable incluso aceptable y pedida: sin conflicto no hay futuro. De esta forma, si por alguna circunstancia algo de bien aparece en el horizonte, aflora la sospecha y la búsqueda del error por consecuencia. Buscamos, se busca hasta encontrarlo. Y si no es así, se inventa, algo muy propio de la sociedad que lee la realidad desde la web, verdadero ícono de la sociedad de consumo.

¿Qué sorprende a estas alturas de la historia en América Latina? Quizá nada. Pero sí algo: la incapacidad de aprender para no volver a cometer los mismos errores año atrás año: Populismos, pugnas, negaciones del otro como factor de realidad. En fin: cierto mesianismo atado a un corpus político que durante décadas ha hecho de la negación del otro la variable central de su discurso. Al respecto, no quisiera pensar que desde la instalación del modus independiente de España o Portugal, en esta línea los historiadores dicen mucho confirmando la hipótesis, entregando elementos de prueba.

Malquerer entonces como juego afectivo y efectivo que termina por evitar el reconocimiento de la alteridad humana. Pero al negar su valor, acabamos por comprender que no es un incidente la transformación del adversario en enemigo y en ello el corolario esperable, oculto o visible en todos los relatos: los de siempre sufriendo: los pobres, carne de cañón para la consolidación de propuestas muchas de ellas ajenas a sus afanes.

Por mucho intento de explicarse, la casta política sigue actuando lejos de la virtud prudencial. Encerrados en sus relatos construyen narraciones de respuesta a cualquier propuesta que nace desde otros relatos. Por lo mismo,  son ciegos ante el valor incluso relativo de aquello que no calce con sus discursos. De ahí que, como sociedad, estamos propensos, gracias a la publicidad y propaganda, a derivar en una suerte de integrismo asociado a líderes (no es el momento de negar tal condición por mucho que moleste) que asumen en propiedad la verdad de las cosas. Por efecto, como personas, pasamos a otros la responsabilidad de conducir el movimiento social en los territorios. De esto, cada día nos entrega pruebas.

Pero, ¿no es esto simplemente expresión concreta de lo que Jorge Millas, quizás el mayor de los pensadores chilenos contemporáneos, acusaba el año 1943 en su texto “Idea de la individualidad”, como  la impersonalización, o la disolución del individuo (diríamos persona) por resultado del imperio de la política y del Estado? Al ver la intervención para mantener y obtener privilegios por quienes participan con cuotas efectivas de poder en ambas instancias, no queda duda alguna que Jorge Millas sigue siendo un pensador actual. Las razones de fondo son que en cuanto se instalan como factores constructores de realidad, quienes se apropian de la política como del Estado, facilitan la perdida de la autonomía de la voluntad como de la conciencia a raíz de que la persona tiende a descansar de sus responsabilidades por la dificultad de resolver sus demandas frente al aparato burocrático que lo atosiga. Ocurrido aquello, es fácil dejarse conducir por narraciones construidas para bloquear no solo el derecho de exigir, sino el deber de hacerlo. Y cuando se realiza este deber no es la población en su conjunto que lo hace. Resulta extraño tal fenómeno, pues no coincide con el número de actos publicitarios que reflejan intenciones, pero que no tienen el efecto movilizar esperado.  Ante esto,  cabe preguntar si todo responde a una crisis de confianza o, derechamente, es un logro del actor político organizado que teje con habilidad de araña la red atrapante de los sueños de justicia de muchos y muchas.    

Y, mientras tanto, conflictos van y vienen. Hoy le toca al Perú compartir portada con otros países de la región. Zona en donde el temblor es una constante inscrita en la multiplicidad de cosmovisiones que abundan en  su territorio. Quizás el Perú sea reflejo de una geografía caracterizable por su desborde que remueve cada cierto tiempo la vida; desborde no sólo geográfico sino social, y que nos obliga a aprender y a la vez desaprender para volver una vez y otra vez al mismo modo de existir, al mismo modo de construir relatos de justificación de los actos políticos..

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