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Editorial: ¿Sobrevivirá el mundo tal como lo conocemos?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El 11 de septiembre pasado, La Ventana Ciudadana concretó un foro destinado a reflexionar sobre cómo será el país y el mundo que se desarrollarán después de la pandemia. Un grupo de académicas y académicos participaron en el panel haciendo ver sus puntos de vista, sus inquietudes y esperanzas luego de un hito que, sin duda, implicará un quiebre en la historia.

Numerosos seguidores han formulado variados comentarios en estos días, poniendo hincapié en la necesidad de definir respuestas concretas ante el drama sanitario que continúa afectando al planeta y, en especial, a sus comunidades más vulnerables y carenciadas. Pero, como sucede generalmente con todas las cuestiones que afectan la vida y subsistencia de los seres humanos, no hay soluciones milagrosas disponibles. Quien sostenga lo contrario, o es un vendedor de ilusiones o es un estafador.

Aclarado lo anterior, creemos que hay dos puntos de partida que es imprescindible tener presentes.

El primero, es que la pandemia, con todos los desastres que ha traído consigo, ha sido útil para develar una realidad inescapable. El capitalismo global, con toda su eficacia para producir bienes en volúmenes jamás conocidos a través de la historia, conlleva una concentración creciente de la riqueza en pocas manos, lo que ha derivado en la pauperización de grandes masas de seres humanos no solo en países sino en continentes enteros. Su productivismo tiene implícita, además, la depredación sin asco de los recursos naturales del planeta y la explotación del mundo del trabajo para conseguir elevar las rentabilidades de los grandes especuladores financieros.

El otro punto, que surge precisamente de lo antes dicho, puede plantearse como una interrogante: ¿a quién o a quiénes corresponde la responsabilidad de cambiar una realidad que compromete la subsistencia misma de millones de seres humanos que sobreviven sumergidos en la miseria y el hambre? Y este, digámoslo claramente, no es solo un problema que existe en remotos países de África o de Asia (y que vemos como espectáculo en la televisión o en los medios digitales) sino que es algo palpable en nuestra América, en nuestro país, en las ciudades que habitamos, en el barrio en que vivimos.

Como sociedad necesitamos detenernos un momento para reflexionar con un mínimo de seriedad sobre lo que nos está pasando y por qué nos está pasando. La pandemia del corona virus no es solo un problema sanitario. La explosión social del 18 de octubre no es solo un asunto económico. La colusión de las grandes empresas no es solo un problema legal. La localización de ciertas actividades en las llamadas eufemísticamente “zonas de sacrificio” no es una mera cuestión de medio ambiente. La edificación en las grandes ciudades de los groseros guetos verticales no es una simple materia de planos reguladores, de diseño arquitectónico o de rentabilidad del suelo. La apropiación del “derecho al agua” por parte de una casta de negociantes no es un simple tema relativo al “derecho de propiedad”.

La situación crítica por la que atraviesa una gran parte del mundo contemporáneo es de naturaleza cultural y moral.

En Chile, esa situación crítica siempre estuvo presente hasta que llegó el momento en que la explosión social y la pandemia la desnudaron e hicieron que aparecieran ante nuestros ojos las lacras que la aparente normalidad ocultaba. Se hizo patente una realidad que los controladores de los medios tradicionales de comunicación social trataron siempre de maquillar procurando vender la imaginería de que el consumismo continuo nos llevaría a la felicidad y de que en algún tiempo llegaría el día en que la escandalosa riqueza de unos pocos chorrearía hacia los estratos más débiles y vulnerables de la población.

No parece lógico, en consecuencia, pretender dar soluciones fáciles a problemas que son tremendamente complejos más aún si entendemos que en la trama de la vida social todos los requerimientos están interrelacionados, que las necesidades son casi ilimitadas y los recursos siempre serán cortos, que cuando priorizamos las demandas de atención de la infancia,  de salud, educación, vivienda, pensiones, lo estamos haciendo a costa de la atención de otros aspectos de nuestra vida en común como serían cultura, deporte, infraestructura, entre muchos otros.

Un primer paso necesario para encauzar eventuales respuestas, está en la asunción de nuestras propias responsabilidades personales. Así, si cuando elegimos a nuestras autoridades no somos capaces de evaluar adecuadamente a los postulantes y optamos por el circo y la farándula, no podemos seguir por la vida como acusando a otros. Si nos sustraemos del deber de participar en las variadas instancias en que expresa su sentir la comunidad, jamás lograremos la fuerza necesaria para exigir soluciones concretas. Si por comodidad o por temor toleramos los abusos persistentes de los grupos dominantes que se sienten con el derecho de hacer lo que quieren con nuestro entorno, estaremos abriendo la puerta al abuso.

Reflexionemos colectivamente y entreguemos nuestro aporte en ideas, en solidaridad, en respeto a los derechos de los demás. De cada uno de nosotros, depende  cuándo y cómo empezar a edificar un país y un mundo distintos. Tema, este, para una larga conversación.

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2 Comentarios en Editorial: ¿Sobrevivirá el mundo tal como lo conocemos?

  1. Felicitaciones por esta fantática y clarificadora editorial.
    Una piza periodística que da con los temas de fondo, en función de una argumentación clara y sólida.

  2. Gracias, certero comentario editorial. Así como vemos el comportamiento de la sociedad post aparición del Covid-19, y en pleno desarrollo de los fenómenos que han desencadenado el calentamiento global sin coto ni freno, pocas posibilidades se ven para la humanidad siquiera de sobrevivir .

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