La sociedad contemporánea,en el marco de un dañino sistema predominante, subsumido en un materialismo que domina, no logra tomar conciencia ni sensibilizarse respecto de los por qué, de las convulsiones de la naturaleza y el medio ambiente. …continúa impávida y sin reacciones de fondo!!!

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Editorial: Y ahora…¿Qué hacemos?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Los últimos días de abril configuraron para el Presidente la más inimaginable de las pesadillas. El 7% de aprobación marcado por la encuesta Data-Influye no es sino la expresión visible de lo que ya flotaba en el ambiente. Un Ejecutivo desconcertado, con un equipo político de menor cuantía, sordo y ciego ante las demandas ciudadanas, encerrado en las medidas dogmáticas impuestas por su “asesor estrella” del segundo piso, perdió la última batalla cuando sus más leales magistrados del Tribunal Constitucional le volvieron la espalda y ni siquiera admitieron a tramitación su recurso.

La situación de hoy es mucho más grave de lo que se piensa y, al parecer, ni el Gobierno ni las “oposiciones” tienen debida conciencia de esto.

En un sistema republicano marcadamente presidencialista el país a lo mejor no está en condiciones de resistir diez meses más de desgobierno. Una vez más, los vendedores de ilusiones quieren hacer creer a la ciudadanía que la solución está a la mano y que todo se superará con la salida de un inepto y fracasado jefe de asesores presidenciales o con un nuevo cambio de ministros (¡otro más!) centrado en el comité político de La Moneda.

Como en todo cuadro patológico, la posibilidad de éxito de un tratamiento requiere exactitud y precisión en el diagnóstico.

Y un elemento ineludible a tener en cuenta en este caso es que la primera responsabilidad en lo que está sucediendo recae en la persona del propio Presidente de la República. Es él quien toma las decisiones y, por tanto, es él también quien debe asumir las consecuencias de sus actos. Y, así, con certeza podría afirmarse que, más allá de las características ya indiscutidas de su personalidad, su principal error ha sido atrincherarse con un grupo de personajes que piensan igual que él y que tienen temor a expresar sus disidencias ya que se ven continuamente menospreciados.

Otro factor incidente, es que al equipo gubernativo claramente le “falta calle”, es decir carece de una convivencia efectiva con la realidad.  Cuando la pobreza, la carencia de ingresos, la incertidumbre sobre lo que sucederá el día de mañana, el trabajo informal, se transforman por los tecnócratas en una mera cifra estadística, claramente estamos mal. Un ejemplo claro es el último informe sanitario que destaca la disminución de contagios en las comunas de altos ingresos de la capital solo explicable por sus condiciones habitacionales tan profundamente distantes del submundo barrial y del hacinamiento.

Dando por confirmados los datos anteriores, que bien pudieran ser considerados como meramente circunstanciales, se llega necesariamente a concluir que el problema de fondo radica en que el modelo de mercado inspirado en un neoliberalismo a todo dar, no está en condiciones de dar las respuestas ni de largo ni de corto plazo que la población reclama. Por el contrario, la experiencia demuestra que su flujo lleva naturalmente a un incremento de las desigualdades y a una consolidación de una sociedad de clases en que el individualismo prima por sobre los intereses comunitarios. En lo inmediato, no tiene capacidad ni voluntad para escapar del marco de su dogmatismo exacerbado.

 Es difícil creer que el actual Presidente, llevando al apa una crisis política generalizada, pueda ser el indicado para encabezar una etapa de emergencia como la que reclama el país. Aunque él aún se niegue a reconocerlo, la falta de confianza ciudadana en su persona es notoria y probablemente irreversible. La eventualidad de su renuncia planteada por sectores radicalizados, no cuadra con su personalidad y solo contribuiría a ahondar el problema.

Lo concreto es que restan solo diez meses de mandato, plazo durante el cual el país tendrá las elecciones de constituyentes, gobernadores, alcaldes y concejales; las segundas vueltas correspondientes; los comicios presidenciales en primera y segunda vuelta; las festividades de septiembre y de fin de año más la época de vacaciones. En suma, el tiempo efectivo es escaso, los problemas apremian y las soluciones no son muchas.

Restablecer la normalidad del país requiere un nuevo equipo gubernamental que tenga niveles claros de respetabilidad y confianza y que sea considerado como incontaminado en relación con la crisis actual, en lo institucionalidad y en lo político. La asunción del poder por una especie de “primer ministro” debería llevar a regularizar la marcha administrativa del país y, esto es lo importante, a definir tres o cuadro medidas gruesas impostergables tales como la reforma tributaria, un nuevo sistema de pensiones y el aseguramiento efectivo de ingresos por el tiempo necesario que dicte la evolución de la pandemia. El endeudamiento externo perfectamente accesible, el recurso a los bonos soberanos, el precio del cobre, hacen posible dar respuestas inmediatas a lo que es de extrema urgencia.

Chile no puede darse el lujo de continuar estirando el elástico hasta que la situación social reviente. Mientras tanto, habrá que cumplir la gran tarea cívica de orientar al pueblo soberano para que con sensatez y responsabilidad ejerza su derecho a elegir un nuevo Gobierno que esté marcado por un espíritu de equidad  y de solidaridad. Es difícil, pero no imposible.

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