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EL CINE FRANCÉS DEL AÑO, PARTE I

El cine francés siempre da que hablar, ya sea causando escándalos por su contenido o dictando las direcciones que tomará la estética cinematográfica en el futuro cercano. Es por esto que, a mitad de 2019, es refrescante repasar aquellas películas exhibidas en cines nacionales, importadas del país de Truffaut y Chabrol, y ponderarlas.

Valley of Love

Una pareja divorciada de actores de cine se reúne en el Valle de la Muerte, en California. Es la primera vez que se ven desde el suicidio de su único hijo, y están en el lugar siguiendo las instrucciones que éste les dejó en una carta, donde consignó que reaparecería vivo ante ellos en aquel lugar. Así como una resurrección nada de cristiana.

La religión no es un tema en Valley of Love (2015), filme escrito y dirigido por Guillaume Nicloux. Sí lo es, en cambio, el esoterismo. Pero ¿lo será el amor? Desde luego que es un sentimiento latente entre los personajes principales, Isabelle y Gérard, llamados tal como quienes los interpretan, Isabelle Huppert y Gérard Depardieu. Ellos deben, además, reconsiderar el amor que sentían hacia su vástago, cuyo fantasma los atormenta de forma tanto literal como etérea. ¿Acaso están ahí para expiar culpas o por un genuino interés en que su hijo reviva?

La película plantea estas interrogantes una vez que Isabelle y Gérard comienzan a interactuar. Los diálogos son adecuadamente metafísicos y el desarrollo es misterioso. Huppert y Depardieu han trabajado juntos varias veces, desde sus respectivos inicios en los 70. Su talento mutuo es descomunal, y el mero hecho de que compartan fotogramas, es razón suficiente para que yo corra al cine a verlos.

Sin embargo, la jugosa premisa no toma ningún rumbo. El otrora matrimonio se sienta a esperar por un reencuentro incierto y estamos invitados a sentarnos junto a ellos. Dado que ya estamos sentados en la oscuridad del cine, esperando lo sobrenatural, el visionado es una experiencia doblemente pasiva, aunque un tanto visceral: el director de fotografía Christophe Offenstein captura el calor opresivo, incandescente, del verano en el desierto y, asimismo, la humedad de los interiores, con un enfoque naturalista.

Hay extensos tracking shots de Huppert y Depardieu caminando, siempre al centro del cuadro; es imposible no esperar que realicen algo ostentoso en medio o al final de estos planos, que, banales en sí, poseen un inusitado dramatismo.

Nicloux es hábil en confundir la línea entre realidad y ficción: nunca señala en el metraje cuáles son los apellidos de estos padres sin hijo, y omite los nombres de pila de los actores en los créditos finales (lo cual me pareció un poco siútico). Es obvio que Nicloux escribió el guión con ellos en mente. ¿Habrá soñado con verlos casados en la vida real?

Desearía que él hubiera desplegado una historia profunda ante mis ojos. Los personajes cavilan, hacen un par de cosas ridículas, emiten declaraciones crueles, pero sin muchas repercusiones. Valley of Love establece ideas interesantes que nunca son exploradas de manera satisfactoria y el conflicto se mantiene estático hasta el clímax. Ahora bien, Huppert demuestra una vulnerabilidad que casi siempre deja a la inferencia, y su química y comodidad con Depardieu son electrizantes. El filme nos recuerda que éstos dos no debieran cesar de colaborar en la gran pantalla. No es como si fueran a jubilarse mañana.

Le Livre D’image

Jean-Luc Godard recibió la primera Palma de Oro Especial en la historia del Festival de Cannes, por su esperado largometraje Le Livre D’image (2018). Cada vez que el legendario cineasta francés estrena algo, es un acontecimiento y un imán para los críticos alrededor del mundo.

Y éste es un acontecimiento no sólo por el célebre nombre adjunto, sino por su estética, avasalladora con todo lo que suele exhibirse en la pantalla grande. Desde luego, es una experiencia que debe ser aislada de otros elementos que nos puedan distraer; necesita la intimidad y el énfasis de una sala de cine para que abracemos su complejidad. O, al menos, lo intentemos. JLG se presenta aquí como crítico de cine y no tanto como el mayúsculo director que es, rumiando acerca de cómo las películas influyen en el mundo y viceversa. Ya ha hecho esto en el pasado.

Como es habitual con él, ésta es una obra críptica al punto de enfurecer a los espectadores. Hubo un par que se fue a los veinte minutos de comenzada la función a la que asistí. Pero yo más o menos sabía a lo que iba y sentía curiosidad.

Es un ensayo fílmico. Hay una progresión de estímulos sensoriales que emergen de una estructura de collage. Vemos, por ejemplo, el fragmento de un wéstern, otro de la cinta más escandalosa de Pasolini, y después bombardeos en algún lugar del Medio Oriente. El conflicto israelí-palestino, entre otros tópicos, es abordado desde la imagen y no desde la estrictez de un discurso político. Aunque a veces sentí que, justamente, eso le hacía falta.

Godard puntúa su dialéctica visual con fotogramas negros, bastante frecuentes, quizá porque funcionan como signos ortográficos. Además, divide este “libro de imagen” en capítulos, en un gesto literal. Y usa reveladores títulos en negrita (no en negro, necesariamente), confirmando que nadie es más eficiente en persuadir con estos títulos que él.

Trata de denunciar la indiferencia del cine respecto a las peores atrocidades en la historia de la humanidad, arguyendo que en Occidente han optado por producir entretenimiento que satisfaga a las masas, e ignorar por completo los eventos trágicos y sangrientos del hemisferio opuesto. Esto lo deducimos. Claro que hay una responsabilidad social, inherente a esta forma de arte, la más popular del mundo, con los seres humanos que la consumen. Es un punto de vista muy razonable como para no empatizar con la gente afligida en los registros seleccionados. Pero no hay que visionar Le Livre D’image para caer en la cuenta de lo anterior: la empatía es una reacción natural y también lo es la diatriba culpable.

El enfoque emocional se hace aún más patente gracias a un exquisito diseño de sonido. Escuchamos una explosión en uno de los parlantes, cerca de la pantalla, y otra a un volumen mucho más alto en los parlantes del fondo. No podemos predecir la tecnicidad y las escenas bélicas se vuelven viscerales, nos suceden a nosotros mismos ahí en la oscuridad, como ataques terroristas. El filme llega a afectarnos tanto con el sonido, que su carácter se aproxima a la música.

Abre un espacio ignoto a las voluptuosidades y, no obstante, carece de una declaración transparente sobre sus temas. A lo abstracto subyace un mensaje específico que Godard prefiere sortear, ocultar, volviendo demasiado ambigua una película que precisa urgencia. Me frustró, lo cual no es sorpresivo viniendo de uno de los directores más exigentes, insufribles.

Le Livre D’image es víctima de su ambición: es una revolución formalista, efectiva en transformar la cara cansada del cine contemporáneo, e inspirará a varios a seguir buscando expresiones audiovisuales diferentes. Por otra parte, en lo político no causará que la gente se movilice como lo hizo, por ejemplo, con “Tres Anuncios por un Crimen” (2017); su impacto será mucho menor. Y es una contradicción mayor: si el cine no se ha hecho responsable de la humanidad cuando ésta decide autodestruirse, tampoco lo hace Le Livre D’image. Pese a que su moral sea la correcta, ésta no deja de ser genérica.

Hay una dimensión verbal, esencial para la política, que Godard decide anular en pos de su poética (las lecturas de versos en off no son suficientes). O su ego. Y, de refilón, huye de la polémica. O tal vez pretenda concienciarnos de las limitaciones de su “libro”, pero eso es muy rebuscado hasta para él, tanto que el resultado dejó de importarme.

¿Quiere decir algo sustancial o le interesa apocar a sus colegas que no cuentan con los recursos ni la estatura para realizar un proyecto semejante? Creo que se inclina por lo segundo, y comete el error de recordarnos a cada instante que estamos viendo sólo una película. El cine no es tan poderoso para, a su vez, recordarle a Godard su vicio de reducir el séptimo arte a un medio superficial y repetitivo. Quiero saber qué tiene que decir, no ver lo que ha estado haciendo por más de veinte años, aun cuando me mantiene fascinado en mi butaca.

En suma, consideremos el afiche americano de Le Livre D’image. La única palabra destacada aparte de “image”, es el apellido de su autor: para bien y para mal, resume su contenido.

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2 Comentarios en EL CINE FRANCÉS DEL AÑO, PARTE I

  1. perfecto!
    Un comentario super atinado, riguroso y veraz!
    Qué buen trabajo, un gran crítico de cine…
    Felicitaciones!

  2. Gran retorno a estas ilustres páginas Esteban, lo extrañabamos.. al menos yo.
    Muy buen trabajo.

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