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Editorial: Nuestra prensa en aprietos

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

La prensa tradicional chilena (diarios-papel y noticieros de televisión abierta, particularmente) vive momentos angustiosos. A las políticas de reducción de personal y de reducción de costos en canales como TVN, Mega, 13, etc., se suman las medidas adoptadas por los dos mayores actores del mercado informativo y publicitario: El Mercurio y Copesa.

Mientras el tradicional diario de la familia Edwards completó el 28 de abril pasado el despido de 180 trabajadores concretados en lo que va del 2020, el Consorcio Periodístico de Chile S.A., de propiedad del empresario y banquero Álvaro Saieh, desechó el acuerdo sostenido con sus sindicatos y decidió a acogerse a la nueva “ley de protección del empleo”, suspendiendo la vigencia de los contratos conforme a lo estipulado en la normativa legal.

Andrés Benítez, gerente de Copesa, justificó las medidas arguyendo la fuerte caída de la actividad económica del país (causada sucesivamente por el estallido social y la situación sanitaria derivada de la pandemia) con la consiguiente reducción de la inversión publicitaria por parte de las empresas..

La coyuntura explica una parte importante de lo que está sucediendo pero dista mucho de constituir una justificación total de los hechos.

La prensa en Chile se ha criado con un compromiso absoluto con los intereses empresariales dejando de lado una preocupación objetiva por los grandes problemas nacionales. Nadie puede ignorar que durante el largo período de la dictadura mostró una actitud no solo tolerante sino obsecuente frente a los graves hechos que estaban ocurriendo y que no podía ignorar ya que eran permanentemente denunciados por el propio periodismo extranjero y por respetables organismos internacionales.

Lo dicho no solo implicó un problema de ética periodística sino que afectó gravemente los sentimientos de credibilidad y confiablidad que el ciudadano, pese a todo, había mantenido respecto a sus medios de comunicación. En el momento en que la comunidad percibe que instrumentos vitales para la subsistencia de una sociedad democrática le entregan una visión parcial e interesada de la realidad, o, peor aún, le ocultan informaciones, la adquisición del periódico pasa a responder más a una necesidad o al mantenimiento de una costumbre que a un compromiso de fidelidad y confianza mutuos.

A ello se suma el apetito monopolizador de estos grandes consorcios que han buscado controlar medios de papel, canales de televisión, radios, etc. para manipular al receptor de la información presionándolo para que piense en determinado sentido conforme a una orientación unidireccional evidente.

La aparición de la prensa digital que, con diversos niveles de calidad, ha irrumpido en el mercado de la información ha significado un duro golpe para los actores tradicionales especialmente entre las generaciones más jóvenes. Su ámbito de influencia menos sólido ha sido notoriamente amplificado con el apoyo inorgánico pero fuerte de las incontrolables redes sociales. En este campo, estos nuevos medios de comunicación han incursionado con éxito en el periodismo de investigación poniendo al descubierto hechos que se pretendía silenciar y ofreciendo una gama de antecedentes complementarios importantes.

Los medios de comunicación social tienen derecho a adscribir a determinadas opciones ideológicas pero tienen la obligación de ser absolutamente honestos para con los receptores separando lo que constituye información propiamente tal de lo que constituye juicio u opinión, de tal forma que quien recibe el mensaje tome libremente sus propias decisiones. Ocultar las redes de influencia que inciden en la orientación del medio, presentar a seudo expertos sin identificar sus propios intereses y compromisos, constituye un fraude hacia el público que entraña una gravísima falta ética.

Por otro lado, y desde el punto de vista práctico, presentar el medio-papel en el ámbito digital al mismo tiempo que se presiona al receptor para que tome una suscripción impidiéndole acceder a la información que se destaca o promociona, constituye una muy errada política que sin duda tendrá nefastas consecuencias incluso desde el punto de vista financiero para la empresa respectiva. En un mercado como el chileno que se abastece fundamentalmente de noticias procedentes de fuentes oficiales sin que exista una investigación cuestionadora y alternativa profunda, es muy difícil que el ciudadano común pague por recibir algo que está disponible en otros lugares. Además, desde el punto de vista publicitario el número de contactos generados se verá claramente reducido.

Creemos que la prensa nacional reclama una revisión profunda de sus actitudes y procedimientos.

El país no puede seguir estando sometido sistemáticamente al juego de los grupos de poder que pretenden dominar el pensamiento ciudadano privando al ciudadano de su legítimo derecho a pensar por sí mismo, a través del control y de la manipulación comunicacionales. Las consecuencias para la consolidación de una democracia madura pueden ser nefastas.

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1 Comentario en Editorial: Nuestra prensa en aprietos

  1. No sólo se les ha visto reducir personal, además han reducido la ética y moral, propias de una prensa libre y comprometida con la libertad de información…
    Están cautivas del régimen.
    Buena editorial.

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