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El reino de la cobardía.

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

Un viejo adagio anónimo afirmaba que “las tres enfermedades más comunes en la vida de los seres humanos son las caries, el resfriado común y la cobardía moral”.

Las dos primeras  corresponden a patologías orgánicas frecuentes originadas en muchas ocasiones por causas atribuibles a responsabilidades propias de los individuos  que no cuidan debidamente su salud o se arriesgan a correr  riesgos innecesarios confiados en que su fortaleza física les proporcionará las armas necesarias para defenderse. Por lo demás, el avance de la ciencia y la técnica ha hecho posible que una y otra sean enfrentadas con relativo buen éxito.

Por el contrario, la cobardía moral es una enfermedad del espíritu que se propaga incesantemente  y que, por su carencia de una sintomatología específica, es difícilmente detectable. Es propio de su cuadro clínico que los individuos que la padecen permanezcan sin ser individualizados haciendo posible su difusión creciente en todos los ambientes.

Es doloroso decirlo pero el país  se ha transformado en su  caldo de cultivo ideal. La sociedad chilena por décadas y siglos alimentó una mitología que poco tenía que ver con la realidad y una amplia gama de elementos nutrida por el mensaje oficial y por la ideología dominante sustentada por los medios de comunicación social, logró enclavar en el pensamiento común lo que no era más que una serie de lugares comunes deificados por la necesidad de creernos superiores.

De esta forma,  la prepotencia, el abuso de poder, la bravuconada inmisericorde, el actuar armado o  en patota frente al débil e indefenso, pasaron a ser considerados como  signos de valentía.

Si se pasa revista a la delincuencia, un gran número de casos corresponde a ataques grupales cuyas víctimas son  mujeres solas o adultos mayores. Con inusitada frecuencia, bandas organizadas atacan a personas e incluso a niños por el solo hecho de vestir una polera de un equipo que no es del agrado de los agresores. Luego,  el matonaje es celebrado como una hazaña cuando en realidad no es más que una manifestación vergonzosa de cobardía.

Lo mencionado corresponde claramente a la expresión de la fuerza bruta en una de sus manifestaciones más condenables.

Pero, más allá de esos hechos que día a día  aparecen en las páginas policiales de los periódicos impera un mundo que responde más propiamente a lo que debe ser calificado como cobardía moral.

La internet ha abierto, sin duda, un amplio espacio a las denominadas  redes sociales que permite que millones de personas de todo el planeta, en cada minuto del día, se expresen, se comuniquen, manifiesten sus opiniones y juicios,  a través de estas innovaciones tecnológicas. Y es bueno, en abstracto, que así sea ya que  en teoría se avanza hacia lo que puede ser considerado como una “democracia digital”.

Sin embargo, en los hechos, bajo la figura etérea del “público opinante” se esconde una masa irresponsable que ha encontrado aquí la oportunidad propicia para mentir, denigrar, injuriar, calumniar. El “sistema” hace posible tirar la piedra y esconder la mano. Es cuestión de visitar cualquiera información que sea portadora de un contenido más o menos discutible o  más o menos polémico, para que,  de inmediato, aparezca a continuación un sartal de groserías y de ofensas personales. Escudándose en el anonimato, bajo nombres inventados o supuestos, se busca generar un estado de situación de una presunta opinión pública, favorable a los intereses espurios de sus remitentes. De esta forma, las redes sociales se han ido transformando en el reservorio  de las más bajas pasiones de los seres humanos, los que, por supuesto, no serían capaces de decir las mismas cosas bajo su plena identificación.

Los medios de comunicación social no podemos, en ningún caso, eludir nuestras propias responsabilidades. Manteniendo el pleno respeto a la libertad de opinión, la simple exigencia de la total individualización de los autores de los comentarios y el establecimiento de   los mecanismos automáticos para la eliminación de textos  que no resguarden ciertas normas básicas de respeto mutuo propias de una sociedad civilizada, será posible avanzar hacia nuevos estadios de cultura y democracia.

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2 Comentarios en El reino de la cobardía.

  1. La cobardía moral también se manifiesta cotidianamente a través de las declaraciones empalagosas de fraseología plena de extraños giros y recovecos emitidas por personajes de la política, de los servicios del Estado y de la empresa, para tratar de convencernos, a través de declaraciones en los medios, de que el pan, no es pan y que el vino, no es vino.

    Esa mala costumbre puede considerarse como una forma de ejercer violencia contra los ciudadanos.

  2. Qué lamentable, que nuestro país haya caído tan bajo moralmente, y que las pandillas hayan comenzado a corroer nuestra sociedad. Mientras las leyes de protección de la ciudadanía no son aplicadas por los organismos que reciben un sueldo para protejernos, y a los politicos les dá lo mismo. Por lo que el titular de este artículo, no podia ser mejor, ya que se vé abiertamente que Chile está transformándose en El Reino De La Cobardía.

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