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Cuentos cortos: El plumífero

El gallo de mi barrio tiene una particularidad muy especial: canta horrible.

Pareciera sufrir de disfonía ya que su insípido quiquiriquí no agrada a nadie de la vecindad cuando anuncia un nuevo día, considerando que sus parientes de alrededor lo hacen de manera muy refinada.

Entona su descompasado cántico a la hora que se le ocurre. Los  domingos, donde la gente desea estar tranquila después de una noche de jolgorio y donde la resaca se transforma en un mal casi incurable, desean, sencillamente, verlo en la olla convertido en cazuela.

Sin embargo, aprendieron – con el correr del tiempo – a aceptarlo como su reloj despertador natural, pues al levantarse lo hacen de buen humor.

Nadie sabe ni como se llama.

-Buen remedio para empezar la jornada con una sonrisa, dice la vecina Dolores.

Parece un híbrido hecho no se sabe entre quiénes. Es chiquito y aniñado. Un verdadero gallo de la pasión. Su plumaje es multicolor y su cola, que es más grande que él, le da ese aire de respeto que no ignora.

Elige a las gallinas más caderudas y se ufana de ser el rey del gallinero.

Las pollas lo adoran, especialmente cuando las acurruca con tanta obsesión.

-Gracias a mi gallito coloco unos huevos de primera…., expresó muy ufana esa gallina castellana.

………………

Pasaron algunas semanas y el barrio de pronto enmudeció al comprobar  que al plumífero no se le escuchaba su voz de lija desde hacía un tiempo.

Estaban como sorprendidos y su ausencia no dejó ignorante a nadie, en especial  a aquellos vecinos que comenzaron a llegar tarde a su trabajo debido a la ausencia de aquella desabrida bocina.

Conclusiones iban, conclusiones venían.

Para terminar con las dudas se formó una comisión para visitar al vecino Pantaleón, que así se llamaba el dueño del ave, para preguntarle qué había pasado con el valiente plumífero.

Este, compungido hasta lo máximo y reteniendo una que otra lágrima, respondió:

-Lo tuve que vender porque las economías en casa no han andado muy bien.

-¿Y qué van hacer sus aves sin su gallo?, preguntaron maliciosamente y al unísono dos vecinas de la comisión.

-También las vendí. No podían quedarse solitas las pobres. Gallo como ese difícil que vuelva a encontrar. A las aves del corral solo les faltaba sonreír al contar con su presencia. Sé que donde está no me dejará en vergüenza.

Los vecinos se miraron uno a otros sin tener qué decir, salvo la vecina Dorotea, conocida en el barrio por sus salidas de madre, quien dijo a modo de expresión de gracias: -Lo extrañaremos….cantaba tan lindo que nos resultará difícil olvidarlo.

La demás parte de la comitiva ni siquiera alcanzó a sonrojarse…..

 

“Nen” Becerra Fuentes

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