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LA INEQUIDAD, LA DESIGUALDAD Y EL BIENESTAR EN CHILE

Maroto

Desde Canadá.

En estos últimos días el gobierno ha intentado introducir un nuevo concepto en la discusión acerca de la pandemia y sus efectos: la búsqueda del bienestar de la población, entendiéndose esto, según el ministro de Hacienda Ignacio Briones, como la preocupación de la administración actual por la salud de las personas, sus empleos y sus ingresos.

Una discusión centrada en el concepto de “bienestar” no puede darse sin que previamente nos refiramos a los conceptos de inequidad y desigualdad social.

La tendencia generalizada es a utilizar los conceptos de inequidad y desigualdad como sinónimos; sin embargo, lo anterior puede considerarse un error, ya que ambos conceptos funcionan en planos distintos. La equidad e inequidad son conceptos éticos o morales que sirven para describir una realidad, en tanto que la desigualdad o los niveles en la que esta se expresa sirven para calificarla.

La inequidad se asocia a situaciones de desigualdad que generan injusticia, desequilibrio y falta de ecuanimidad. La inequidad hace referencia a desigualdades que afectan aspectos de la vida que son fundamentales y necesarios para poder llevar una vida digna; se trata de situaciones injustas, innecesarias y socialmente remediables, y que al persistir generan o profundizan escenarios de violencia y pobreza social en su más amplio sentido.

La desigualdad social es uno de los grandes temas pendientes en Chile. Es innegable que la recuperación de la democracia trajo consigo avances importantes en esta materia; sin embargo, la desigualdad sigue siendo una realidad que no es posible negar. La desigualdad está presente en la educación, el acceso a la salud, las oportunidades de empleo, la distribución del poder político y económico y la discriminación que afecta a ciertos grupos de nuestra sociedad, sólo por nombrar algunos ámbitos.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el libro Desiguales, Origines, Cambios y Desafíos de la Brecha Social en Chile, ha señalado que la desigualdad “perjudica al desarrollo, dificulta el progreso económico, debilita la vida democrática, afecta la convivencia y amenaza la cohesión social”. En su análisis el PNUD enfatiza que la lucha contra la desigualdad representa no sólo un imperativo ético, sino que es también una prioridad y requisito para la sostenibilidad del desarrollo de los países.

El PNUD, en el libro antes mencionado, nos ofrece un concepto de desigualdad que, centrándose en lo social, aporta un marco de referencia de mucha utilidad para esta discusión. Según el PNUD, la desigualdad social debe entenderse como “las diferencias en las dimensiones de la vida social que implican ventajas para unos y desventajas para otros, que se representan como condiciones estructurantes de la vida, y que se perciben como injustas en sus orígenes o moralmente ofensivas en sus consecuencias, o ambas”.

Utilizando esta definición, el PNUD logra identificar “seis nudos” que representan las mayores desigualdades en nuestro país; nudos que debieran estar en el centro del debate político y económico y de cualquier discusión que intente abordar con seriedad el desafío del bienestar y la prosperidad en Chile.

Una estructura productiva que genera circuitos diferenciados de productividad; la existencia de un pequeño número de empresas altamente productivas cuyos trabajadores reciben buenos salarios y cuentan con estabilidad laboral; y un gran número de empresas de baja productividad cuyos trabajadores reciben bajos salarios y se ven afectados por una inestabilidad laboral permanente.

Un sistema educativo deficiente; si bien los esfuerzos de los últimos años han logrado aumentar significativamente la inclusividad del sistema educativo chileno, han sido insuficientes para generar condiciones que garanticen el acceso igualitario a una educación de calidad y la movilidad social necesaria para que aquellos jóvenes de primera generación de estudios superiores y escasos recursos, puedan acceder a oportunidades de empleo en condiciones de igualdad.

Un Estado que aún no ha asumido a cabalidad su responsabilidad en la resolución de las deudas sociales pendientes; el Estado Chileno se ha auto limitado en su capacidad de tener un rol más gravitante en materia distributiva.

Una clara inequidad en la distribución de los ingresos; lo que se manifiesta en que el capital y los ingresos asociados a éste se encuentran concentrados en un conjunto de grupos económicos, cuya propiedad está en manos de un grupo muy reducido de personas.

Una política controlada por la elite; sin perjuicio de los importantes avances democráticos, la Política se percibe aún secuestrada por la sobre representación de quienes pertenecen a la elite del país, generando una sensación de distancia y falta de empatía con la mayoría de la población.

Un conjunto de normas y patrones culturales que son usados para justificar o criticar la desigualdad existente; la tensión entre aquellos que exacerban el valor del mérito y las credenciales educativas y los que critican el abuso de los contactos y privilegios de clase, agudizan la existencia y percepción de la desigualdad.

En este contexto, el bienestar puede ser entendido de diferentes maneras, sin embargo, su más común acepción, cuando se refiere a la prosperidad de un país, tiene relación con lo material. Normalmente, cuando los gobiernos y las instituciones económicas tradicionales se refieren a un país próspero, lo hacen en relación al crecimiento económico; al progreso sustancial que experimenta la economía de un país y la capacidad de la población para acceder a bienes materiales. 

Sin embargo, el bienestar y la prosperidad a la que debiéramos aspirar, en el contexto de la inequidad y desigualdad observadas en Chile, es un concepto definitivamente más complejo, que trasciende el mero bienestar material.

Catherine Ponder señaló en su libro Las Dinámicas Leyes de la Prosperidad, que el grado de prosperidad de una persona está determinado por el grado en que esta experimenta paz, salud y plenitud en el mundo.

Gandhi a su vez definió la prosperidad como “la salud, que es realmente bienestar y no sólo pedazos de plata y oro”.

Amartya Sen señala que el éxito de una sociedad debiera ser evaluado por los niveles de libertad de la que gozan los miembros de esta sociedad. Según Sen, la potencialidad de desarrollo y prosperidad de un país está dada por su capacidad de remover las fuerzas que restringen la libertad de las personas, entendiéndose estas como la pobreza, todo tipo de discriminación y desigualdad, la exclusión social sistemática, la intolerancia, la falta de oportunidades, la negligencia en la gestión pública y el autoritarismo.

Aristóteles señaló “la riqueza no es, desde luego, el bien que buscamos, pues no es más que un instrumento para conseguir algún otro fin”; y este otro fin, de acuerdo a la visión de bienestar y prosperidad propuesta por Ardern, Sen, Ponder y Gandhi, tiene más que ver con el concepto de calidad y libertades fundamentales con las que una persona vive su vida y menos con los meros recursos materiales o la renta que una persona posee.

Así entonces, la diferencia entre medir el desarrollo y bienestar de una sociedad concentrándose únicamente en índices de salud, en la riqueza y bienestar material o hacerlo mirando la plenitud con que se vive, es una importante cuestión a la hora de conceptualizar la prosperidad que buscamos.

Lo anterior, no debiera ser olvidado por el gobierno de Chile, al intentar introducir el concepto de “bienestar” en la discusión acerca de la pandemia que hoy nos afecta.

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1 Comentario en LA INEQUIDAD, LA DESIGUALDAD Y EL BIENESTAR EN CHILE

  1. Todo lo que señala el título de su artículo y mucho mas señor, se observa en este nefasto país

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