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¿Los constructores de Chile?

Uno de los problemas  graves que debe enfrentar el país en materia de desarrollo con una mirada de futuro, es el relativo al uso del suelo. Si se pone la mirada en lo que está sucediendo y se observa esta realidad con un mínimo de sentido crítico,  será posible constatar que en esta materia se vive una anarquía total. Los grandes think tanks vinculados a los sectores empresariales (Libertad y Desarrollo, Libertad, Fundación Jaime Guzmán, Clapes-UC),  pese a contar con generoso financiamiento,  no tocan esta materia ya que si la tocaran  estarían afectando a poderosos grupos de interés. Tampoco lo hacen Cieplan, Siglo 21, universidades públicas.

El tema, por supuesto, es complejo. Ya en comentarios anteriores hemos aludido a él, haciendo presente consideraciones que saltan a la vista pese a que reconocemos que estamos muy lejos de ser especialistas en la materia.

El punto de partida de este análisis, como en muchos otros temas, lo encontramos en el centralismo. Santiago se ha constituido en una megalópolis que, si se establece una relación entre la “población-país”  y la “población-ciudad capital”,  es la más negativa del planeta. Además, es una ciudad segregada en la cual en tres o cuatro comunas se concentran los mayores ingresos, la mayor calidad de vida material (vías, áreas verdes, transporte) y un gueto social que desconoce deliberadamente la verdad del Chile-real.

Como consecuencia de lo dicho, las “comunas de clase” actúan como tubos de succión imponiendo políticas públicas orientadas hacia su propio y particular beneficio aunque ello tenga costos incalculables para un desarrollo racional y armónico del país. De esta manera se conjugan dos jugadas maestras: la presión política, social y comunicacional que legitima inversiones cuantiosas en la ciudad-capital para atender su interminable expansión urbana (nuevas líneas de metro, subvención escandalosa al Transantiago), por una parte, y la presión del mercado para generar áreas de recreación (segunda vivienda) para los capitalinos aunque ello implique privatizar el acceso libre de los habitantes a zonas respecto de las cuales, por disposición legal,  éste debe estar permitido  a toda persona (playas de mar, riberas lacustres, borde de ríos, etc.).

Un día cualquiera, el diario de Vitacura nos sorprende con noticias que bien pudieran pasar desapercibidas. Una inocente carta de un lector, reclama en forma airada por los tacos y la congestión que en esta época se vive en la localidad de Pucón. A partir de entonces, cada jornada  un nuevo lector se suma a una bien orquestada campaña que tiene por fin evidente “crear una necesidad”: que el Estado o el Municipio local inviertan en infraestructura. Los auténticos responsables de la situación (inmobiliarias que han construido enormes condominios) permanecen en silencio buscando evidentemente que con el dinero público se rentabilice adecuadamente su negocio privado. Debe destacarse en este campo, la gestión del alcalde de Puerto Varas, Ramón Bahamonde, quien ha paralizado el desarrollo inmobiliario de la zona urbana de la localidad,  decretando “una postergación  de los permisos de subdivisión, loteo o urbanización predial y de construcción en el sector céntrico y el borde lago de la comuna”. La autoridad comunal ha señalado, según informa “El Mercurio”, que no existen “las condiciones de viabilidad ni la infraestructura hídrica para el desarrollo de la ciudad” para lo cual es indispensable con un plan regulador actualizado y un sistema de alcantarillado que impida la creciente contaminación que sufre el lago. Como era de esperar, la Cámara Chilena de la Construcción calificó como “lamentable” la medida considerando, como dijo su presidente Fernando González, que se están vulnerando “nuestros derechos a hacer ciudad” debiendo haber dicho, más claramente,  “nuestros derechos a hacer negocio”. Decenas de predios aledaños a los lagos del sur, están siendo loteados por inmobiliarias capitalinas dando lugar a un proceso de contaminación de estas valiosas reservas de agua dulce.

Paralelamente, la clase ABC1 metropolitana ha emprendido una campaña para apoderarse paulatinamente de la zona costera. Para tal efecto, a los tradicionales habitantes ribereños (pescadores de orilla, mariscadores, algueros…) les han ofrecido increíbles sumas de dinero para comprarles sus modestos predios, cuyas tradicionales viviendas serán muy luego demolidas para dar paso a casas de veraneo (segunda o tercera vivienda) que los hace  dueños no solo del inmueble sino del paisaje natural y del acceso recreativo y de esparcimiento  que, en teoría, debiera  estar garantizado  a todos los habitantes.

En oportunidades anteriores, criticamos la indolencia mostrada en este aspecto  por la totalidad de los postulantes a La Moneda durante la campaña presidencial. Si bien resultaba lógico y esperable que la candidatura de derecha ni siquiera mencionase el tema en su programa de gobierno  dado el cuadro de relaciones e intereses en que se mueve, resulta sorprendente que los sectores antagónicos, que se deleitan en autocalificarse cono “progresistas”, guardaran silencio cómplice en un tema que no es simplemente contingente sino que compromete el tipo de sociedad que desde ahora estamos construyendo.

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2 Comentarios en ¿Los constructores de Chile?

  1. Excelentes tus comentarios todos Esteban. El control del suelo es ahora casi imposible por la ideología neoliberal imperante aplastante. La propiedad privada esta en la gloria y es “estatizante” pensar en otra cosa. ¿Planificación territorial?? No se concibe, solo se la menciona. ¿Planificación urbana? No es más que un eufemismo, apenas.

  2. Muy certero e irrefutable el comentario. El Estado, a través de los sucesivos gobiernos posteriores a 1973 luego del advenimiento del neo-liberalismo, ha permitido que el (maldito) mercado, genere un descomunal situación caótica en las rutas camineras y en las ciudades. Los planos (des)reguladores aplicados en nuestras principales ciudades, y avivados por los gremios relacionados con las empresas inmobiliarias y constructoras, lo demuestran. Y los colegios profesionales nada dicen.

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