«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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EDITORIAL. ¿Un país en serio?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Chile se ha enorgullecido históricamente de la calidad de su política. Aun en los tiempos oscuros de la dictadura, los liderazgos políticos y morales se hicieron sentir causando la ira de los incondicionales del régimen. Los nombres  de Jaime Castillo, Silva Henríquez, Andrés Aylwin, Renán Fuentealba, Claudio Huepe. Belisario Velasco y de toda una pléyade de defensores inclaudicables de los derechos humanos, que sufrieron en muchos casos la prisión y el exilio, conforman una galería que constituye un testimonio fuerte del compromiso sólido con una concepción que implicaba “servir a los demás”.

Hoy, a  las puertas de los próximos comicios presidenciales y parlamentarios, la contradicción valórica es evidente. La gresca por los cupos parlamentarios, en la que predomina la lucha de intereses y ambiciones personales y grupales, no deja de constituir una vergüenza para un país con una gama amplia de problemas críticos que necesitan ser encarados. La carencia de propuestas programáticas serias, fundadas y viables, por parte de todos los candidatos a la presidencia, motiva la creciente desafección ciudadana con las consecuencias que naturalmente afectan al régimen democrático. La irrupción de candidaturas populistas, claramente demagógicas abre un espacio de riesgos inimaginables, ya que en una eventual ronda de segunda vuelta presionarán para obtener cargos o imponer políticas públicas irresponsables.

José Antonio Kast, el símbolo  claro de una derecha populista en perjuicio del tradicionalismo conservador de Matthei, ha encendido las alarmas en términos que debieran, desde ya, generar preocupación por la afectación esencial que sus planteamientos significan para la institucionalidad democrática. De una plumada, ha pretendido restar importancia al Poder Legislativo, ha anunciado su voluntad de hacer cumplir las leyes que, a su juicio, no se están haciendo cumplir y, peor aún, ha expresado su determinación de gobernar al máximo mediante decretos, siguiendo la línea neoautoritaria de Bukele y de Trump.

La tormenta desatada por sus palabras, ha sido generalizada, razón por la cual el candidato ha echado pie atrás arguyendo haber sido mal interpretado o haber sido sacado “fuera de contexto”. “Yo no dije lo que dicen que dije” fue su explicación. Sin embargo, su pasado le condena. Fiel integrante de la corte de la dictadura, y tal como lo señalara el rector y columnista Carlos Peña, el pensamiento de Donoso Cortés, Karl Schmitt, en este sentido, fluye por sus venas. Aunque sus adláteres lo han defendido  aduciendo una abusiva interpretación de sus dichos, los hechos son irrefutables. Kast ha participado, sin reserva alguna, en la Conferencia Política de Acción Conservadora, realizada en Hungría este mismo año, encuentro en que  se ha validado políticamente este tipo de procedimientos.

No se trata, por ahora, de juzgar críticamente a un determinado candidato sino de alertar sobre los peligros que lleva envueltos el mensaje populista neoautoritario. En los hechos, muchas veces resulta demasiada la tardía reacción ciudadana, frente a acciones gubernativas abusivas que atropellan los derechos de las personas.

Por lo demás, los efectos e ineficiencias de las democracias, solo deben ser superados con mayores niveles de democracia y participación.   

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