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Editorial: Mi país en la encrucijada

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El día 13 (sí, trece) de junio, asumió sus funciones como nuevo Ministro de Salud el Dr. Enrique Paris Mancilla, constituyéndose en el tercer profesional que se hace cargo de esta cartera en los veintisiete meses de gobierno de Sebastián Piñera. Su tarea va a ser difícil pues tendrá que cargar sobre sus espaldas todas las mochilas dejadas sobre la mesa, no solo por su antecesor sino por un gobierno que no puede eludir sus propias responsabilidades.

A primera vista, saltan elementos de juicio ineludibles: la exclusión del proceso de todo el personal del sistema primario de salud; la confusa y cuestionada entrega diaria de datos cubierta siempre de un ánimo triunfalista inexplicable; el rechazo a toda crítica y sugerencia; el manejo político-económico  y no racionalmente sanitario de cuarentenas y controles, son puntos que llaman fuertemente la atención. No se trata de observaciones posteriores a la batalla sino de temas que fueron planteados en su oportunidad.

Pero eso no sería todo.

El Gobierno se ve incapaz de tomar conciencia de la verdadera realidad nacional. No logra entender que al interior del país hay dos mundos distintos: uno, constituido básicamente por las comunas privilegiadas de Santiago Oriente y barrios exclusivos de otras ciudades de Chile; otro, más ancho y ajeno, el de la pobreza, el de los ingresos de mera subsistencia,   el de los excluidos, los marginados y los inmigrantes.

Como consecuencia de lo anterior, el confinamiento social es muy distinto para quienes lo viven en sus cómodas y bien calefaccionadas viviendas, para quienes se recrean en sus amplios patios practicando deportes, para quienes tratan de escaparse de la reclusión en costosos helicópteros, que para las familias que sobreviven en medio de la mugre, de la carencia de agua y otros servicios básicos, que no pueden practicar el distanciamiento social porque es el hacinamiento y no la carencia de voluntad lo que se lo impide.

Cuando el ex ministro Mañalich manifestó que desconocía la realidad de la pobreza (y la titular de la Secretaría General de Gobierno le retrucó aclarando que nadie del Gobierno podía decir semejante cosa) se hizo patente algo que permanentemente se silencia: Hay un sector de la sociedad que está formado por toda la clase económica y social dominante (pero al cual se suman gozosamente muchos individuos que se autodefinen como progresistas) para el cual la pobreza y el hambre son simplemente un número estadístico,  y que se resiste a abrir los ojos, la mente, el corazón. Los espíritus más sensibles se conduelen en muchos casos, cooperan con los comedores solidarios de las parroquias, donan algunos tarros de alimentos y también piezas de ropa que no usan, pero no llegan a convencerse de que el problema – país es de naturaleza estructural y que precisamente es ahí el lugar en que nacen la injusticia, la soberbia, el abuso y la exclusión, con su cultura de cerrado clasismo.

Siguiendo una línea que constituye una constante invariable de su conducta, el Gobierno ha enviado al Parlamento, con suma urgencia, un proyecto, ya listo para ser promulgado, que penaliza con cárcel las violaciones a las normativas sanitarias. En el supuesto caso de que la nueva ley fuese efectivamente aplicada, la ciudadanía tiene el legítimo derecho a preguntarse: ¿No sabe el Presidente que las cárceles del país están saturadas y en algunos casos con una sobrepoblación penal de más de 200%? ¿Va mezclar al eventual infractor de cuarentena con delincuentes comunes? ¿Está dispuesto a aplicar mano dura en el barrio alto de la capital y a encarcelar de ahora en adelante a los que se escapan hacia su segunda vivienda?  En medio de un país que vive la peor crisis sanitaria de su historia, la iniciativa más parece un mal chiste para eludir culpas propias y castigar por su “irresponsabilidad” a quienes   necesitan imperiosamente salir a obtener los ingresos indispensables para la subsistencia del día de mañana.

Es imperativo decirlo con todas sus letras: la gente ha perdido la confianza en el discurso oficial. A falta de pocos días para que se cumpla el plazo de entrega de las canastas de alimentos, aún no la recibe casi un 30% de los beneficiarios de la Región Metropolitana ni un 70% de los asignatarios de provincias.

Sería estúpido y condenable estar jugando por el fracaso de las políticas gubernativas frente a la pandemia. Pero, mientras las autoridades sigan pensando que este es un problema comunicacional y de imagen para lograr ascender un par de puntos en las encuestas, estaremos claramente marcando el paso.

Maquiavelo, una de las figuras icónicas de la ciencia política moderna, persistentemente sostuvo que el pueblo juzga a sus gobiernos por la eficacia de sus acciones y no por sus intenciones y sus discursos. En la hora presente están en juego no un abstracto y teórico modelo de sociedad post pandemia, sino miles de vidas humanas con todo lo que ello significa. Si el Presidente definitivamente no tiene la voluntad y el coraje indispensables como para torcer el camino, tocar intereses propios y ajenos, y enrielar a nuestra sociedad por la vía de la justicia y la solidaridad, será muy complicado salir adelante como país. 

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1 Comentario en Editorial: Mi país en la encrucijada

  1. No puede ser más certero el enfoque de este nuevo editorial de La Ventana Ciudadana. Es penoso constatar que el gobierno de Sebastián Piñera no tiene gente idónea entre sus colaboradores directivos e indirectos y en los Agentes del Estado, para elaborar estrategias adecuadas para contrarrestar los efectos del coronavirus. Y no solo eso, a diario muestra su nula competencia para enfrentar la sequía, la desertificación y la mayoría de los problemas ambientales que sufre el país. Este presidente si que, de verdad, “no da el ancho”.

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