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Educación chilena, ¿Se mantiene como ícono del baile de los que sobran [1]?

Hernán Peredo López

Ingeniero Forestal, Magister en Educación

La educación chilena es uno de los ámbitos sociopolíticos que frente a cualquier  tema o problema que la aqueja, responde con el ‘parchecurismo’ (definido con mucha certeza por un sociólogo chileno) de moda en nuestro país, desde la anodina “vuelta a la democracia” chilena. Lo primero es abundante verborrea inconsistente e incoherente para tratar de explicar la respectiva situación, luego, una solución parcial o intrascendente del problema, resultado de los contubernios políticos en la tramitación de las leyes respectivas y al final un triunfalismo sin base ni fundamento de la coalición de turno en el gobierno. Y si ésta cambia, se inicia un nuevo ciclo de ‘parchecurismo.’ Así hemos logrado construir el paraíso del “Principio de Peter” en la búsqueda incansable de la incompetencia.

La inquietud del título no era pensable durante los gobiernos chilenos que se la  jugaban por el principio “Gobernar es Educar”, hasta que la dictadura cívico-militar hizo pedazos nuestro orgullo latinoamericano, para hacer de la educación chilena un negocio a ultranza que casi no tiene parangón a nivel mundial. Los gobiernos de la concertación no estuvieron a la altura de quiénes luchamos por la vuelta a la democracia y luego de muchos “consensos” con el neoliberalismo, mantuvieron descaradamente el estado subsidiario, también en la educación, asumiendo con ello la mayor eficiencia del mercado. Sólo se intentaron algunas regulaciones escuálidas, que no impidieron el ingreso descarado de los privados a este nuevo mercado desregulado, incluyendo muchos integrantes de la propia concertación, de los cuáles varios todavía continúan sin ningún decoro usufructuando de este mercado inmoral y anti–democrático.

El ‘parchecurismo’ en educación, sustentado por la irresponsabilidad de todo el espectro político actual, privilegia discutir problemas banales que la aquejan y de ese modo invisibilizan los problemas de fondo, que nunca se discuten con fundamento y se mantienen sin solución real y duradera. Entre muchos de los problemas se podría partir con el analfabetismo total del país que ha subido al 7%, afectando por supuesto a los sectores más bajos como lo muestra la última encuesta Casen. Más de 4,9 millones de personas mayores de 18 años no han completado 12 años de escolaridad y no se encuentran estudiando, casi un 70% de la población no entiende lo que lee y cerca del 80% de ella escasamente es capaz de realizar inferencias básicas a partir de material impreso. Según la OCDE, en Chile la cifra de jóvenes que no estudian ni trabajan (NINIs) alcanza el 21% de la población entre 15 y 29 años, por sobre el promedio de la organización que es de un 15% y ubica a Chile en el cuarto lugar a nivel mundial, en este flagelo. La calidad de la educación primaria chilena, por otra parte, aparece en el lugar 119 del ranking OCDE, 80 posiciones por debajo del promedio de la institución.

La calidad de la educación en matemáticas y ciencias aparece en el lugar 117 del ranking OCDE, lo que podría explicar la insuficiente capacidad del país para generar  innovación real, indicador en el que aparece recién en el lugar 83 del ranking de 140 países OCDE. Esta realidad no debiera sorprender si se mira la matriz tecnológica del país que ha permanecido por casi 40 años en un nivel bastante primitivo, pues prácticamente no existen industrias de tecnología compleja y el mercado nacional está movido en su gran mayoría por empresas de servicio, que lo más sofisticado que pueden aportar es software, generalmente proveniente de las casas matrices en el extranjero. Para no dejar atrás el orgullo nacional de las exportaciones, éstas están constituidas por décadas en casi un 90 % de recursos naturales y manufacturas basadas en ellos, entendiéndose por manufactura el moler pescado, troncos y uva, aceptando que en los dos últimos rubros se agrega “mayor tecnología”, que no es más que una cocción química de la madera para obtener pulpa y papel y la fermentación de la uva para obtener vino. En el resto de las exportaciones (10,3 %), la alta tecnología representa todavía, desde hace décadas, un escuálido 1%.

En el último informe OCDE de productividad de la fuerza laboral, nuestro país está en el top ten de la improductividad, ello nos enrostra la desvergüenza en que ha  caído la ciudadanía chilena discutiendo chabacanamente, la supuesta pérdida de 200 a 300 mil puestos de trabajo si se aprobara la rebaja de la jornada laboral de la supuesta oposición política, curiosamente no la de gobierno que difiere sólo en 1,5 horas. Paralelamente se mencionan etérea y recurrentemente en seminarios y puntos de prensa de variado origen y petulancia, los puestos de trabajo que se perderán por la automatización, la robótica y la IA (inteligencia artificial), sin un atisbo de reflexión seria del efecto devastador que tendrán estos cambios inexorables que se avecinan, con los indicadores de analfabetismo total y funcional, NINIs, la calidad de la educación, la matriz tecnológica del país y la productividad laboral chilena.

Si se asumiera por un instante, dejando de lado las diatribas ideológicas clásicas en la actualidad chilena, que la sociedad en su conjunto es la que debiera generar las  características y contenidos de la educación que dé respuestas coherentes a sus realidades y exigencias, sorprende que la colusión con la educación de mercado de la seudo izquierda chilena, todavía no se haya atrevido a cuestionar la subsidiariedad del Estado impuesta por la dictadura cívico-militar y, lo más triste de este tema, es ver instituciones generalmente serias como Educación2020 y CIAE validando públicamente (ojala descuidadamente) el SAE (Sistema de Admisión Escolar), paradigma de nuestra educación de mercado, cuyo principal centro de postulación será este año el Estadio Nacional¿..?, lo que equivale a decirle a un español que la postulación de sus hijos a un colegio español se hará en el Estadio Bernabéu, ¡joder, tío!, o en el Allianz-Arena del Bayern München para los estudiantes alemanes, Verdammt! o en el Tottenham Hotspur Stadium para los estudiantes ingleses, Damn, dear!

Paralelamente aprieta el alma que la discusión pública sea tan intrascendente respecto a la educación chilena, por una parte el parlamento corrupto y bastante analfabeto en educación, discute una ley intrascendente de no adoctrinamiento en los colegios propuesta por el gobierno actual y entre los ¿entendidos? en educación no se discutan seriamente los problemas de fondo reseñados previamente, privilegiando voladores de luces del gobierno de turno como Aula Segura y Admisión Justa, esta última, teniendo en cuenta que Chile, según el Banco Mundial, es actualmente el 10° país de Latinoamérica con mayor desigualdad de ingresos con un Índice Gini de 0,465, lo que es una bofetada a la inteligencia social chilena.

[1]  Referencia a canción de Los Prisioneros, que mantiene su pertinencia con el texto

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3 Comentarios en Educación chilena, ¿Se mantiene como ícono del baile de los que sobran [1]?

  1. Esta entrevista deberíamos difundirla por cielo y tierra es muy muy buena.
    felicitaciones y promocionen la más.

  2. Muy de acuerdo con comentariosde Carlos E.
    Supongo que esta área temática y su impacto en las «riquezas del agua» hoy privatizadas, son dos de los mas grandes daños a la vida y la agricultura chilena. Además del robo de tierras y usurpación de un bien natural.

  3. Muy buen artículo nos ha entregado Hernán Peredo, certero y veraz. Por lo que se está observando, no hay interés por parte del Estado de resolver de una vez por todas la crítica situación de la educación chilena, sobre todos en los niveles básico y medio. Es urgente hacer los máximos esfuerzos por recuperar el nivel de la educación pública que tuvimos en Chile hasta la década de los 60′.

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