La pandemia que hoy sufre la humanidad, deja en evidencia la vulnerabilidad y debilidades de la raza humana, esto a pesar de la arrogancia con que los "poderosos" y "dueños del mundo", de la economía y del rumbo al que nos lleva el Neo-liberalismo.
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Editorial: Un modelito para armar

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Laventanaciudadana.cl ha insistido hasta el cansancio en aseverar que la sociedad chilena es una entidad absolutamente fragmentada. En los irónicos términos del poeta Nicanor Parra, pretendemos ser un país y somos, a duras penas, un paisaje.

Desde los inicios de nuestra vida republicana arrastramos el peso de tradiciones coloniales clasistas que la historia oficial siempre ocultó. Para el período de la pre independencia, la imagen difundida era la de un territorio escindido entre un área ocupada “por los indios incultos y supersticiosos” y otra, dominada por los conquistadores e inmigrantes europeos que nos aportaron “la civilización al amparo de la Cruz de la religión verdadera”.

A partir del empoderamiento de Santiago como ciudad – capital y la imposición de un creciente dominio político –militar sobre un suelo aún indeterminado, se configuró un país en forma, que proclamó su soberanía frente a otras emergentes naciones de América y el mundo.

Sin embargo, las grietas del pasado jamás se superaron: las heridas se multiplicaron y el sueño de llegar a ser una verdadera comunidad de seres humanos, de compartir un alma y una cultura solidarias, de sentir el ayer como una sucesión de hechos que, por dolorosos que fuesen, constituían nuestra vida y  nuestra historia, se hizo imposible.

En estas circunstancias, la posibilidad de construir un proyecto común del cual todas y todos nos sintiéramos parte pasó a ser una meta utópica e inalcanzable.

Ya no se trata solo del quiebre de nuestra relación con los pueblos originarios y del reconocimiento de su derecho a la tierra que fue de sus ancestros y del respeto a su cultura. Hoy tenemos el quiebre entre el mundo rural y campesino, por un lado, y el mundo urbano. Entre los barrios sofisticados de siúticos lenguajes y colegios anglos y una periferia donde habita la más dolorosa pobreza. Entre la mercurial  “segunda vivienda” constituida por mansiones o departamentos de quinientos metros cuadrados, y las “viviendas sociales” donde la familia se destruye día a día. Entre el obrero cuyo salario es insuficiente para el sustento de su grupo y el director de empresa que percibe noventa millones de pesos cada mes por asistir a un par de sesiones. Entre una elite que tiene diez años más de esperanza de vida que el habitante de las comunas más pobres. Entre el común de los mortales que paga religiosamente sus impuestos a través del IVA o de sus remuneraciones, y el todopoderoso que se colude, elude, evade, y emigra con su dinero a los paraísos fiscales de Panamá, Luxemburgo, Lienchtenstein o Islas Vírgenes. 

Todo lo antes dicho configura las piezas de un complicado puzzle. Y hay más, por supuesto que sí.

 ¿Habrá alguna fórmula que nos permita entroncar esas piezas adecuadamente de tal forma que construyamos una trama social que nos una y nos configure como una comunidad integrada y con sueños de solidaridad y justicia en común?   

El proceso constituyente que se avecina puede constituir la senda pertinente. Pero, también, puede ser el camino hacia el abismo.

El panorama, hay que ser claros, es bastante incierto.

Por un lado, una derecha gobernante que, acosada por los miedos, mostró inicialmente una disposición y una apertura a los cambios, pero que, a los pocos días, la trocó por la defensa irrestricta de sus privilegios y abusos de clase.

En la vereda de enfrente, una oposición claramente mayoritaria pero quebrada tanto por su carencia de proyectos e ideales compartidos como por su absoluta falta de liderazgos maduros y respetables.  El Frente Amplio, que en un momento fue visto por un sector importante de la ciudadanía como la esperanza de una renovada acción política, devanea en medio de las querellas intestinas, los apetitos personales y un grotesco voluntarismo concebido en noches de insomnio. Por su lado, los partidos herederos de la Concertación que, con todas las críticas que legítimamente se les puedan formular, dieron gobernabilidad al país, se entrampan en el fragor de los apetitos electorales obnubilados por la necesidad de lograr que sobrevivan las identidades partidarias.

Es cierto que hay un enorme mundo conformado por la masa de los “independientes” (o, más bien dicho de los “no militantes”) y por la variada gama de las entidades de la sociedad civil, pero no puede negarse que su heterogeneidad le impide aglutinarse en torno a un proyecto-país racional y viable.

Mientras los grupos dominantes insistan en ver a Chile como una “oportunidad de negocio”, sumando en apoyo de su actitud toda la fuerza y el poder comunicacionales con el cual dominan la vida ciudadana, es casi imposible que se rompa el statu quo de inequidad.

De cada uno de nosotros depende el futuro. La participación es indispensable para avanzar sólidamente,  no dejándose arrastrar ni por los violentistas ni por los populismos extremistas de uno y otro lado.

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