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Emocionar.

Yerko Strika

Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta.

Tomando como base, la teoría de Humberto Maturana, acerca del sistema nervioso central en los seres vivos, que lo define como un sistema autopoiético, es decir que tiene la cualidad de ser un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo, se puede decir que  está en nuestra estructura el conocer desde quienes somos, en tanto seres biológicos.

De este modo, nuestros procesos de aprendizaje, se determinan desde la compleja trama bio-psico-fisiológica contenida en nuestro organismo. Nuestra conformación nos determina a percibir estímulos acotados en ciertos umbrales. Por mucho que se quiera ir más allá de ellos, es estructuralmente inviable. A modo de ejemplo y analizado esto desde los órganos de los sentidos, existe un cuadro clásico que lo ilustra, en los umbrales sensoriales absolutos establecidos con experimentos de laboratorio (Hecht, Schlaer y Pirene 1942; Cronsweet,1970):

Vista Oído Gusto Olfato Tacto
La llama de una vela a una distancia de 27kilómetros El tictac de un reloj de pulsera a una distancia de 6 metros Una cucharadita de azúcar disuelta en 9 litros de agua destilada (1 parte cada 2000) Una gota de perfumeen una casa de tres habitaciones (1 parte cada 500.000.000 El ala de una abeja que cae sobre su mejilla a una distancia de 1centímetro

 

De este modo, la capacidad de percibir está sujeta a la capacidad de nuestros órganos de los sentidos. Hasta ahora, nada nuevo, me dirá usted.

Sin embargo, si seguimos en el mismo paradigma, resulta que nuestras emociones, también están determinados por el cómo procesamos la información. Emocionamos dentro de una estructura biológica, nos alegramos, asustamos, enojamos, apenamos dentro de la carne que habitamos. Así como existen personas con mayor agudeza visual que otras, también hay personas con distinta capacidad para emocionar. Lo que a mí me entristece a mi vecino le puede ser indiferente. Así, aparece una situación  a mi juicio fascinante: Si las emociones son “mías”, yo veo que hago con ellas (lo que afirmo para efectos de este breve artículo y como forma de abrir las posibilidades y miradas respecto del emocionar, sin ahondar en explicaciones).

Desde este punto de vista,  por ejemplo, el sentir amor está dentro de mí y no determinado por un tercero. Es mi amor, soy yo quien lo experimenta. Mis umbrales sensoriales son inundados  por la presencia del otro, pasando al sistema límbico de lleno, “baypaseando” la corteza cerebral, haciendo sentir ese estado tan particular. Pero sigue todo estando dentro de mí.  El que yo me enamore de María, es algo que me pasa a mí, no a Pedro (idealmente).

Ahora vuelvo en tono pregunta ¿Pero, qué pasa si decido poner mis emociones en un espacio virtual? Total son mías, ¿cierto? Esto fue recogido de manera muy dramática y poética por el séptimo arte. En la película “Her” (2014), un sujeto interacciona con un programa a través de una aplicación auditiva. Ella es una voz femenina  muy humana  con quien conversar y compartir la vida, una persona virtual que se convierte en su compañera, de quien finalmente el hombre se enamora. En estricto rigor, esa persona es una máquina, un programa, carece de corporalidad, está contenida en un dispositivo. Sin embrago, es posible proyectar las emociones ahí, ponerlas en una fantasía, como quien pone fichas en la ruleta, en las ansias de ganar.

Con lo anterior, quiero decir y reforzar la idea de que todo pasa en nuestra biología y en lo que decidimos creer, a qué decidimos darle fuerza, dónde elegimos poner nuestras emociones, es una elección. Por mi trabajo, veo habitualmente a personas que se mantienen  por años en una relación tóxica, basada en violencia psicológica, poniendo sus sentimientos en la expectativa de cambio en el otro, ya sea por miedo a quedarse solos, por comodidad material, por dependencia afectiva, baja autoestima, relaciones de poder asimétricas, etc.

En el ejercicio de expandir la consciencia y ser más participes de nuestros procesos -disminuyendo los patrones de conducta automáticos-  aparece conveniente hacer este ejercicio de visualizar las emociones como algo propio, sobre lo cual tengo poder de decisión, pudiendo acoger su aparición con responsabilidad y no dispararlas sobre lo primero que pasa por enfrente, que generalmente es un  otro gratuito y ajeno.

Por último, cito a Echeverría (2005) en orden a dar una aplicación práctica al manejo de las emociones: “El sufrimiento, a diferencia del dolor, surge de las interpretaciones que hacemos sobre lo que nos acontece y, muy particularmente de los juicios en que dichas interpretaciones descansan (…). Modificando los juicios que hago sobre aquello que nos sucede, podemos encontrar un mecanismo efectivo para aliviarnos del sufrimiento”.

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1 Comentario en Emocionar.

  1. fantástico e interesante artículo!
    Podría hacer una segunda parte con mas profundidad respecto del tema, mas amplitud del tema digo yo…
    Sucede que no siempre advertimos sobre los impacto y sobre todo, cómo funcionan nuestra emotividad.

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