Tanta ostentación...tanta ciencia y tecnología, superpotencias, acumulación de riquezas y, un virus, tiene en Jaque a una humanidad y a un modelo económico, que hoy hace agua por todos lados y pide socorro a los estados.
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

¿EVITAREMOS LA CATASTROFE? (I)

Hacia el final del siglo XIX todo indicaba que el mundo se encaminaba hacia una catastrófica conflagración bélica global. Las grandes potencias europeas se enfrentaban de manera creciente en una insaciable competencia imperialista por la adquisición de colonias en ultramar y por quien conquistaba la mayor hegemonía en el propio continente europeo. Las amenazas de guerra y los conflictos efectivos surgían por doquier y la carrera armamentista terrestre y naval se generalizaba. Se imponía a parejas una cultura de creciente nacionalismo, chauvinismo y militarismo; y, a la vez, las élites mundiales disputaban en triunfalismo y en una actitud de total irresponsabilidad frente a los muy probables desastres que traería una gran guerra europea y mundial.

Incluso se generó un creciente movimiento antibélico que se anidó fundamentalmente en las organizaciones sindicales europeas y en los partidos políticos de carácter socialista. Todavía no se bifurcaban los partidos comunistas y los socialdemócratas, lo que sucedió posteriormente del triunfo de la Revolución bolchevique. Hasta se efectuaron congresos internacionales contra la guerra. Sin embargo, la dinámica generada por los imperialismos rivales no pudo ser revertida; y, como es sabido, el mundo cayó en una gran catástrofe bélica. Además, aquello fue seguido por una segunda guerra mundial, más universal, mortal y desastrosa aún; ya que fue combinada con una guerra ideológica entre el comunismo y el fascismo.

Hoy estamos a nivel mundial frente a una nueva catástrofe inminente; la que de hacerse realidad puede llegar a ser muchísimo peor que la de la primera mitad del siglo XX. Se trata del verdadero desastre climático que ya estamos sufriendo, pero que de acuerdo a las previsiones científicas -de no pararlo- puede llegar a destruir virtualmente la civilización humana. Ya vemos como las alzas de temperatura promedio y la enorme y progresiva contaminación atmosférica y del planeta están provocando gigantescos desastres naturales: sequías inéditas; desertificación de regiones enteras; monumentales pérdidas de glaciares y desprendimientos de hielos polares; profusión de tormentas de arenas, de lluvias intensas y granizos, de inundaciones y aluviones, y de huracanes y tornados cada vez mayores; dramáticas disminuciones de bosques y de la cantidad del agua; extrema polución del aire, tierra, ríos, lagos y océanos; extinción de especies animales y vegetales; gran mortandad de ganado; peligrosísima acidificación y aumento del nivel del mar; etc. Y todo esto está llevando ya a numerosas pérdidas de vidas humanas; a la inseguridad creciente de poblaciones; a la necesidad de migraciones masivas por las nuevas situaciones de miseria consiguientes; y al riesgo cada vez mayor que sufren millones de seres humanos que viven en zonas costeras e incluso en islas virtualmente condenadas a desaparecer.

Precisamente, recién se ha dado a conocer el último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, en el que en base a miles de investigaciones oceánicas se concluye que “el derretimiento de los hielos y el aumento del nivel del mar ya son irrefrenables” (El Mostrador, Marco Fajardo; 26-9-2019); y su portavoz, la científica Lisa Speer, señala que “si no cambiamos, podemos enfrentar un futuro apocalíptico”, recalcando que “toda la vida depende del océano, si pierde su capacidad de sostenernos estaremos ‘fritos’” (Ibid.).

Asimismo, se ha dado a conocer el último informe de la Organización Metereológica Mundial (OMM), el que destacó que “el quinquenio 2015-2019 va en camino a convertirse en el más cálido jamás registrado; que la cantidad de hielo que se pierde al año del manto helado de la Antártida se sextuplicó, como mínimo, entre 1979 y 2017; que desde el inicio de la era industrial, la acidez de los océanos ha experimentado un crecimiento general del 26%; y que en 2017 la concentración de CO2 en la atmósfera alcanzó el 146% frente a valores preindustriales (anteriores a 1750)” (El Mostrador, Marco Fajardo; 30-9-2019).

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl