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EL ACTO DE PEDIR PERDÓN

Maroto

Desde Canadá.

En estos últimos días hemos observado a diversos líderes del gobierno, del ámbito político y empresarial haciendo actos de contrición. El Presidente de la República, el Presidente del Senado, algunas autoridades de esta administración y empresarios,todos piden perdón.

Perdón por no haber sabido escuchar; perdón por no haber observado las señales que la ciudadanía enviaba; perdón por no haber reaccionado a tiempo.

Aún está pendiente que importantes actores oficialistas, de oposición, del mundo empresarial y del ámbito institucional se sumen a esta reflexión que conduce a pedir perdón.

Las peticiones de perdón ya escuchadas, aunque incompletas, constituyen un primer paso, importante y necesario, en el largo proceso de reconstruir las confianzas sociales quebradas. Es válido en la grave crisis social que vivimos preguntarnos y reflexionar acerca de los elementos que se requieren para que una petición de perdón dé reales frutos.

El acto de pedir perdón representa una oportunidad única, un verdadero punto de inflexión, particularmente cuando nos encontramos hoy inmersos en un estallido social de gran envergadura. Un hito, en que por un momento la sociedad se detiene, contiene la respiración y reflexiona en profundidad acerca del pasado y la pesada carga acumulada por años, y el futuro y las esperanzas de justicia e igualdad que este pudiere prometer.

H Arendt señalaba que “fuimos creados con el poder de recordar el pasado, pero sin el poder de cambiarlo. Sólo el uso de la facultad de perdonar podría lograrlo. Fuimos creados con el poder de imaginar el futuro, pero sin el poder de controlarlo. Sólo el uso de nuestra capacidad y habilidad para hacer y mantener nuestras promesas lo puede conseguir”.

Es en este contexto que, para que estas solicitudes de perdón antes mencionadas tengan sentido y no sean sólo la expresión de un intento desesperado por dejar el estallido social atrás, deben ser el resultado de un proceso reflexivo serio.

Un proceso reflexivo, en que quien pide perdón, a nivel individual o colectivo, lo hace motivado por una genuina intención, habiendo identificado con claridad la o las acciones por las que se pide perdón, haciendo un reconocimiento explícito del daño causado por estas, declarando públicamente el propósito de no volver a cometer el o los actos en cuestión por los que se pide perdón y manifestando una disposición y compromiso concreto para ofrecer una reparación a la o las víctimas.

Cuando el Presidente de la Republica pide perdón, ¿habrá acaso reflexionado acerca de su responsabilidad personal y la de su sector político en la prolongación de un modelo económico intrínsecamente injusto? ¿Habrá meditado sinceramente acerca del sufrimiento de aquellas familias que día a día deben luchar para sobrevivir con ingresos iguales o menores al salario mínimo?

Cuando el Presidente del Senado  pide perdón ¿habrá acaso reflexionado acerca del rol que los políticos, de todas las tendencias, han jugado en el desprestigio de la política como actividad dedicada a servir y no a servirse de su pueblo? ¿Habrá meditado sinceramente acerca del desencanto que este desprestigio ha provocado en los jóvenes y la desilusión y apatía, que sus actitudes de mezquindad política han generado en la ciudadanía toda?

Cuando algunas autoridades de nivel nacional, regional y municipal piden perdón,  ¿habrán,  acaso, reflexionado acerca del rol que ellos han jugado en la pérdida de confianza de la ciudadanía hacia instituciones de gobierno supuestamente dedicadas a buscar una vida digna para todos los chilenos? ¿Habrán meditado sinceramente acerca del desamparo y sufrimiento que sus administraciones han causado en quienes veían en ellos a los encargados de asegurar un mínimo bienestar?

Cuando los empresarios piden perdón, ¿habrán, acaso,  reflexionado acerca del gran daño causado a las relaciones de confianza que debieran existir entre los diferentes estamentos de la sociedad, debido a su codicia sin límites manifestada en repetidos eventos de colusión, evasión de impuestos y la desfachatada utilización de sus fortunas para corromper el mundo político, eventos de los cuales han logrado salir impunes? ¿Habrán meditado sinceramente acerca de la desintegración moral que sus deshonestas conductas han causado en nuestra juventud?

Si así lo han hecho, es necesario que entonces, con la humildad de quien sabe haberse equivocado, lo manifiesten expresa y públicamente. Es necesario, además, que manifiesten públicamente su compromiso en cuanto a nunca más incurrir en las acciones de violencia moral y social, que están en el origen de la crisis que hoy nos afecta, y de las cuáles son individual y colectivamente responsables.

Las genéricas solicitudes de perdón esconden en realidad una falta de reflexión, carecen de un indispensable mea culpa y diluyen el compromiso de no repetición.

Finalmente, si nuestros líderes de gobierno, políticos, empresariales e institucionales esperan que sus solicitudes de perdón sean creíbles y contribuyan efectivamente a la reconstrucción de puentes de confianza, indispensables para establecer un nuevo pacto social, deben necesariamente acompañarlas de acciones concretas de reparación social.

Una solicitud de perdón sin el necesario ofrecimiento de reparación equivale a una manifestación vacía, débil desde el punto de vista moral, y que corre el riesgo de terminar siendo una traición más a la confianza que se pretende restaurar.

Quienes detentan hoy el poder político y económico, deben ofrecer ahora, acciones de reparación concretas que contribuyan efectivamente a mejorar la calidad de vida actual y futura de quienes han sido las principales víctimas de la desigualdad social de los últimos 45 años. Deben, además, comprometer con sinceridad su disponibilidad a apoyar con transparencia la construcción de un nuevo pacto social, cuyo objetivo sea avanzar significativamente en los niveles de dignificación y bienestar de todos los chilenos, particularmente de aquellos que por años han vivido en la periferia y la marginación.

El perdón sin justicia reparadora, social en este caso, se transforma con el correr del tiempo en una luz débil y lastimosa. Por el contrario, el perdón con justicia puede ser un verdadero y potente faro moral que dé solidas raíces a los esfuerzos de transformación social que Chile hoy necesita.

Un Chile más justo e igualitario, sí es posible.

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