El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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El ojo intruso

El sábado 13 de junio, Su Excelencia, sin el boato y las formalidades tradicionales, destituyó a su Ministro de Salud Jaime Mañalich y lo reemplazó por Enrique Paris. Hubo palabras de buena crianza, expresiones de gratitud por su heroica gestión y sacrificio personal para el que sale y augurios positivos para el que ingresa.

Los medios de comunicación social tradicionales, tan prestos siempre para echar una manito al actual oficialismo, no reconocieron  el fracaso de Mañalich y dieron amplia tribuna a quienes atribuyeron su salida a una campaña opositora, a una sistemática acción de desprestigio en su contra e, incluso, a que la destitución había sido una condición impuesta al Presidente para aprobar el acuerdo a reactivación económica (lo que fue desmentido tajantemente por todos los partícipes de esta negociación). La pueril iniciativa del Partido Comunes, del Frente Amplio, para acusar constitucionalmente a Mañalich constituye no solo una niñería ya que personifica culpas en un solo actor sino una carencia de criterio, que la ciudadanía no entenderá, frente a lo que se está viviendo.

Este predicamento de los partidos de Gobierno busca desligar a Piñera de toda responsabilidad y deslindar así las propias culpas por su incondicional sumisión a políticas sanitarias claramente equivocadas y cuya rectificación estaban reclamando, con gruesos fundamentos, amplios sectores de la sociedad.

Si bien la pandemia constituía una experiencia nueva   para cuyo tratamiento nadie tenía la panacea ( y, por lo tanto, todos estaban expuestos a errores) era incomprensible que se excluyera de la tarea a los 70.000 funcionarios de la atención primaria de salud que son los que están en el Chile real, donde “las papas queman” (responsabilidad del Ministro), y que se insistiera en “vender la pomada” de que todo estaba bajo control, que había llegado la hora de una “nueva normalidad” y de “un retorno seguro” (responsabilidad política presidencial).

El idílico panorama se destrozó en horas cuando la periodista Alejandra Matus cuestionó las cifras de defunciones informadas y reventó cuando Espacio Público hizo público un estudio que cuestionaba definiciones, cifras de contagios y muertes, y metodologías utilizadas. Los números se elevaron fuertemente y se instaló la convicción de que había habido una clara manipulación estadística.

Paris ha tratado de crear un clima distinto y sustituir la soberbia irónica precedente por el diálogo lo que debe valorarse positivamente. En qué medida esto se traducirá efectivamente en un cambio de actitud, está por verse ya que los halcones de La Moneda no están durmiendo.

A estas alturas, el mazazo al Gobierno vino desde los EE. UU. Tan fuerte fue el golpe que El Mercurio, que tradicionalmente es vocero silencioso (oximorón) del pensamiento de Derecha, optó por solapar la noticia.

Bloomberg, empresa estadounidense controlada por Michael Bloomberg, ex alcalde Nueva York, ocupa a 10.000 personas y está valorizada en Bolsa en 22.500 millones de dólares. Por lo que se sabe, no tiene nada que ver con Cuba ni con Corea del Norte. Presta asesoría financiera a grandes empresas y como actividad colateral mantiene un servicio mundial de noticias por televisión, radio, internet y en publicaciones impresas.

Su informe sobre el país del pasado martes 16 de junio, dice lo siguiente:

“Chile siguió el ejemplo de las naciones ricas solo para darse cuenta una vez más que un gran porcentaje de sus ciudadanos son pobres”.

El Covid-19 llegó a su territorio “tras las vacaciones de los ricos en Europa quienes transmitieron el virus por las oficinas y círculos sociales” y “cuando se les forzó a hacer cuarentena lo hicieron en espacios generosos o en parcelas en el campo”. Pero “los casos empezaron a aparecer a una tasa de más de 5.000 por día a medida que las trabajadoras de casa particular llevaban el virus a su hogar”.

“Lo que va mal en Chile va al centro del debate sobre los confinamientos que los expertos en salud ahora reconocen que funcionan bien para los que tienen pero no para los que no tienen. Quedarse en casa durante largos períodos de tiempo no es una opción real para muchos”.

La situación “no sorprende a los chilenos comunes y corrientes que se quejan desde hace tiempo de la distancia entre la élite educada en el extranjero, que (es la que) gobierna, y el resto de la sociedad”.

“Chile tiene una de las tasas de contagio más altas del mundo. La lucha contra el virus cayó víctima de factores como la pobreza, el hacinamiento y un alto trabajo informal. Chile pasó de ser un país “modelo” y casi admirado en la región, a uno de los peores resultados”.

¿Qué se puede agregar a lo que opina esta empresa?

Los días próximos no se presagian venturosos. Enrique Paris probablemente tendrá la voluntad de enmendar el rumbo pero ¿tendrá el coraje de enfrentar a quienes toman las grandes decisiones? Cristián Larroulet, que encapsulado en el segundo piso de Palacio, define políticas, selecciona nombres (con bastante torpeza al parecer), cegado por su ideologismo, no ha mostrado disposición a dar la cara. Su inmensa lejanía con el Chile real constituye un problema mayúsculo para un Sebastián Piñera que sigue creyendo que el país de verdad es el de las encuestas y de las cadenas de tv. Lo malo es que el precio final lo terminaremos pagando todos y muy especialmente las víctimas que no son solo un número sino personas con nombre y apellido, con familias destrozadas y sin un horizonte de esperanzas.

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