
Editorial. Los siete días finales.
Virtualmente restan solo siete jornadas para que llegue el día en que la mesa de la Convención Constituyente haga entrega al Presidente de la República del texto del proyecto dd nueva carta fundamental que será sometido al juicio de la ciudadanía el próximo domingo 4 de septiembre.
El último tiempo no ha estado libre de zozobras, destacando entre ellas la desafortunada gestión de la mesa directiva en relación con la eventual invitación a los ex presidentes del país a la ceremonia lo que ha terminado en un bochorno de alto nivel, y la discusión sobre el innecesario preámbulo del documento que ha terminado en una rechazo de tres de sus cuatro incisos.
Con estos dos hechos, ha culminado un proceso bastante conflictivo en que durante meses hemos visto la pretensión de un sector importante de los convencionales para imponer una serie de conceptos y definiciones sin detenerse un momento para reflexionar sobre los alcances de las propuestas, su factibilidad práctica, y sus consecuencias.
Las encuestas y estudios de opinión sobre los eventuales resultados del plebiscito de salida tienden a otorgarle una cierta mayoría al voto “de rechazo”. La acogida generosa que a todos estos estudios han prestado los medios de comunicación tradicionales, demuestra palmariamente que todo ello responde, como tantas otras veces ha quedado demostrado, a operaciones políticas previsibles.
Lo claro, como el propio Presidente lo ha reconocido, es que el resultado será estrecho y que se alejará notoriamente de los porcentajes logrados en el plebiscito anterior. Más aún: si se quiere evaluar de manera seria la realidad, las cifras finales de septiembre son imprevisibles toda vez que la nueva normativa legal que ha dispuesto la obligatoriedad del sufragio, se traducirá en un incremento de sufragantes cercano al 35%, muchos de los cuales concurrirán a las urnas por primera vez.
Cerrado el escrutinio, no vendrá ni la paz, ni la estabilidad ni se concretarán las aspiraciones generosamente difundidas a lo largo del año. Al contrario, aparecerán los cuestionamientos de lado y lado a las normas aprobadas y, el largo y duro período de estudio, aprobación e implementación del alto número de leyes consideradas en los trescientos cincuenta y tantos artículos aprobados.
El problema de fondo es que el país, los ciudadanos comunes y corrientes, necesitan que la vida nacional se regularice, que las actividades económicas, sanitarias, educacionales, sociales, culturales, se normalicen para que Chile reemprenda la marcha que permita avanzar paulatinamente. La persistencia y el fomento de la conflictividad pasan a ser un obstáculo insalvable que irán en perjuicio directo de los grupos más desvalidos.
El gran daño que puede haber causado el proceso constituyente radica en haber sembrado torpemente la ilusión de que todo se encuentra al alcance de la mano y que el Estado utópico es capaz de hacer todo y de financiar todo.
El emergente gobierno, tendrá que asumir su responsabilidad hablando al país con la verdad. La solución de los problemas demanda recursos y demanda tiempos y ello se traduce en esfuerzo y paciencia.
La fiesta de la demagogia pueril e irresponsable llegará un día a su fin y solo entonces entenderemos que nada se alcanzará sin el sacrificio colectivo.


![¿Qué mantiene unidos a los imperios? (Parte II) [ *]](https://laventanaciudadana.cl/wp-content/uploads/2024/10/ugo1-150x150.jpg)




Déjanos tu comentario: