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El asalto a la Naturaleza tiene consecuencias

Alberto Peña Cornejo

Ingeniero Forestal. Universidad de Chile.

Durante 500 años se ha venido aplicando un acto “civilizatorio” forzado, luego de la llegada de los europeos a Abya Yala[i] (es el nombre con que los pueblos indígenas nombraban estos territorios); el primer acto de despojo cultural fue reemplazar el nombre nativo por el de América, anticipando el colonialismo y neocolonialismo que perdura hasta nuestros días. En esos tiempos, bajo las premisas del positivismo científico[ii] y la interpretación religiosa, se creía que la Naturaleza era totalmente apropiable e infinita; y que se la podía explotar y agotar, expoliarla en definitiva, sin que ello redundara en efectos nocivos; peor aún: un paisaje natural sin intervención era simbolizado como algo salvaje que era necesario “civilizar”[iii].

En el verano del año 1800, el precursor de todos los ecólogos del mundo, Alexander von Humboldt, llegaba a la orillas del lago Valencia en Venezuela, con su amigo Aimé Bonpland. El lago Valencia tenía un ecosistema propio: sin salida al mar y alimentado por unos cuantos riachuelos, su nivel de agua se regulaba por la evaporación…pero ese nivel estaba bajando; Humboldt examinó, midió y preguntó; con sus investigaciones llegó a la conclusión de que la tala de los bosques circundantes y el desvío de las aguas para regar, habían hecho descender los niveles. “A medida que la agricultura florecía en el valle, los cultivadores habían vaciado y desviado varios de los riachuelos que alimentaban el lago para regar sus campos…[iv].

Esta verificación, que ya tiene 220 años, parece describir exactamente lo que va ocurriendo hoy con la Laguna de Aculeo, o lo que pasa con en la Comuna de Petorca, o lo que ocurre con los poblados insertos en la matriz de plantaciones forestales[v], cuya otrora abundante oferta de agua por esteros, vertientes y pozos hoy debe surtirse por camiones aljibe[vi].

Así va ocurriendo también, en tantos otros lugares de Chile, en que se van instalando monocultivos ligados a los agronegocios[vii] [viii], o eliminando Humedales[ix] para dar paso a caminos, puentes y carreteras, y también por las pingües ganancias del negocio inmobiliario que revestidos de “verde”, penetran la frontera de las sistemas vegetacionales nativos y se expanden con sus construcciones y caminos, sumándose al histórico proceso de desplazamiento de la frontera de la Naturaleza, que vino de la mano de una forma cartesiana de entender el mundo[x], al amparo de la cual se crearon y desarrollaron las “profesiones” que hoy se refieren a ella sólo como un recurso de la que hay que sacar el máximo provecho, sin detenerse a pensar, como lo hacía Humboldt hace 220 años, que las intervenciones de la Naturaleza no son gratuitas, como lo podemos verificar hoy con una pandemia originada en una zoonosis procedente de una Naturaleza agredida.

Afortunadamente hoy el avance del conocimiento científico, imbricado con el conocimiento de la sociedad, y una ciencia que se atreve a salir del laboratorio y quiere mirar a la sociedad cara a cara, está ganando terreno; ello explica, por ejemplo, la contundente declaración de 76 científicos pertenecientes a 15 universidades en Chile, que se pronuncian ante la ciudadanía frente a la defensa -carente de evidencia científica y técnica-, que pretende hacer el empresariado de los agronegocios, con su cuestionamiento al dictamen de la Contraloría General de la República[xi].             

El siglo XXI será el gran desafío para la sociedad que deberá tratar de conservar las formaciones vegetacionales naturales terrestres en todo el mundo, puesto que ellas son un aliado fundamental para mitigar[xii] los efectos del Cambio Climático que poco a poco se ha ido transformando en la peor emergencia climática mundial[xiii].  Sin embargo las formaciones vegetacionales naturales terrestres vienen siendo eliminadas, fragmentadas, alteradas, contaminadas, por diversos fenómenos y procesos, algunos de los cuales son muy notorios y evidentes como los grandes incendios, las sustituciones masivas para instalar cultivos de agronegocios (frutícolas y plantaciones forestales), de larga data o recientes, pero también hay un proceso de eliminación de la coberturas vegetacionales naturales que no resultan tan evidentes como los de la expansión del negocio inmobiliario, de la actividad minera, de los extensos tendidos de líneas eléctricas de alta tensión, de la creciente fragmentación de hábitats producto de una suerte de invasión de la ruralidad a través de una modernización compulsiva confundida a propósito con modernidad[xiv], referido a prácticas de turismo, por ejemplo, que sobrecargan ecosistemas frágiles o vulnerables; también caen aquí los “deportes” como el denominado “motocross” y también los dañinos “rallys” que van dejando huellas y pérdidas indelebles en la “piel” de los ecosistemas –el suelo-, a los que hay que sumar la malísima costumbre de convertir los paisajes rurales en depósitos de basura, particularmente fondos de quebradas y hondonadas que poco a poco van no sólo impidiendo el desarrollo de la vegetación, sino que además van contaminando los suelos y las aguas; y afectando a la fauna existente.

Uno de los primeros agronegocios sustituidores del bosque nativo en Chile, fue el cultivo masivo de trigo para la exportación, actividad que despojó de bosques nativos toda la Cordillera de la Costa del secano costero de las regiones de O’Higgins y Maule y después la de Biobío y la Araucanía; todo para exportar trigo, primero al Perú a raíz de las pérdidas de sus cultivos a causa de los efectos de terremotos y plagas en el siglo XVII[xv] y XVIII y después a California y Australia por la fiebre del oro en la medianía del siglo XIX[xvi]; pero después siguió con la sustitución de bosque nativo por plantaciones forestales comerciales y hoy por hoy en forma silenciosa, pero efectiva, continúa con la sustitución para cultivos de frutales (paltos) y la expansión del negocio inmobiliario que van sacando pequeñas pero innumerables «mascadas» al bosque natural y que van destruyendo su estructura y composición y alterando irremediablemente sus funciones. Y así se van destruyendo hábitats, alterando nichos ecológicos, y creando mosaicos desconectados, rellenos de infraestructura física con seres humanos, que creen que vivir cerca de la Naturaleza consiste en trasladar la urbe a ella. En términos concretos, la forma en que se han desarrollado estas actividades en los territorios ha provocado situaciones muy complejas que han causado sufrimiento a la población, como incendios forestales, sequía, derrumbes y aluviones, por mencionar algunos. La frase de Humboldt está más vigente que nunca: “Las intervenciones de la Naturaleza no son gratuitas”. 

La evidente conclusión que podemos sacar, es que el modelo de desarrollo económico imperante es una amenaza para los ecosistemas nativos de Chile y para la población, ya que ha perpetuado irreparables daños mediante la eliminación de extensas superficies de bosques, matorrales y humedales a lo largo del territorio nacional, afectando para siempre las valiosas funciones que otorgan para nuestro bienestar. Estando a poco tiempo de iniciar un proceso constituyente, el gran desafío en los tiempos del cambio climático y la escasez de agua es fortalecer la institucionalidad ambiental y la planificación territorial mediante el ordenamiento, para así reducir externalidades negativas generadas por la destrucción de ecosistemas nativos, las que repercuten directamente en áreas como la salud, economía, trabajo, desarrollo social, energía y agricultura. Este ordenamiento territorial debe contemplar la evaluación de ciertas acciones, pues hay territorios que no tienen la capacidad de soportar ciertas actividades productivas intensivas a gran escala.

El ordenamiento territorial debe promover y regular un desarrollo local y productivo en función del respeto, acorde a su realidad y capacidad, definiéndose desde las necesidades territoriales y no desde el centralismo. Ese desarrollo debe contemplar la dinámica de las cuencas hidrográficas, la restauración de aspectos socioculturales, recreacionales, espirituales, del paisaje, de la protección de su biodiversidad y su dinámica ecológica. Siempre es bueno recordar que Chile es un país que cumple 7 de los 9 criterios de vulnerabilidad climática[xvii], y bajo el actual paradigma de la Constitución, es difícil sentirse “seguro”.

Por ello, la Constitución Política del Estado debe ser modificada, considerando aspectos que permitan valorar y proteger las funciones de los ecosistemas nativos en los territorios para disminuir esta vulnerabilidad y garantizar la seguridad de la población. Un paso importante para aquello es garantizar el bien común por sobre los intereses privados, donde no caben dudas que la inclusión del ordenamiento territorial responsable en la Constitución sería un gran primer paso para alcanzarlo.


[i]   Hernán Contreras Manfredi; América Cordero Velásquez. 1989. ABYA YALA. La Patria Grande. Recorriendo América. Una Propuesta Ambiental para América Latina. 427 p, pp: 7-8. 

[ii]   “En la teoría al menos, los puntos de referencia de toda explicación científica moderna son la materia y el movimiento, aquello que los historiadores de la ciencia llaman la “filosofía mecánica”…y los desarrollos contemporáneos…-por ejemplo, la mecánica cuántica y ciertos tipos de investigación ecológica- no han hecho mella en la forma predominante de pensamiento…”. Morris Berman. 1987. El Reencantamiento del Mundo. Editorial Cuatro Vientos. 321 p, pp: 10-11.

[iii]   “El término “civilización” –un neologismo- aparece tardía y casi furtivamente en Francia en el siglo XVIII… se opone, grosso modo,  a ´barbarie´. Por un lado están los pueblos civilizados; por el otro, los pueblos salvajes, primitivos o bárbaros…”. Fernand Braudel. 1983. Las Civilizaciones Actuales. Estudio de historia económica y social. Editorial Tecnos. Séptima edición. 497 p, pp: 12-13.  

[iv]   Andrea Wulf. La Invención de la Naturaleza. El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt. 2018. Editorial Taurus. Segunda edición. 758 p, pp: 85-86.

[v]   http://www.cr2.cl/policy-brief-cr2-el-impacto-del-bosque-nativo-y-las-plantaciones-forestales-en-el-suministro-de-agua-en-chile/

[vi]   https://ciperchile.cl/2017/03/21/el-negocio-de-la-sequia-el-punado-de-empresas-de-camiones-aljibe-que-se-reparte-92-mil-millones/

[vii]   https://bosquenativo.cl/declaraciones/

[viii]   https://bosquenativo.cl/eliminar-bosques-nativos-para-habilitacion-agricola-hacia-el-fin-de-esta-miopia/

[ix]   https://laderasur.com/articulo/los-molles-algarrobo-y-las-desastrosas-consecuencias-de-construir-sobre-humedales-y-degradar-la-zona-costera/

[x]   https://theconversation.com/pensar-la-pandemia-134990

[xi]   https://biogeoart.cl/2020/07/15/cientificos-apoyan-dictamen-de-contraloria-que-declara-ilegal-convertir-bosques-nativos-en-terrenos-agricolas/

[xii]   https://bosquenativo.cl/manejo-de-ecosistemas-forestales-nativos-la-verdadera-respuesta-a-la-emergencia-climatica-global/

[xiii]   https://bosquenativo.cl/opinion-las-contribuciones-determinadas-a-nivel-nacional-en-relacion-con-el-riesgo-y-la-seguridad-nacional/

[xiv] José Bengoa en su libro “La Comunidad Reclamada” indica que la “modernización compulsiva”, es la sobrevaloración de los procesos materiales de la modernización, por sobre otros aspectos. Un país puede “modernizarse” mucho: muchas carreteras, bienes materiales, etc., sin llegar a ser moderno, más aún, siendo extraordinariamente reaccionario, conservador e incluso antimoderno en sus relaciones personales y sociales.

[xv] https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-71942018000200339&lng=es&nrm=iso&tlng=es

[xvi]   http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-94448.html

[xvii]   https://www.latercera.com/que-pasa/noticia/pais-cumple-siete-nueve-criterios-vulnerabilidad-frente-al-impacto-del-cambio-climatico/428539/

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