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El arte de degollar la verdad

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

La lucha por el poder político y económico en América se basa en el predominio y protagonismo de los medios de comunicación de masas, y la verdad como relación con la realidad, no existe: se trata de ganar el apoyo de las masas sobre la base de un mundo virtual, es decir, un mundo al revés -como muy bien lo retrata Marx en su teoría de las enajenaciones-.

En toda guerra quien triunfa es aquel que logra presentar en forma más bestial al enemigo: en el caso de Venezuela, que trata de mostrar a Nicolás Maduro, a sus seguidores y al socialismo como una mafia de exterminio, hambre y muerte, cuyo presidente ha usurpado el poder y hambriento de sangre, es promotor de la muerte de niños, ancianos y enfermos, además de represión y tortura de sus adversarios.

Juan Guaidó es enaltecido por los medios de comunicación como el joven bueno, trasparente, puro, quien “en aras de la justicia y de la democracia” ha decidido comprometerse con el país para salvarlo de las garras del “usurpador y sus mafias”.

Donald Trump es presentado como “el Chapulín Colorado” o, para algunos, como el “Superman”, que va a venir en auxilio del pueblo venezolano, en la persona de su hijo putativo, Juan Guaidó.

Se trata de hacer que los consumidores de los medios de comunicación de masas olviden la historia y crean que Estados Unidos y sus aliados, los empresarios norteamericanos aliados y los europeos, tienen por misión rescatar a sus pueblos de las garras del comunismo – hoy convertido en el socialismo del siglo XXI, alero de una mafia de narcotraficantes castro-chavistas.

Como la anterior Guerra Fría, que terminó con la caída del muro de Berlín, ya no sirven los tanques soviéticos frentes frente a La Moneda, tampoco que los comunistas desayunen “niños” cada mañana, tampoco nadie puede creer que los comunistas puedan siquiera soñar con el poder, como sí ocurría en Francia e Italia en la posguerra.

Hoy el mundo no es bipolar, sino multipolar: ya no sirven las guerras de baja intensidad entre soviéticos y norteamericanos: ahora la lucha se da en el plano económico, especialmente por el dominio, el gas natural, el oro y otras materias primas y, sobre todo, por el predominio monetario entre los principales actores -China y Estados Unidos, y en lo militar, Rusia contra Estados Unidos -.

China es muy atractiva para los empresarios latinoamericanos y nadie está dispuesto a condenarla en nombre de los famosos derechos humanos y la democracia, y como la serpiente, China se ha convertido en país muy atractivo para enriquecer a los empresarios presidentes de los países latinoamericanos.

La Declaración de los Derechos Humanos fue redactada por los revolucionarios franceses, entre quienes se contaban también beneficiarios del negocio de esclavos – por el joven diputado M. Robespierre, admirador de J.J. Rousseau, quien señalaba que cuando se escribía “…que los hombres son libres e iguales ante la ley…”, olvidaba el suculento negocio de los esclavos, a quienes sus amos no consideraban seres humanos. En el único capítulo en que se utilizan términos “sagrados” es para proteger la propiedad privada, es decir, “libertad, igualdad y fraternidad no tienen ningún sentido, razón por la cual la fraternidad fue reemplazada por “la propiedad”.

En cuanto al sufragio universal y la democracia, baste citar a Alexis de Tocqueville, quien decía que nadie debería temer al sufragio universal, pues garantiza que sólo las élites estarán en el poder, y basta con asegurar el injusto reparto entre escaños y votos.

La derecha latinoamericana al captar muy bien que de lo único que no se puede acusar al chavismo-madurismo es no convocar a elecciones, se les ocurre ahora pensar que para convertirse en miembro de la OEA no se puede hacer un sinónimo entre elecciones y democracia, y que emane de la soberanía popular, por consiguiente, habría que crear otras condiciones para aplicar la cláusula democrática de la OEA.

Al menos, en el Macartismo bastaba con acusar a una persona o a un país de comunista como motivo para eliminarlo. La ONU ya no le sirve como institución a Estados Unidos y a sus mozos europeos para invadir un país bajo mentiras y falsas acusaciones, lo más fácil es obviar sus recomendaciones. Trump – que no es tonto – ya captó que el mejor camino para hacer desaparecer esta “desagradable institución” es ahogándola económicamente. El Consejo de Seguridad de la ONU, que incluye entre sus miembros a China y Rusia, y con derecho a veto, hace imposible legalizar una invasión – en este caso Venezuela.

La OTAN, por su parte, muy útil para Estados Unidos en la Primera Guerra Fría, a veces tiene, por parte de algunos países europeos, algunos intentos de independencia, sobre todo, con respecto a las sanciones contra Irán. Basta con la amenaza de Trump de retirarle su apoyo económico, o bien, privilegiar a Polonia y Hungría sobre Alemania, para que vuelvan sobre sus pasos, como perros falderos.

El padre de la estrategia de Trump fue Richard Nixon, quien aplicó al gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende la idea de hacer crujir la economía; hoy Trump actúa de la misma manera en Venezuela, secando la economía: se apropia de las cuentas del gobierno venezolano, prohíbe a los bancos ingleses la entrega de las reservas en oro, deja a Venezuela sin posibilidades de vender su petróleo, oro y demás riquezas.
No hay que ser ingenuo: para Venezuela no es fácil vender su petróleo a Rusia, China e India, pues el petróleo venezolano es muy pesado y necesita ser refinado. La mayoría de las refinadoras están en Estados Unidos, y Rusia no tiene capacidad de procesar el millón trescientos barriles diarios, vendidos por Venezuela. China recibe el petróleo venezolano como parte de la deuda; India compra pequeñas cantidades de petróleo venezolano.
La ayuda, llamada humanitaria, es un muy buen negocio para Estados Unidos, pues por un puñado de dólares podrá apropiarse del arco del Orinoco. Si sumamos a Colombia, el “imperio” se convertirá en dueño de la antigua Gran Colombia, (de cuya constitución republicana estamos celebrando los doscientos años).

Mientras los medios de comunicación degüellan la verdad, el gobierno norteamericano se apropia de las riquezas invocando la democracia y el respeto a los derechos humanos.

En Chile, previo al golpe de Estado, los derechistas y algunos democratacristianos hicieron uso y abuso de las palabras “democracia, libertad y derechos humanos”, y terminamos en la más sangrienta tiranía en la historia de nuestro país. Quien conozca mínimamente las miserias de la oposición venezolana, dirigida por hambrientos de poder, ¡que se cuide Juan Guidó, pues se le van a comer vivo, pues nadie sabe para quién trabaja!

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1 Comentario en El arte de degollar la verdad

  1. Acertado artículo, por sobre todo el recordarnos la historia y los patrones intervencionistas del Imperio particularmente en Chile sin olvidar a latinoamérica desde el Río Grande al sur. Recomiendo al columnista Vivas Sanchez leerlo, reflexionar y luego escribir.

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