Urgente: Chile y el mundo deben cambiar... La humanidad debe iniciar un proceso de cambios asumiendo un nuevo orden , de la mano de la solidaridad, la justicia, la equidad, protección del medio ambiente y redistribuir las riquezas eliminando la pobreza.
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El cuento de nunca acabar

El Presidente de la República, después del uso de sus merecidas vacaciones legales en Puerto Coique, Lago Ranco, se puso de inmediato a la cabeza del Gobierno para abordar diversos problemas pendientes. En general, la gestión de las vacunas (adquisición y programa de inoculación) ha sido evaluada muy positivamente, y el éxito no ha logrado ser empañado ni por las desatinadas declaraciones del ministro Allamand ni por alcaldes que han corrido con colores propios para favorecer a algunas amigas y amigos privilegiados.

Sin embargo, el denominado “conflicto mapuche” sigue penando ya no solo tras bambalinas sino frontalmente, y sus esquirlas saltan a todas partes causando estragos en todos los ámbitos. Forestales, camioneros, turismo, pequeños propietarios y orden público en general.

Es probable que les demandas territoriales y de autonomía de los pueblos originarios estén infiltradas tanto por grupos vinculados al narcotráfico como a la delincuencia común (robo de madera) pero es indudable que sus atentados tienen un objetivo bien preciso: mostrar al país que pueden poner en jaque la autoridad del Estado sumándose para tal efecto a las legítimas reivindicaciones y creando una situación descontrolada.

El problema, qué duda cabe, no es de ahora. Ninguno de los sucesivos gobiernos que han regido al país post dictadura, ha sido capaz de lograr una adecuada comprensión de la naturaleza del conflicto. Declaraciones de buena crianza; tímidas medidas como el Fondo de Adquisición de Tierras (en 2020, el Gobierno ocupó menos del 20% de los recursos presupuestados); pomposos programas como el “Acuerdo Nacional por el Desarrollo y la Paz en la Araucanía” de 2018, que no ha alcanzado ni un 8% de cumplimiento; constituyen “plena prueba” de la ineptitud de la clase gobernante para entender y para construir soluciones. El problema, y los hechos así lo demuestran, es que el transcurso del tiempo trabaja para la radicalización del problema que es lo que se está viendo en el día a día. Algunos altos personeros de “Chile Vamos” han criticado que su sector, la Derecha, tiene una visión binaria del asunto: orden público y pobreza, y claman por mayor equipamiento para las policías y por un “Nuevo Trato al Pueblo Mapuche”. Y, precisamente, ahí está su error. No se trata, en el caso, de ofrecer respuestas simplonas (“ganarles la guerra”) ni de tratarlos “desde arriba” de mejor forma.

En breve: la compleja cuestión en juego implica reconocer al pueblo mapuche en su carácter de tal negociando con ellos (aunque a algunos eso les moleste) condiciones de preservación y respeto de su cosmovisión y de su cultura e incluso determinados niveles de autonomía establecidos en un estatuto convenido, comprometiendo un programa que permita la progresiva recuperación de los territorios ancestrales. Es obvio que (y esto le molestará a otros) un actor necesario en la mesa de trabajo serán las grandes empresas forestales que deberán asumir sus propias e históricas responsabilidades.

Si en otros países con graves problemas ha habido capacidad para dialogar y alcanzar acuerdos cuya negociación pudo durar años, no hay razón para ver esta tarea como algo imposible.

Cuando la coalición gobernante camina hacia su término, sus propios dirigentes han encendido la luz roja. Ante la eventualidad de una declaración de “estado de sitio” en la “macro zona sur”, Andrés Molina, presidente de Evópoli, ha sido categórico: “Entonces, claramente estamos ad portas de una guerra civil”.

Por supuesto, para invitar a los diversos actores a compartir una mesa, se requieren convocantes que tengan una alta autoridad moral para que generen confianza y respeto y, aunque ya no es necesario recalcarlo, ni el actual Gobierno, ni la coalición que lo sustenta, ni los personeros que pretenden liderar la oposición, tienen esa autoridad indispensable.

El senador Francisco Huenchumilla ha planteado una opción: Allanar el camino para que sea un grupo de trabajo de las Naciones Unidas el que cumpla el indispensable papel de anfitrión. Es lo más racional y razonable que se ha escuchado. No se puede seguir actuando en función de las encuestas o de las simpatías o intereses partidarios.

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